En 1967 Paul R. Ehrlich publicó el libro ‘The population bomb’ o La bomba demográfica en español. Su tesis era simple: si no se detiene el crecimiento poblacional, la Tierra no sería capaz de soportar el creciente número de personas que la habitan. De hecho, tenía la hipótesis que de no tomar medidas, para el año 2000, Inglaterra no existiría.

Esto no ocurrió e Inglaterra sigue en pie, pero en una entrevista que hizo The New York Times a Ehrlich sobre sus ideas hace poco, el exprofesor de la Universidad de Stanford se ratificó en su planteamiento inicial: el mundo necesita tomar decisiones para frenar el consumo desmedido, de lo contrario la raza humana es inviable. (Vea: Así son los consumidores en Colombia)

Desde hace cuatro años Colombia cuenta con la Política Nacional de Producción y Consumo Sostenible encaminada, entre otras cosas, a consolidar mercados y sistemas de producción más sostenibles para el país. La política reconoce que la producción más limpia y verde es un reto enorme, ya que depende, principalmente, del compromiso de los actores: gobierno, industria y consumidor.

No obstante, en este tiempo lo que se ha consolidado son políticas atomizadas de producción verde, como lo señala César Ruiz, de Conservación Internacional. “La sociedad ve el consumo responsable como un lujo, un adorno, como algo no importante y distante de la responsabilidad personal con el ambiente y el desarrollo sostenible”.

En promedio, por ejemplo, un tomate cultivado orgánicamente, puede costar cerca de 10 por ciento más que uno cosechado tradicionalmente.

¿Impuestos, salida represiva?

Ante un panorama en el que es difícil promover el consumo responsable -aunque hay que reconocer que varias empresas lo intentan-, una de las alternativas es tomar medidas arancelarias que cambien la mentalidad del consumidor y el empresariado. “A través de los impuestos o de la regulación, el Estado puede promover el cierre del ciclo de materiales, con instrumentos tales como las tasas, aranceles e incentivos económicos, o privilegiar la reutilización sobre el uso de nuevos materiales”, afirma la Política de Consumo Sostenible. (Vea: 10 tips para vivir con menos plástico)

La lógica detrás de la idea de los impuestos no es tan descabellada. Uno de los principios generales del mercado es que si un producto se encarece, lo que se espera es que su consumo caiga. Así, utilizar impuestos para gravar productos que no tienen un mínimo de acciones coherentes con el medioambiente no está lejos de ser una medida eficiente en algún sentido y, sobre todo, ayudaría a modificar el comportamiento del consumidor.

La escuela de gobierno de la Universidad de Harvard publicó un estudio en el que cruzó dos variables: aumento en el precio de la gasolina y comportamiento del consumidor. El estudio evidenció que si la gasolina subía al menos cinco centavos, automáticamente el consumo bajaba cerca de 1,3 por ciento y concluyó que era la medida más eficiente para promover que los ciudadanos buscaran medios de trasporte alternativos o combustibles no fósiles. (Vea: La novedosa PowerWall de Tesla)

Así mismo el estudio indica que este tipo de acciones, si bien no son las más acertadas desde un enfoque de educación ambiental, al final tienen efectos directos y eficaces en indicadores como mejoramiento de la calidad del aire, reducción de los accidentes de tráfico y disminución de gases de efecto invernadero.

En Colombia la discusión sobre este tema aún está en pañales. Sin embargo, el país está empezando a dar el debate de los impuestos y el consumo responsable. Durante la legislatura pasada el exsenador Juan Lozano propuso los Impuestos Verdes (Green taxes) que buscaban modificar el sistema tributario a través de un instrumento real para crear verdaderos estímulos y sanciones a la forma de producir de las empresas colombianas, ya que “no puede ser lo mismo ganarse unas utilidades destruyendo el planeta que cuidándolo”, dijo Lozano en una entrevista.

Actualmente, según el índice de impuestos verdes de KPMG, hay cerca de 21 países que usan estos mecanismos como instrumento para mejorar las condiciones del medio ambiente. El ranking evidencia cómo los gobiernos utilizan su política fiscal para conseguir los objetivos medioambientales que se proponen.

Sin embargo, hay quienes creen que la implementación de este tipo de medidas debe ser cautelosa. Para David Barguil, presidente del Partido Conservador, se ha demostrado que el aumento de impuestos en algunos productos incrementa el contrabando y realmente, no se da una reducción, entonces se tienen que manejar con responsabilidad.

En el marco de la discusión y estudios que están haciendo los expertos sobre la gran reforma tributaria que debería tener el país es fundamental que, más allá de la riqueza, Colombia tenga una discusión de fondo sobre si debería usar los impuestos para tener producción más limpia, así como las medidas que se deben implementar para que los ciudadanos tomen mejores decisiones de consumo para el bienestar de la sociedad en su conjunto.

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