La isla colombiana de Gorgona fue declarada Parque Nacional Natural en 1984. (Foto de Patrick del Castillo, PNN)

Por: María Luzdary Ayala V. / Mongabay Latam.

La paradisiaca Isla Gorgona, ubicada frente a las costas del departamento del Cauca y desde donde cada año, entre agosto y octubre, se puede apreciar uno de los más fascinantes espectáculos naturales que ofrecen las ballenas jorobadas, se mueve hoy entre dos fuertes corrientes de opinión debido al proyecto de la Armada Nacional para construir una estación de guardacostas.

La indignación de los ambientalistas por la proyectada intervención a esta isla -que junto con Gorgonilla forman el Parque Nacional Natural Gorgona- es tan profunda como la de los miembros de la Armada de Colombia ante la reacción de los primeros. Voceros de ambos sectores expresan con vehemencia sus argumentos en contra y a favor de esta iniciativa que ya cuenta con licencia oficial, según Resolución 1730 de diciembre 15 de 2015 de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA). Si bien el proyecto no ha sido iniciado, la Armada tiene elaborado su plan de ejecución.

La citada norma establece que la construcción de la estación en esta área -a la que los ecoturistas viajan para practicar actividades como buceo, snorkeling o careteo, senderismo y avistamiento de aves- se compone de dos niveles en los cuales habrá cuatro habitaciones para 12 oficiales y suboficiales, y un alojamiento tipo barraca (depósito) para alojar a 16 infantes, con sus respectivas baterías de baños.

En la licencia también se establece que en Gorgona, a donde se llega en lancha desde el municipio de Guapi (hora y media) o desde el Puerto de Buenaventura (cuatro horas), se construirá un muelle conformado por una plataforma de 163 metros de largo por 2,5 metros de ancho y una torre en estructura metálica de 55 metros de altura, que soportará un radar banda X que transmite en 9,140 GHZ con potencia de 200 vatios.

Severos impactos ambientales

Los primeros en pronunciarse frente a esta intervención fueron los académicos y los ambientalistas, quienes precisamente lograron abrirle paso a la declaratoria de parque nacional natural, luego de haberse cerrado la prisión que operó en el lugar para los reclusos más peligrosos.

En una carta enviada al presidente de la República, Juan Manuel Santos, la Academia de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales (ACCEFYN) pidió de manera categórica la suspensión de la obra.

Las obras previstas, según expresa categóricamente, “ejercen muy severos impactos ambientales a estos ecosistemas únicos y la realización de actividades que legalmente no pueden ser realizadas en los parques nacionales naturales”.

Según lo recuerda el biólogo Jesús Orlando Rangel, del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, aves, pequeños y medianos roedores, serpientes y lagartos fueron muy afectados por la intromisión de especies domésticas que diezmaron las poblaciones en la época en que operó allí la prisión de alta seguridad, entre 1959 y 1984.

La tala de especies maderables también redujo las poblaciones naturales. “La construcción de zonas de habitación, adecuación de caminos para el tránsito y la ampliación de los corredores antiguos para llevar suministros tendrán efectos fuertes sobre el sistema terrestre y sobre componentes importantes en las aguas dulces de la isla y en el medio marino. Si se vuelve a intervenir la isla es bastante posible que se llegue a niveles de no retorno y la recuperación entonces sea imposible”, comentó el académico.

El también biólogo Gonzalo Andrade, miembro de número de la Academia -es decir, asociado por trayectoria-  recordó que en el congreso mundial de áreas protegidas que se llevó a cabo en Sídney (Australia), del 12 al 19 de noviembre del 2014, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) declaró dentro de las listas verdes de áreas protegidas a los parques naturales de Gorgona, Galeras y Tuparro. Tales listas verdes parten de una iniciativa de esta organización en 2008 para evaluar y reconocer el éxito alcanzado en el manejo eficiente de áreas protegidas según estándares internacionales.

En julio, estas certificaciones fueron ratificadas por dos años más, lo que implica que estas son las que más estrategias de conservación están cumpliendo en el momento.

El profesor Andrade considera que para ejercer vigilancia y control no es necesario construir una estación que pueda deteriorar ecosistemas que permanecen intactos, por lo cual fue enfático en la necesidad de buscar otros mecanismos.

