Tras las revoluciones y después de haber estado inaccesible durante años, el Parque Nacional de Bou Hedma abre lentamente en Túnez para los turistas. Los gatos monteses, los antílopes y muchas aves se encuentran aquí en casa. (Foto: Hans Pohl)
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DW

Para la mayoría es conocido cómo surgieron las revoluciones de la “primavera árabe”. El joven tunecino de 26 años de edad y vendedor de verduras, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego a sí mismo en diciembre de 2010 frente al edificio del gobierno en protesta por el acoso policial y la indiferencia de los organismos oficiales a los que se había quejado anteriormente. Lo que siguió fue una ola de protestas en todo el norte de África y de Oriente Medio.

Sin embargo, surge una segunda revolución, aunque menos conocida y dramática. Pocos días después de la dimisión del presidente de Túnez, en enero de 2011, los residentes destruyeron las vallas que rodeaban los dos parques nacionales de Bou-Hedma, en el centro de Túnez, e Ichkeul, en la costa norte. Como consecuencia, los pastores pudieron conducir a sus rebaños a la zona protegida y dejarlos pastar allí.

"No se trataba de ataques", afirma Maher Mahjoub, coordinador del programa para el Norte de África en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). "No se trataba de destruir la naturaleza o de influir negativamente en el medio ambiente. Más bien, querían dejar claro que no estaban satisfechos con la actuación del gobierno en cuanto a la protección del medio ambiente ."

Tanto Bou-Hedma como Ichkeul son territorios importantes con una alta biodiversidad en la región mediterránea. En ambos parques crecen más de 500 especies de plantas e Ichkeul, además de ello, hospeda a más de 200 especies de animales.

Recuperar recursos nacionales

Ambas zonas fueron nombradas Parques Nacionales en 1980. Pero la gestión del gobierno dejó mucho que desear: "podíamos ir allí pero no entrar", critica Jörg Freyhof, Director General de la Red de Observaciones de la Biodiversidad de GEO en Leipzig, quien visitó el Parque Bou-Hedma en 2010.

"Para solicitar una entrada de admisión al parque, había que pasar antes por la oficina de turismo ecológico de Túnez, que está a unas cinco horas en coche de allí. Después se podía visitar el parque escoltado. Era extraño crear un parque, que en realidad nadie podía visitar. Y al mismo tiempo, dirigir toda la financiación a la oficina de turismo en lugar de utilizarla para la protección del parque. "

El parque no sólo era de difícil acceso, sino que la gente local también se sintió excluida de las negociaciones, que tuvieron lugar hace 20 años para decidir sobre su origen.

Las decisiones se tomaron con hechos concluyentes y los lugareños tuvieron que aceptar las nuevas condiciones: "las áreas protegidas incluyen gran parte de las tierras de pastoreo, que hasta entonces habían sido utilizadas por la población local", cuenta Mahjoub. "Después de la revolución algunos de ellos se colaron en los parques para dejar claro que la tierra les pertenecía originalmente." No sólo exigían un cambio de régimen, sino también un cambio en la forma en la que se debía lidiar con ellos y "sus" recursos.

Ichkeul es el único lago que permanece de una cadena de lagos que en el pasado se extendían por el norte de África. Las organizaciones cívicas cooperan con el gobierno y las organizaciones internacionales para mantener la rica biodiversidad de este lugar.

Logros ambientales desde el compromiso social

La revolución ha fomentado el reclamo de una mayor participación por parte de la gente, tanto en temas políticos como ambientales, señala Mahjoub. Y de hecho, de la reivindicación ha surgido una participación: desde enero de 2011 se han creado 370 organizaciones no gubernamentales en el sector del medio ambiente. "Vemos esta nueva era en la que no es la administración pública, la que impulsa los proyectos sino los ciudadanos, quienes crean organizaciones, que son más flexibles y están más cerca de los acontecimientos.”

Tres años es poco tiempo en temas de medio ambiente. Por lo tanto, es difícil predecir aún si la participación de los ciudadanos desembocará a largo plazo en una mayor protección de la naturaleza.

