Brigitte Baptiste, directora Instituto Humboldt

La corporación Ambiental Prensa Verde habló con Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander von Humboldt sobre lo sucedido en Casanare, y compartió su impresiones con Semana Sostenible. Aquí la entrevista.

Después de la presentación de las primeras imágenes de animales agonizantes, la paz de Ariporo se interrumpió y, como suele suceder, este municipio se convirtió en el centro de atención nacional.

Con la declaratoria de calamidad llegaron recursos por más de mil millones de pesos destinados a desarrollar un plan de choque por un término de 15 días. Mientras retorna la lluvia, 351 ciudadanos de diferentes instituciones de socorro hacen limpieza de la zona, abren 15 pozos profundos, amplían la capacidad de embalses y abastecen abrevaderos con 52 carrotanques. A la zona fueron enviadas más de 20 toneladas de complemento nutricional y concentrado que también será suministrado a los chigüiros.

Ante este panorama, Prensa Verde conversó con Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt para conocer los factores ecológicos que están detrás de esta ‘atipicidad’ como algunos expertos han denominado el suceso. Ella, desde 2004 ha tenido como centro de investigaciones las sabanas inundables que van desde Casanare hasta Guayana y ha recorrido puntos estratégicos para estudiar su biodiversidad, geografía, ecología y transformaciones.

Prensa Verde: ¿De dónde llega el agua que va al llano?

Brigitte Baptiste: Hay dos zonas de recarga, la zona andina o de la cordillera Oriental a través de los ríos grandes y del corredor de páramos andino Cocuy-Pisba-Tota hasta Chingaza, con sus bosques de niebla, una zona bastante deforestada. Y el piedemonte, sistema de mesetas y terrazas con bosques de ladera que se encuentran al bajar la cordillera. Allí hay una biodiversidad única. Es una franja que va desde Barranca de Upía, por el río Upía hasta Paz de Ariporo, en la vía a Arauca. Allí se recarga una gran cantidad del agua que le entra al llano, a través de cientos de quebradas, muchas de ellas afectadas por la contaminación.

P.V.: ¿Cómo describe las sabanas inundables?

B.B.: Son praderas encharcables por efecto de la lluvia lo que les da un carácter único en el mundo. Con más de 1,5 millones de hectáreas, son una franja que está siendo progresivamente ocupada de occidente a oriente, primero por arroceras y palmeras y luego, más arroceras. El petróleo si está regado por todas partes.

P.V.: ¿Cuál es la dinámica del agua en estas sabanas?

B.B.: Como el agua lluvia no tiene nutrientes, lo que se forman son charcos de agua muy limpia donde la materia orgánica y el pasto que se descompone genera la base de la cadena trófica, es decir el ciclo de vida de muchas especies. Allí está el hábitat de miles de invertebrados porque es como un caldo de cultivo, que da el calor y esa agua de buena calidad. Esto hace que haya una riqueza gigantesca de peces, anfibios, tortugas, aves acuáticas, semiacuáticas y mamíferos como el chigüiro. Ese llano es un llano anfibio que durante seis a ocho meses al año, dependiendo el relieve, permanece como un gran pantano. Es en ese gran caudal de agua que se mueven los animales. A partir de noviembre deja de llover para dar entrada a la época seca en la que todo lo que hay ahí se muere o tiene adaptaciones biológicas hasta la siguiente estación.

P.V.: ¿Cómo en los documentales de la sabana africana…?


B.B.: Tal como ocurre en la sabana africana de cuyo funcionamiento sabemos más que del de nuestro llano. Si miramos la latitud son las sabanas al norte del Ecuador, antes de entrar al Sahara, Nigeria, Costa de Marfil, norte de Sudán y Kenia. Si se sigue en ese cinturón ecuatorial se repite este fenómeno en Australia y en sur de la India, donde se registran sequías aún más extremas por su clima monzónico.

P.V.: ¿Qué pasa con las sabanas inundables en la temporada seca?

B.B.: En Colombia nos aterramos ahora de que en época seca se acabe el pasto, se mueran los peces y las tortugas. Pero es que se mueren los especímenes viejos y los jóvenes se salvan porque se entierran en el barro, lo mismo que las tortugas y los sapos. La gente que no conoce esas dinámicas, los saca y los mata porque estas especies están hibernando y justamente han disminuido su metabolismo para ahorrar energía. Por ejemplo, los peces, ponen huevos o se escapan por los caños antes de que empiece la sequía, si no alcanzan, son comidos por los pájaros. Es toda una ecología, una fauna silvestre adaptada a ese ciclo natural que no hemos estudiado bien y que viene de por lo menos unos 10 mil años atrás, después de la última glaciación.

P.V.: ¿Cuál es la función de los caños?

