Luz Helena Sarmiento

La ex funcionaria explica en un documento por qué los retrasos en la Ruta del Sol y el Túnel de la Línea no son culpa del medio ambiente. 
 
"Por ser la más reciente exministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y por haber sido la primera directora de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), me había prometido no opinar sobre las recientes controversias ambientales. Pero ante tanto que se ha opinado últimamente  sobre los ambientalistas, los desarrollistas extremos y el desconocimiento de todo lo que se ha hecho hasta ahora en el país en el tema de conservación como de desarrollo, decidí escribir al respecto.  

No para defender mi labor ni la del presidente Santos en materia de ambiente y desarrollo sostenible, sino para dar claridad sobre algunos temas sobre los que se han escrito verdades incompletas. Considero que el que posee la información debe socializarla para que la opinión pública tenga un panorama completo. 
 
He estado leyendo las diferentes columnas de Ramiro Bejarano, Manuel Rodríguez, el Doctor Julio Carrizosa y Antonio Caballero. Creo que cada uno de los implicados en esta discusión mediática siempre han pretendido intrínsecamente lo mismo: lo mejor para Colombia.  Son personas que tienen mucho en común: desde sus posiciones han defendido la dignidad, la vida y los derechos de los colombianos, muchas veces enfrentando personajes verdaderamente peligrosos y corruptos. Y también tienen en común el "buen genio" que los caracteriza.
 
La polémica sobre si debe primar la conservación o el desarrollo en un contexto de crítica destructiva, ofensiva y ya a niveles personales, no le suma a nuestro país, si no por el contrario le resta. Sobre todo en el momento en que vivimos, en el que pretendemos dejar atrás una serie de conflictos que únicamente nos han dejado dolor, pobreza y destrucción. Lo que menos nos conviene es abrir brechas de odios irreversibles entre los buenos, porque en río revuelto ganancia de pescadores (bocado de cardenal para los corruptos).
 
Todos tienen una parte de la verdad. De las licencias ambientales: que hay retrasos en la expedición de las licencias ambientales, ¡claro que los hay! Pero por conocimiento de causa puedo afirmar que estas son  estructurales y no por ineficiencia de las autoridades ambientales. Lo que es claro es que el país no cuenta con la línea base ambiental, indispensable para los tomadores de decisiones. De existir, cada proceso de licenciamiento no empezaría de cero y se ahorrarían meses de evaluación y verificación. Modificar o no los tiempos del proceso por medio de instrumentos jurídicos, no va a solucionar el retraso.  Hay que invertir en la línea base ambiental del país. No podemos hacer creer a todos los colombianos que un ministerio o entidad del estado  pretende detener el desarrollo de un país como este, con tantas necesidades básicas insatisfechas, enfocándose únicamente en la intención de conservar nuestros ecosistemas. 
 
Aquí hago un paréntesis para aclarar dos ejemplos del atraso en la evaluación ambiental.  El primero el del túnel de La Línea. Es obvio que es una obra fundamental para el desarrollo del país. Sin embargo, eso no puede implicar que hagan la obra incumpliendo la normatividad ambiental del país y afectando negativamente a las comunidades.  

El problema del túnel de la línea no son los permisos ambientales. La obra tiene licencia desde el año 2002. Lo que sí ha tenido esta obra son medidas que ordenan detener el avance de obras, expedidas no solo por las autoridades ambientales y judiciales de nivel nacional y regional. Dichas medidas se tomaron, no por radicalismos ambientales, sino por quejas de las comunidades, de la Defensoría del Pueblo, de las alcaldías de la región, de la gobernación del Quindío y de los medios de comunicación de la región.  

Esas quejas fueron evaluadas y las autoridades ambientales corroboraron que los constructores de esa obra habían realizado en repetidas ocasiones vertimientos contaminantes y obstrucción por escombros en fuentes de agua que abastecen los acueductos de Calarcá y Cajamarca. También se  detectaron otra serie de infracciones ambientales por las que no solo se les ordenó detener las obras hasta que cumplieran la normatividad sino que además se les abrió la investigación respectiva. Finalmente, esta obra ha tenido incumplimientos en otros ámbitos diferentes al ambiental, como bien lo puede corroborar la Agencia Nacional de Infraestructura. La verdad es que no son el mejor ejemplo de cumplimiento.   

En cuanto a la Ruta del Sol III, esta obra tiene 230 kilómetros licenciados, y 240 kilómetros en proceso de licenciamiento ambiental, que lleva más de tres años en este proceso por cuenta de la consulta previa.  No es cierto que las vías para la prosperidad y los procesos de las concesiones de cuarta generación (4G) estén siendo amenazados por temas ambientales.  Los invito a revisar los indicadores de cumplimiento de trámites correspondientes a los proyectos PINES de infraestructura que tanto la Presidencia, como la vicepresidencia de La República llevan  y podrán corroborar que desde hace más de ocho meses tienen los mejores indicadores de cumplimiento.
 
Respecto al debate sobre la conservación, hay una verdad y es que falta más inversión y acción en nuestros parques y en nuestros ecosistemas. No hay los suficientes recursos hoy para conservar y mejorar las áreas del país que garantizan y garantizarán los servicios ecosistémicos, como el agua, el aire limpio, los suelos  indispensables para la vida.  Se debe invertir más en investigación, en la construcción de la línea base ambiental, en el monitoreo y seguimiento ambiental, en la cuantificación y recuperación de pasivos ambientales, en la lucha contra la minería criminal.  
 
La película Interestelar, me parece pertinente en este momento. Nos recuerda que el complejo equilibrio entre ciencia, desarrollo y conservación es la única tabla de salvación que  tenemos como especie.  Si la ecuación se desbalancea todos perdemos.  Y por otra parte y más coloquialmente nos concientiza de que si ha de existir la posibilidad de que la raza humana pueda colonizar otros planetas utilizando los huecos negros, lo más probable es que los colombianos no estemos en la lista prioritaria de los que tengan ese privilegio y que los únicos huecos negros a los que tendremos acceso V.I.P. durante un buen rato, son los huecos en el asfalto de las vías de nuestra amada Bogotá.
 
El propósito de los ministerios, sea el de Ambiente o Minas, de los lideres de opinión sea Manuel Rodríguez, Ramiro Bejarano y hasta Antonio Caballero, es como el propósito de todos los personajes de Interestelar, ayudar a la especie humana, ó por lo menos en nuestro ámbito menos heroico, el de mejorar las condiciones de vida de nuestros compatriotas. 

Esto solo lo lograremos cuando se acallen los egos, los insultos, y nos basemos en la rigurosidad técnica, social y económica, que permite tomar decisiones que sopesan el costo beneficio de las mismas. Dicho costo beneficio debe estar siempre enfocado en garantizar a las actuales y futuras generaciones una mejor calidad de vida, que incluye un ambiente sano, agua  disponible para consumo, alimentos, trabajo, educación y seguridad entre muchas prioridades.  

El desarrollo y la conservación no deben ser antagónicos, deben y pueden ser complementarios (así existan detractores por “conveniencia” de esta afirmación).  Esta complementariedad se logrará cuando el país planee y desarrolle el ordenamiento del territorio, basado en las necesidades presentes y futuras de los colombianos,  y en las ventajas de ser un país con una riqueza en recursos renovables y no renovables que puede construir y distribuir capital social, humano, económico y ambiental por medio del consenso sobre el ordenamiento del territorio”. 

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