Pero existen primeros pequeños éxitos, según Mahjoub, que no se limitan sólo a Túnez, como por ejemplo, una mayor cooperación en la recopilación de datos, tales como la observación de aves migratorias en Argelia o Marruecos, o la exploración de las regiones pantanosas.

"Creo que ahora tenemos una idea más clara y más actual de lo que pasa con el medio ambiente en nuestros países", dice. “Lo que están haciendo las organizaciones es muy útil. Sin ellas, muchos de los datos no estarían disponibles ."

Incluso los políticos tunecinos se han hecho eco del tema, lo que, entre otras cosas, se puede apreciar en el último "Plan Estratégico para el Desarrollo y Gestión Sostenible de los bosques y pastizales." En él, se hace hincapié sobre la importancia del componente social en la protección del medio ambiente.

Túnez - una historia de éxito en solitario

Hasta cierto punto esto puede haber funcionado en Túnez. Sin embargo, cualquiera que haya seguido los acontecimientos de la “primavera árabe” sabe que Túnez es más bien la excepción. En otros lugares, como en Egipto, la revolución no ha transcurrido de forma tan pacífica. Todavía en noviembre de 2014 se manifestaban más de mil personas por las calles para protestar contra el indulto del ex presidente Hosni Mubarak.

"En toda sociedad donde reina la inestabilidad política, se puede olvidar la protección del medio ambiente", señala Mostafa Fouda, asesor del Ministerio de Medio Ambiente de Egipto. Se refiere a la matanza masiva de aves, unos 140 millones, que cada año vienen a hibernar desde Europa a África; y que son capturados cada otoño en Egipto con grandes redes de pesca para después ser vendidos en los mercados. Los esfuerzos para detener esta práctica se perdieron de vista por completo durante las protestas.

Eso que las preocupaciones ambientales fueron originalmente uno de los motivos de las protestas de El Cairo en 2011. Entonces los manifestantes se mostraban indignados por la forma en la que el gobierno egipcio dejaba secar los recursos naturales del país y criticaban el uso generalizado de pesticidas y fertilizantes cancerígenos.

Sin embargo, todo proyecto ambiental necesita fondos y la revolución también había dejado secar este flujo monetario.

"Las donaciones provienen del gobierno o de organismos internacionales. Los gobiernos tienen menos recursos disponibles para la protección del medio ambiente, ya que una gran parte vuela en el apaciguamiento de los conflictos", cuenta Diane Klaimi, jefa de la Oficina Regional de Asia Occidental del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

"Sé que Egipto ha aplazado un proyecto en el que se trataba de estudiar el manejo de los organismos modificados genéticamente, que también es algo que afecta a la biodiversidad. La construcción de los laboratorios se ha pospuesto debido a la revolución ."

Ciudadanos más sensibilizados y activos gracias a las redes sociales

En la lucha por un futuro mejor, muchos tunecinos han incluido cuestiones ambientales en sus demandas de cambio social. En otros países, sin embargo, la revolución ha evolucionado hacia un proceso lento y sangriento. Las cuestiones medioambientales se quedaban por el camino ya que los países tenían que hacer frente a problemas más serios. En Libia, por ejemplo, no ha sucedido "absolutamente nada” en términos de protección del medio ambiente, cuenta Klaimi.

Los proyectos transfronterizos son más difíciles de coordinar desde la revolución, ya que las alianzas y las diferencias existentes entre los países se han convertido en un obstáculo. "Ir, por ejemplo, a Dubai, es ahora más difícil para sirios, egipcios y libios, incluso para los cooperantes y voluntarios humanitarios, así como para los miembros del gobierno", dice Klaimi. "Su participación en talleres, reuniones y conferencias ha disminuido igualmente”, añade.

Sin embargo, Klaimi ha observado que mientras que la comunicación directa se ha complicado por la revolución, la coordinación virtual es ahora más fácil. El auge de las redes sociales durante la “primavera árabe” ha sensibilizado a la opinión pública, que es ahora más activa en los debates sobre biodiversidad y sostenibilidad.

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