Muhammad Yunus.

La ciencia ha cambiado el mundo.  A pesar de esto, a la hora de innovar la ciencia ha tenido que acudir a la imaginación y seguir las vertientes de su  prima lejana: la ciencia ficción, explicó Yunus en la ceremonia de premiación del Foro Mundial Skoll.

Hizo preguntas importantes, otras arriesgadas y reflexionó sobre la necesidad de acudir al material ficcional de la ciencia para ver, en hechos tangibles, los cambios que necesita la sociedad. Pero, ¿qué significa esto? La respuesta que dio no es menos futurista.

Puso sobre la mesa la idea de ‘social fiction’ o ficción social; la mezcla entre ciencia ficción y cambio social.  Aunque suena ingenuo, el término  explica las motivaciones de la innovación social exitosa: visión, ansias de cambiar un problema social y el impulso para  hacer esa visión realidad y resolver el problema a cualquier costo.

Cuando le preguntan cómo llegó a ser lo que es responde “todo empezó con 27 $US”.  A mitad de la década de los setenta Bangladesh  estaba destruida por la pobreza y el hambre y  los microcréditos eran imposibles de conseguir para los habitantes que querían fundar una empresa que,  por lo general, eran estafados si buscaban un prestamista o cuentagotas que les diera dinero rápido.

Viendo esta situación Yunus comenzó a analizar la sociedad y, un día, contó 47 personas en una aldea que necesitaban 27 dólares para salir de la pobreza e hizo el siguiente razonamiento: “puedo prestarles la plata, ellos la devuelven y cuando la devuelvan, son libres de la deuda y de la pobreza. Son libres”. De esta experiencia nació Grameen, el fondo de Muhammad Yunus que, a través de las microfinanzas, ha prestado más de 5 billones de dólares y ha sacado a millones de la pobreza.

Grameen fue posible porque su fundador puso en práctica la ficción social: vio un futuro potencial donde otros solo ven consecuencias trágicas. En el foro Skoll Yunus invitó al público a  crear historias, visiones, de lo que “podría ser” el mundo si los problemas sociales se resolvieran y los animó a imaginar ideas ficticias para resolver esos problemas.  

Al final el mensaje es sencillo: para hacer hay que imaginar y para cambiar la realidad hay que ejecutar lo imaginado.

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