Colombia ha sufrido largos periodos de lluvias y sequías que han ocasionado inundaciones e incendios forestales entre otras catástrofes ambientales.

Las inundaciones en Colombia en 2010, que dejaron 147 personas muertas y 1,5 millones sin hogar, llamaron la atención de los creadores de políticas públicas hacia el cambio climático como nunca antes. El presidente Juan Manuel Santos dijo que jamás habían presenciado una tragedia de esta escala.

Este año, en Norteamérica, una combinación entre una sequía en California y tormentas de nieve severas en la costa este tuvieron el mismo efecto. El secretario de estado, John Kerry, dijo en un poderoso discurso en Yakarta el 16 de febrero: “De alguna manera, el cambio climático se puede considerar el arma de destrucción masiva más grande y aterradora del mundo”.

En el Reino Unido también ha habido inundaciones fuertes a causa del invierno más húmedo de los últimos 100 años y de la peor secuencia de tormentas en dos siglos y medio, en una escala mucho más pequeña que la de Colombia, claro está. El primer ministro, David Cameron, le dijo al parlamento que él tiene altas sospechas de que el cambio climático causó estos eventos extremos. Por su parte, el príncipe Carlos, conocido por ser un activista ambiental de vieja data, ha descrito los escépticos de este fenómeno como: “la brigada de las gallinas sin cabeza”.

Cualquiera pensaría que estos incrédulos se han quedado sin argumentos frente a la combinación de fenómenos tangibles y el alto nivel de involucramiento político que se ha desatado frente a este tema. Esto, sin embargo, no es así. En Estados Unidos nada más ni nada menos que Newt Gingrich le ha pedido a Kerry que renuncie por sus comentarios sobre el cambio climático y sus efectos. En el Reino Unido, el excanciller del Tesoro lord Nigel Lawson ha negado que las inundaciones tengan algo que ver con el clima y ha hecho un llamado para parar la construcción de turbinas de viento en el campo británico.

La realidad es que Gingrich y Lawson no están solos. En Norteamérica, por ejemplo, un informe de opinión pública hecho por la Fundación Pew en enero de 2014 mostró que el cambio climático está clasificado como el antepenúltimo problema menos importante para el presidente del Congreso de este país. En Europa los números son un poco más favorables, pero una encuesta reciente mostró que el 39 por ciento de sus habitantes no cree que las inundaciones hayan sido causadas por razones climáticas.

Los investigadores del fenómeno deben rebatir el argumento de los escépticos que dice que el calentamiento global ha disminuido en los últimos 15 años y, más aún, que en el largo plazo, éste no es una amenaza.

La evidencia científica de que esto no es cierto quedó recogida en el último reporte del Panel Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC), publicado en enero de 2014. Más de 850 autores contribuyeron a este informe, y sus conclusiones no son ambiguas:

·    “El calentamiento del clima es inequívoco... Las últimas tres décadas han sido cada vez más calurosas en la superficie de la Tierra, que cualquier otro momento desde 1850. Si se combina la temperatura de la superficie de los océanos y el suelo terrestre es evidente que la temperatura ha subido 0,85°C durante el período comprendido entre 1880 y 2012.
·    El calentamiento de los océanos equivale al 90 por ciento de la energía acumulada entre 1971 y 2010.
·    El paso al que ha aumentado el nivel del mar desde mediados del siglo XIX ha sido mayor que la tasa media de los últimos dos milenios. Durante el período comprendido entre los años 1901 y 2010, la tasa media de crecimiento del nivel del mar fue de 0,19 metros.
·    Finalmente, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso han aumentado hasta llegar a niveles nunca antes vistos en los últimos 800.000 años. Las concentraciones de dióxido de carbono han crecido en 40 por ciento desde la era preindustrial, lo que se debe, primero, a las emisiones fósiles, y en segundo lugar al cambio de las emisiones netas de carbono producidas por el cambio del uso del suelo.

Nuevas investigaciones muestran una conexión sólida entre el cambio climático y ciertos eventos extremos de los últimos años. Como ha dicho Julia Slingo, científica jefe de la oficina metereológica del Reino Unido, “toda la evidencia sugiere que hay una relación entre estos eventos y el cambio climático”. Esta misma oficina también ha afirmado que no es cierto que la pausa en el calentamiento global quiera decir que el cambio climático no va a suceder en el largo plazo. Así mismo, investigadores de Australia y Estados Unidos han demostrado que esta pausa se puede deber al cambio de vientos en el Océano Pacífico.

¿Están convencidos? Yo sí. ¿Por qué no lo están los incrédulos del cambio climático, sin importar si están en posiciones de liderazgo o no? ¿Son todos esos escépticos “gallinas sin cabeza”?

En caso de que queden algunos escépticos, sin embargo, podemos atraer más personas hacia nuestro lado en esta discusión, a través de tres puntos:

Primero, asegurándonos de que el análisis de los impactos es tan fuerte como el análisis de la física. El IPCC está tomando cartas en este asunto y va a publicar informes sobre los impactos del cambio climático en 2014 que deben concluir con el resumen ejecutivo en octubre. Los costos directos e indirectos de las sequías y las inundaciones estarán en esos documentos, así como los impactos a largo plazo en temas como salud y economía. Latinoamérica, sin lugar a dudas, estará entre los más afectados, como ya lo ha dicho el IPCC. Recuerden el hallazgo clave del reporte Stern, en 2006, sobre las economías del cambio climático, donde afirma que este fenómeno podría llegar a costar el 5 por ciento del PIB total de todos los países del mundo. Eso suma un aproximado de 3,6 billones de dólares por año o 500 dólares por cada hombre, mujer y niño del planeta, cada año.

Segundo, hay que encontrar mejores maneras de explicar y convencer a los incrédulos de que este es un problema real: no solo con números y gráficas, sino con imágenes e historias humanas  que  sean de interés para cualquiera. No por nada el oso polar es el niño consentido del movimiento ambiental. ¿Cuál es el equivalente en Colombia?, me pregunto. ¿Tal vez el tucán? O mejor el oso de anteojos, símbolo de los Parques Nacionales Naturales del país.

Tercero, necesitamos encontrar el lado positivo de estas nubes de lluvia, creando no solo un mensaje negativo de catástrofe inminente, sino una visión económica positiva de transformación.  Habrá nuevos empleos en la economía verde una mejor vida para todos. Imaginen un mundo, por ejemplo, con menos  tráfico y menos aire contaminado.

¿Y si estas tres estrategias no son suficientes para convencer a los escépticos, sobre todo a aquellos con posiciones de liderazgo? Bueno, entonces  tal vez el mejor lugar para ellos, las gallinas sin cabeza,  sea encerrarlos en  el gallinero.


*Director ejecutivo de CDKN Mundo.


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