En un día Colombia genera más de 27.700 toneladas de basura, es decir, algo así como el peso de 5.540 elefantes

Un tomate es plantado, cosechado, transportado y vendido en un supermercado, pero se pudre y acaba en la basura. Sin embargo, este no es su final. Es seguido hasta su verdadero destino, entre animales, basura, mujeres y niños, a un lugar llamado la Isla de las flores. En 1989, un documental brasileño le dio la vuelta al mundo por su crítica al sistema capitalista acérrimo. Su nombre es la Isla de las Flores y, de manera sarcástica, evidencia, entre otras cosas, cómo lo que para unos es basura, para otros es lo único que les quita el hambre.

Después de 24 años de que el premiado documenta fuera exhibido, de acuerdo con la FAO, cada año se desperdician 1,3 billones de toneladas de comida. Esta cifra equivale a la producción alimentaria de todo el África subsahariana. Al mismo tiempo, una de cada siete personas del planeta se va a la cama hambrienta y más de 20.000 niños de menos de cinco años mueren de hambre cada día.

Es por esto que el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: ‘Piensa. Aliméntate. Ahorra’, una campaña para de reducir los desechos y las pérdidas de alimentos. De esta manera, se pretende dar a conocer el impacto que tienen las decisiones alimentarias de los seres humanos y concienciar a las personas sobre el hecho de que si se desperdicia comida, significa que todos los recursos empleados para producirla también fueron una perdida.

Así por ejemplo, producir un litro de leche supone gastar 1.000 litros de agua o producir una hamburguesa 16.000 litros. Todas esas emisiones de gas durante el proceso habrán sido en vano.
Esto cobra relevancia si se tiene en cuenta la reflexión que hace Manuel Rodríguez, exministro de medioambiente y profesor titular de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, “el exceso sobre los ecosistemas de la Tierra solo se podrá reducir con la transformación drástica de los patrones de producción y consumo. No es posible erradicar la pobreza, ni detener la destrucción ambiental si simultáneamente no se transforman esos patrones”.

Toda la cadena es responsable

A pesar de que los patrones y forma de consumir son la principal causa en el desecho de alimentos, también es cierto que un mal sistema de empaquetado y la confusión con las fechas de vencimiento de los productos son, de igual forma, causas detrás del derroche.

Así mismo las plagas y condiciones climáticas desfavorables llevan al desecho de cultivos que no cumplen con los estándares del mercado; por otro lado, el precio de los alimentos producidos también influye en tirar o no los alimentos, ya que muchas veces este no alcanza a cubrir los costos de producción.

De acuerdo con Tristam Stuart, representante de la organización Feeding the 5000, "uno de los principales problemas en Latinoamérica son las exigencias europeas. Por ejemplo, en esta región se despilfarran cantidades enormes de plátanos que no cumplen los requisitos de aspecto físico (mismo color, tamaño) impuestos por el mercado europeo".

Por un consumo responsable


Consumir productos locales, orgánicos y de cosecha no es una moda. Llevarse a la boca un trozo de tomate cultivado de manera artesanal contribuye a la salud y a que una familia reciba lo justo por su trabajo. Restaurantes y movimientos que piden remplazar el consumo de carne y aumentar el de frutas y hortalizas empiezan a tomar fuerza. Colombia lo está viendo.

Un día sin carne


Empezar la semana sin consumir carne. Esa es la propuesta de Meatless Monday, movimiento que busca reducir el consumo de carne de res, pollo, pescado y cerdo, por salud pública, pero también por impacto al ambiente. De acuerdo con la Organización de Alimento y Agricultura de la ONU, la industria de la carne genera una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, cálculo que sale de la tala de árboles para criar el ganado.

En Colombia, por ejemplo, se usan tierras fértiles para la ganadería extensiva, que produce 20 kilos de proteína por hectárea, mientras en la agricultura se cuentan más de 80 kilos de proteína en esa misma extensión. En las páginas oficiales del movimiento, que está en 22 países, se presentan centenares de recetas de chefs famosos y de seguidores en las que se usan ingredientes con las mismas propiedades alimenticias de la carne.

Un banco que alimenta


La Fundación Banco de Alimentos recibe alimentos y bienes, los clasifica, almacena y distribuye de madera responsable, eficiente y equitativa a las organizaciones sociales adscritas. Para fortalecer su gestión operativa, el Banco se apoya en la empresa privada, la academia y la comunidad que, al unir esfuerzos, hacen del voluntariado su pilar esencial.

Por medio de una red de más de 766 organizaciones sociales adscritas, el Banco de Alimentos genera los procesos necesarios, garantizando que los alimentos y bienes lleguen a los más necesitados. En 2012, la organización benefició a 73.000 niños, 12.000 jóvenes, 19.000 adultos y 6.000 adultos mayores, logrando así atender a 112.880 personas en Bogotá y los municipios cercanos. Adicionalmente, durante ese mismo año, se favorecieron más de 14.000 familias. Es motivo de satisfacción registrar que a lo largo de su existencia, el Banco de Alimentos ha entregado más de 94.000 toneladas de alimentos.

MundoWok, una apuesta por la pesca sostenible

En el tercer piso del restaurante Wok de la Zona T, en el norte de Bogotá, existe un espacio donde la sostenibilidad está a la orden del día. “MundoWok nace de la esencia del restaurante. En este nuevo espacio investigamos, proponemos, capacitamos y discutimos con nuestros clientes, proveedores, trabajadores, sobre cómo seguir contribuyendo a la sostenibilidad”, explica Federico Bobbio, director del sitio.
Desde sus inicios, hace más de 14 años, los fundadores de Wok se han preocupado por el efecto que causa sobre el medioambiente cada uno de sus platos. Se propusieron reemplazar en su carta todos los ingredientes importados por productos orgánicos producidos artesanalmente en comunidades del país. Recorrieron regiones enteras e hicieron alianzas que hoy llenan sus bodegas. Desde 2008, trabajan con la Fundación MarViva, en Bahía Solano, donde se pescan de manera artesanal los peces que llegan a los platos.




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