Malala se hizo famosa por su campaña abogando por la educación para las niñas en todo el mundo.

Un día antes del lanzamiento de su libro la rama pakistaní de los talibanes se pronunció en contra de la ya famosa activista pakistaní Malala Yousafzai, de 16 años, que el 9 de octubre de 2012 fue atacada por un tirador talibán y duró 8 días en coma después de varias operaciones de urgencia.

Según Shahidullah Shahid, representante del grupo Tehreek-e Talibán, Malala “no es una niña valiente, no tiene coraje. Por eso  volverá a ser un objetivo para nosotros y siempre que tengamos la oportunidad la  atacaremos”.

El primer atentado contra Malala se debió, según el grupo fundamentalista,  a sus comentarios anteislámicos y no, como ella misma ha dicho, por su incansable lucha para acceder a una educación igual a la que reciben los hombres en su país.

Esta no es la primera vez que Malala recibe amenazas. Durante el periodo 2007-2009, en el que Pakistán estuvo bajo el régimen militar de Prevés Musharraf, comenzó a escribir un diario para la BBC en el que contaba cómo era el día a día de una niña bajo el yugo de los talibanes.  Esto, sumado a sus comentarios críticos hacia el grupo islámico y sus  crudas narraciones sobre la forma en que trataban a las niñas, hizo que se volviera un objetivo  importante para cualquier talibán en Pakistán.

Después de haber sobrevivido, milagrosamente, el primer atentado, Malala fue trasladada a Londres y se volvió una insignia de la lucha por los derechos de los niños en  el mundo entero y de su derecho, que siempre fue su principal causa, de tener una educación justa, digna y libre.

A raíz de esa experiencia comenzó a escribir su libro, que fue lanzado hoy 9 de octubre en Londres, que se titula Yo soy Malala y  en el que revive los momentos de pánico al despertarse en el hospital después del atentado.

Su mensaje es tan contundente que  es una de los nominados al premio Nobel de Paz que será entregado este viernes 11 de octubre.

Para una persona con un carácter más débil que el de ella todo esto sería suficiente para abandonar su país por siempre y dejar de lado su activismo. Malala, sin embargo, ha dicho una y otra vez que quiere volver a Pakistán para seguir  luchando por todas las niñas y niños que crecen sin una educación.  La de ella es la historia, sin duda, de una niña que, a sus 16 años, aprendió a resistir y sanar.

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