Fernando Trujillo ayudó a crear la Fundación Omacha en 1993 para promover la conservación de especies y ecosistemas fluviales de Colombia. Entre ellas, una de las más carismáticas es el delfín rosado. La aparente sonrisa y la inteligencia de este animal lo llevó a gozar de enorme simpatía entre las personas. En Brasil y Perú, sin embargo, es objeto de intensa cacería no por su comercialización directa, sino por su uso como carnada para pescar mota, un pez que en muchas regiones se vende como el viudo de capaz. La gravedad de la situación yace no solo en la cacería de delfín, sino en que la mota es un pez carroñero altamente contaminado con mercurio.

Trujillo es biólogo marino. Al graduarse de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, a sus 20 años, tuvo el privilegio de escuchar a Jacques Cousteau hablar de estos mamíferos acuáticos. Para el joven biólogo el consejo de la leyenda de la biología y la exploración fue determinante. Tanto, que acabó dedicado a la búsqueda y protección de los delfines de río. Llegó al Amazonas en un avión de carga y en una balsa inflable recorrió sus afluentes en busca de delfines. Lo empezaron a llamar Omacha, que significa “hombre delfín”. Decidió llamar así la fundación, que se instaló en sus inicios en Puerto Nariño y que hasta hoy lidera la protección de nuestras especies fluviales amazónicas.

En los últimos meses, Fernando Trujillo y Omacha se han enfocado en convencer al gobierno colombiano de prohibir la comercialización del pez mota, empezando por ofrecer evidencia sólida de sus niveles de mercurio e identificar y proponer alternativas de subsistencia para quienes dependen de su pesca.

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