La Armada Nacional, por su parte, asegura  que el desarrollo y diseño de la construcción de la estación está  previsto para generar el menor impacto ambiental bajo estrictas condiciones de seguridad y planes de mitigación. “Ha habido mucha desinformación sobre el tema”, señala evidentemente contrariado el Secretario Ejecutivo de la Comisión Colombiana del Océano (CCO), contraalmirante Juan  Manuel Soltau Ospina, en diálogo con Mongabay Latam.

Para el directivo de la CCO, la seguridad en el Pacífico es una tarea constitucional que cumple la Armada y que hace apremiante contar con una estación. En tal sentido, recuerda que la licencia se venía tramitando desde hace seis años, pues a la entidad le corresponde ejercer funciones de control y vigilancia en materia ambiental y de los recursos naturales en los mares y zonas costeras, así como la vigilancia, seguimiento y evaluación de los fenómenos de contaminación o alteración del medio marino.

De hecho, en un balance de los últimos 10 años, la institución destaca “la incautación de 119 toneladas de pesca ilegal, el rescate de 1.235 personas, 73 animales recuperados, 42.000 metros de madera decomisada, 276 toneladas de cocaína y 36 toneladas de marihuana”.

Durante una reunión sostenida con ACCEFYN, Parques Nacionales Naturales de Colombia y miembros de la Armada a raíz del pronunciamiento de los académicos, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo, sostuvo que no se van a afectar las actividades de investigación científica ni de ecoturismo. “Por el contrario, lo que buscamos es proteger los ecosistemas, evitar el tráfico de estupefacientes y la presencia de grupos armados al margen de la la ley”.

Manejo ambiental

La directora de Parques Nacionales Naturales (PNN), Julia Miranda, también fue consultada minutos antes de reunirse con la comunidad científica, y explicó los alcances de esta iniciativa, que contó con el aval de la institución a su cargo. “Se buscó generar el menor impacto posible, la infraestructura no es mucha y se escogió un sitio que ya había sido intervenido, como era la cancha de fútbol que funcionaba en la época de la prisión”, comentó.

La funcionaria advierte que el proyecto presentado por la Armada no es nuevo y surtió todo el trámite para su aprobación, que incluye el plan de manejo ambiental.

Durante la socialización del proyecto con los académicos expertos en temas ambientales, la Armada Nacional también aseguró que el muelle y la edificación serán prefabricados y se ensamblarán posteriormente en los lugares autorizados.

En este espacio, los voceros de la institución acordaron realizar reuniones periódicas con el fin de verificar los resultados de los monitoreos y estudios previos a la construcción.

Riqueza de flora y fauna

No obstante, ni el control ni la seguridad en la zona ni todas las acciones previstas para compensar el impacto ambiental convencen a los expertos académicos. Cualquier tipo de infraestructura es borrar el camino recorrido en la restauración de esta reserva, según el biólogo Jesús Orlando Rangel, recientemente reconocido como investigador emérito por Colciencias y uno los académicos que se opone rotundamente a cualquier intervención de la naturaleza de una estación de guardacostas.

El experto menciona que el capital natural de Gorgona en las 1568 hectáreas de parte continental está representado en 155 especies de aves, 35 de reptiles, siete de anfibios y 17 de mamíferos. En relación con la riqueza vegetal, se registran 430 especies de plantas con flores, 4% endémicas, es decir, propias de la región; 74 de helechos y 89 de briofitos.

En cuanto a sus cerca de 60 400 hectáreas marinas, que constituyen el 97% del área de la isla, se encuentra uno de los arrecifes coralinos más extensos del Pacífico colombiano oriental tropical. Allí se han identificado 381 especies de peces marinos, 11 de ballenas y delfines, y cuatro de leones marinos, según PNN.

Precisamente su amplia biodiversidad, que en concepto del profesor Rangel es susceptible al deterioro en un 85% de su totalidad, ofrece mucha información para los investigadores de ecosistemas, por lo cual es considerada la Isla Ciencia, según lo destaca Parques Nacionales Naturales.

Por lo pronto, no se conoce con precisión si el proyecto será replanteado, pues el propósito de la Armada es continuar con las obras previstas. Los ambientalistas, entre tanto, mantienen su posición crítica. Tal es el caso del primer Ministro de Medio Ambiente colombiano, Manuel Rodríguez Becerra, quien en una de sus últimas columnas de opinión  en el periódico El Tiempo  sostiene que en la misma licencia entregada a la Armada  se reconoce el daño de la obra, pues allí se contempla compensar las pérdidas de biodiversidad que esta generaría, “una situación del todo inaceptable”.

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