B.B.: Aparte de la sabana que se inunda, en el llano también hay caños que presentan bosques de galería (en sus riberas). ¿Por qué hay bosque? porque ahí se acumulan los nutrientes que el agua arrastra logrando más fertilidad en la época de inundación. El caño es una zona de 1 a 5 metros de profundidad, y por ahí corre el agua. Son sitios oscuros y fríos, y cuando afuera la temperatura alcanza los 40 grados, así no tengan agua, se convierten en un albergue para mucha fauna que tiene adaptaciones ya sea para vivir sin oxígeno, sin nutrientes o sin comer en toda la temporada. Ahí por ejemplo se encuentran los temblones (peces que emiten descargas eléctricas).

P.V.: ¿Qué tan vulnerables son entonces las sabanas inundables?

B.B.: Son muy vulnerables al cambio climático pero al mismo tiempo son muy resilientes porque las adaptaciones por ejemplo de su fauna, son muy marcadas. Las especies de las sabanas del Casanare tienen increíbles estrategias adaptativas y así son, muy diferentes a las del Meta, aunque las dos áreas compartan las mismas especies, todos los territorios son distintos.

P.V.: ¿Cómo es el ciclo de los chigüiros durante esta época seca?

B.B.: Estos roedores se meten a los bosques de galería donde buscan la sombra y se quedan completamente quietos hasta que llueva, para no deshidratarse, no gastar energía y no arriesgarse a los depredadores. Ellos tienen jerarquías, territorios y un comportamiento social especial de manada. En esta época seca mueren los animales viejos, es decir los de más de tres años. Hay épocas en que muere la tercera parte de la población, otras el 10 por ciento y en algunos casos, solo el 1 o 2 por ciento, los muy viejos. Así funciona. Luego, cuando empieza a llover tienen sus crías, de 2 a 6 y hasta 8, dicen algunos. Pero si la mitad de la población tiene dos crías, de un año a otro se recupera.

P.V.: Hablemos de la sobrepoblación y caza de chigüiros

B.B.: Durante décadas los ganaderos cazaban chigüiros por decenas, por miles. Buscaban a los más viejos, gordos y grandes. Esa carne se salaba y secaba para ser enviada  a Venezuela, porque en Colombia no se consume esta carne. Llevaban como unos 15 mil chigüiros. Los mataban en noviembre, diciembre y enero, cuando la sabana se empezaba a secar y los escogían cuando los chigüiros viejos estaban débiles, agrupados y aún tenían grasa en el cuerpo. Toda la vida ha pasado esto con licencia o sin licencia. En 2006, el Instituto Humboldt hizo un censo de chigüiros y se trabajó con dueños de hato sobre un modelo de ‘rancheo’ en el cual se autorizaba una cuota de extracción, basada en un mecanismo de monitoreo y una licencia. El Ministerio de Ambiente y la Corporación lo aceptaron así.

De eso quedan organizaciones como la Asociación de Chigüireros de Paz de Ariporo (Asochipa), la Asociación de Asochico de Hato Corozal y otras como Asopore. El Ministerio les dio la licencia y cosecharon la carne para mandarla en camiones refrigerados a Venezuela, pero cuando ya iban en camino, al llegar a El Yopal, el ICA los detuvo para exigir papeles sanitarios. Como no los tenían decomisaron la carga y se perdieron 100 toneladas o más de carne. Ante esto, las agremiaciones no volvieron a sentarse a la mesa.

P.V.: ¿En qué quedó este tema?

B.B.: Se les faltó a la palabra y ya no pueden cazar los chigüiros porque se embolataron las normas técnicas, desde hace cinco años. Lo cierto es que el tema del comercio legal de carne de chigüiros está bloqueado. La piel de este animal vale muchísimo, es uno de los renglones más importantes de talabartería en Argentina, allá se llama el carpincho. Es un cuero de muy buena calidad, es un recurso local. Ahora que estuve en Casanare muchos de me dijeron que ojalá volviéramos a trabajar en ese asunto.

P.V.: ¿Tal y como ocurre en la sabana africana, esta sequía es una especie de selección natural?

B.B.: Totalmente. Hemos visto los animalitos muriéndose, el país no lo había visto de esta manera pero así ocurre. Empíricamente uno cuenta los animales y las cifras de las que se habla, no dan. Hasta que haya un informe serio de la Corporación no se puede indicar un número de animales muertos. Además, desde el helicóptero se ven muchas manadas sanas caminando por los caños y esperando debajo de los árboles.

P.V.: Hubo sorpresa cuando usted dijo que este caso no fue causado por las petroleras…

B.B.: El fenómeno ocurrió en un área muy restringida. Coincidió la sequía pluvial en una zona que no llueve en un tiempo justo y en el punto más vulnerable del territorio por la condición natural de suelo. La pregunta es ¿por qué coincide siempre esa falta de lluvia en donde están los chigüiros? No estoy defendiendo a las petroleras. El Instituto realiza unos trabajos cerca a esta zona y allí hay por ejemplo hay un desierto que aún no sabemos por qué se formó, eso es todo un debate.

