Francisco 'Chico' Whitaker tiene 82 años y sigue martillando contra el capitalismo puro y duro desde la religión católica.

Francisco ‘Chico’ Whitaker no es san Pablo, ni san Esteban, ni siquiera Superman. Pero ha logrado transformar la sociedad brasileña. Su aporte lo llevó a recibir el premio Nobel alternativo en 2006. Semana Sostenible habló con él en su paso por Colombia durante la primera conferencia regional de Premios Nóbel Alternativos, organizada por Alisos y Right Livelihood Foundation.

Tiene 82 años y sigue martillando contra el capitalismo puro y duro desde la religión católica. Sí, desde el catolicismo combativo, ese que no se acuerda del prójimo sólo en semana santa o recuerda al Dios todo poderoso en el lecho de muerte. Francisco ‘Chico’ Whitaker ha creído que el peor pecado de un ser humano es la omisión. Esto explica su lucha.

Nació en 1931 en Brasil en el seno de una familia conservadora y fiel a la religión católica romana. Desde joven, en el colegio, se interesó por la política estudiantil, pero fue a los 17 años cuando se mudó a São Pablo para estudiar arquitectura que tuvo su primera revelación. Se unió al movimiento de Juventud Universitaria Católica, donde la pregunta que los orientaba era: ¿Cómo ser feliz cuando hay hermanos sufriendo?

Esta idea había sido adoptada de un teólogo y sociólogo francés que dirigía el grupo. Este hombre había logrado adaptar lo que para él eran los principios básicos del nuevo testamento de la biblia, y los había puesto en el contexto de la sociedad en la que vivían. “Toda mi vida he llevado un sentimiento de culpa, porque tengo en la conciencia que somos hermanos”, dice Whitaker. La base de su vida ha sido la búsqueda para hacer las cosas diferentes.

Mientras era el director de la Superintendencia de la Reforma Agraria del Gobierno Federal a principios de los años sesenta, Whitaker recuerda que su culpa seguía latente. Su preocupación era empoderar al campesino oprimido y lograr ayudar a los que no tenían acceso a tierras, crédito y que tenían otras carencias al igual que el resto de personas seguidoras de las mismas creencias de América Latina. Sin embargo, su misión de ayudar, unida a su fuerte oposición al régimen militar que se estableció en el país después del golpe de Estado, lo llevaron a ser exiliado en 1966.

Francia fue el lugar escogido para vivir su destierro. Este exilio y la lucha por los intereses que lo sacaron de su patria hicieron que ‘Chico’ siguiera trabajando pro su causa. En su cabeza no cabía la idea de que sus otros brasileños se las arreglaran por sí solos.

Al principio trabajó como profesor en la formación de servidores públicos del Tercer Mundo, luego como investigador y consultor de la Unesco. También trabajó en Chile en la Comisión Económica para América Latina durante cuatro años, y vivió allí durante la destitución de Allende.

Con la salida de los militares de su país, Whitaker regresó a Brasil con ganas de seguir trabajando, pero ¿Cuál era el camino correcto? Había pasado por la empresa privada y el sector público y ninguno le había permitido hacer lo que quería realmente. En una reunión con el cardenal de São Pablo donde discutían la pertinencia de que la Iglesia interviniera en las discusiones sobre la constituyente que se estaba llevando a cabo en su nación,  este le dijo que “no meterse en política es la peor forma de meterse. Si tú no te metes dejas que las cosas sigan pasando”. Esa fue la segunda revelación que ‘Chico’ recibió.

Así, se presentó como diputado de São Pablo donde por dos períodos estuvo trabajando en la política. Sin embargo, la corrupción lo hizo separarse de este mundo. Para Whitaker tenía que ser destruida para que el pueblo brasileño progresara. En 1998 logró recoger un millón de firmas para presentar un proyecto de Ley contra la corrupción electoral, la compra de votos  en particular, y en 1999 su proyecto fue reconocido como Ley. Tan sólo en el primer año de implementación, 650 funcionarios públicos perdieron sus puestos por corrupción durante las campañas.

Otra opción

Pero el mundo era igual. No cambiaba estructuralmente, y esto en gran parte se debía a que quienes tenían el poder, como suele suceder,  creían tener la verdad absoluta debido al dinero al que tenían acceso y a la acumulación de bienes. De esta reflexión nació el Foro Mundial Social, el cual es paralelo al Foro Económico Mundial, pero se diferencia en que busca el bienestar de los seres humanos en vez del bienestar de mercados y bancos.

“Otro mundo es posible”. Esa ha sido la consigna de este Foro que reúne cerca de 20.000 personas desde su inauguración en el 2000 y que desde su concepción busca una participación horizontal. “Todos somos iguales, somos hermanos, entonces todos trabajamos para el mismo lado. Acá no hay pirámides como en el mundo actual”, dice ‘Chico’, quien fue uno de la creadores de este espacio.

El Foro se ha convertido en una plataforma para las organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, con el fin de intercambiar opiniones, formar coaliciones y  lograr trabajo en equipo sobre estrategias concretas.

Esta manera de pensar es la que lo ha llevado a cuestionar los modelos de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) actuales, las alianzas público privadas y el modelo de valor compartido. Su lógica parte de la premisa de que toda empresa se constituye para ganar dinero y, teniendo en cuenta esto, cuando las empresas se vinculan a proyectos sociales, de una u otra manera, buscan ganar dinero   o algún tipo de beneficio ya sea tributario o de razón social. La única forma de cambiar este ciclo de destrucción, plantea este cristiano combativo, es cambiar el sistema y los valores que privilegia la sociedad.

Tenga razón o no, sigue pensando en un mundo diferente, que se aleje del falso ideal de los setenta donde no era necesario el gobierno o las instituciones,  y donde todos entiendan que el cambio es necesario.  Para él, "La verdadera religión, significa trabajar para mejorar la situación de los pobres, que luchan por sus derechos, y contra la explotación de los ricos".

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