P.V.: ¿La sísmica está bajando la capacidad de retención de agua en el suelo?

B.B.: El argumento de la gente es que que el suelo no fue capaz de retener agua porque las petroleras dañaron el drenaje natural. Es una buena hipótesis científica. Pero si en 10 mil años el sistema ha venido comportándose así qué podemos decir. Igualmente, si la gente percibe un problema hay que abordarlo, porque los ganaderos dicen que el agua se profundiza por la sísmica. Tiene sentido que si el suelo se cimbra, el agua se va por las grietas, pero esto no se ha comprobado. Es un argumento de todo el piedemonte de Colombia y es imprescindible hacer los estudios para saber si la sísmica tiene un impacto negativo. Las petroleras deben demostrar que su actividad no genera daños, pero si ellos lo hacen la comunidad dice que nos les cree, entonces lo debe hacer el Servicio Geológico Nacional y la Universidad Nacional. Esto es necesario porque uno de los grandes vacíos de conocimiento está en el comportamiento subterráneo del agua en toda Colombia. A eso hay que gastarle plata, mucha plata, son estudios extremadamente costosos, pero se trata del agua y es urgente hacerlos.

P.V.: ¿Otro punto es el efecto de la red vial sobre la sabana?

B.B.: Este tema asociado con el agua es mucho más delicado. Es toda la construcción de infraestructura vial por encima de la sabana inundable, el sistema de terraplenes, vías elevadas por donde transitan carrotanques, retroexcavadores, buldóceres o tractomulas, que las petroleras han construido por décadas para llegar a los pozos, mover materiales de construcción y tuberías. La gran mayoría de esa infraestructura la han hecho a pedido de los agricultores y los pobladores locales, que ven en ella comunicación y caminos que de otra manera nadie construiría. Toda esa infraestructura está interrumpiendo el movimiento del agua superficial, eso me parece grave.

P.V.: Qué da origen a la convivencia de la fauna en las charcas…

B.B.: A veces las transformaciones humanas son benéficas. La gente ha profundizado los esteros, las zonas más permanentes de agua, para retenerla. Todo el mundo lo ha hecho. Y es lo que están pidiendo ahora, pero ¿qué pasa con esas obras? Se llenan de fauna silvestre y por esos los ganaderos pelean con los especímenes silvestres que aparecen en su finca. Vienen los conflictos, matan a los chigüiros y se quejan de que las babillas y serpientes muerden a las vacas, etc.

También, cuando la maquinaria que hace las vías y retira material, deja huecos en forma de piscinas llamados ‘préstamos’. En octubre se transforman en acuarios, florecen, se llenan de pescados de colores y tortugas, pero como no fueron construidos para la fauna silvestre, cuando llega la sequía esos sitios se secan y todo lo que está ahí se muere… aquí es donde la intervención humana genera hábitat favorable a la fauna. Eso en el caso de los chigüiros deja superpoblación.

P.V.: Como en la época de las tomas guerrilleras, ¿ahora estamos conociendo el país a punta de eventos ambientales como este?


B.B.: Este año descubrimos el Casanare y me alegra que los colombianos lo hayan hecho para que se den cuenta lo qué significa tener un ecosistema como los llanos. Nos falta alfabetización ecológica, conocer el mínimo de esos grandes ecosistemas y su funcionamiento.

P.V.: Que le dice a las voces que desde muchos frentes polemizan y buscan culpables

B.B.: Los chigüiros no están en peligro de extinción, ni siquiera están amenazados, no aparecen en la Lista Roja, no se van a extinguir. No hay razón para temer por eso porque es un roedor de alta reproducción y si no lo cosechamos como estaba ocurriendo, viene el verano y colapsa, porque no hay comida para tanta población. Hay animalistas con visión urbana quienes en la vida han visto un chigüiro y también desconocen el funcionamiento ecológico de las sabanas inundables. Muchos me han llamado a decir hagamos algo! Yo les digo que si quieren hacer algo vayan primero a conocer el llano y sus ecosistemas. Para la gente en este momento la forma como opera la biodiversidad es toda una sorpresa porque sus referentes de naturaleza han sido televisivos. En conclusión, no hay que adjudicar culpables a la ligera.

P.V.: Si lo ocurrido obedece a una causa natural ¿qué nos espera a futuro?

B.B.: Llama la atención que si esto se arma por un fenómeno de sequía, no se pueden imaginar lo que será en  10 años el efecto del cambio climático a una escala macro. ¿Quién será el malo? Ahí hay 500 licencias ambientales para investigar ¿Quién esta ordenando el territorio?

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