Mediante el ‘greenwashing’ o lavado verde, las empresas aprovechan el prestigio comercial de lo verde y promocionan sus productos como respetuosos con el medio ambiente.

National Green Pages en su edición de enero publicó un artículo donde denuncia varios productos que dicen ser orgánicos o ambientalmente responsables y en realidad no lo son. A este tipo de publicidad engañosa se le conoce como “Greenwashing” y se ha convertido en la herramienta de muchos productos y servicios para convencer al consumidor responsable de que los adquiera.

Con el título “Don’t be fooled” o no se deje engañar la publicación compara diferentes productos engañosos con otros que sí son considerados como verdes. La información cobra relevancia si se tiene en cuenta que National Green pages es la única publicación que certifica los negocios verdes en Estados Unidos.

Organix Shampoo


Organix, marca registrada por Vogue Internacional, es una línea para el lavado y cuidado del pelo que tiene como elemento esencial sus activos orgánicos. Sin embargo, al revisar más detenidamente el producto lo primero que llama la atención es que algunos componente son potencialmente cancerígenos o tóxicos como Cocamide DEA o DMDM hidantoína.

Por otro lado,  la botella tiene un ícono que dice “Amigable con el planeta, empaque ambientalmente responsable”. No obstante, cuando se le preguntó a la compañía sobre el uso de estas etiquetas o íconos, esta respondió que el “sello usado usado en el producto no es de un proveedor. Este fue creado por la marca y es de uso interno”. Esto quiere decir, que el sello no tiene sentido, puesto que no hay una certificación de que los envases sean ambientalmente responsables.

Las barras de Granola Nature Valley 

Este delicioso bocado tiene en su nombre la palabra natural, por lo tanto sus ingredientes deberían ser saludables. El problema es que mientras la barra de granola tiene reputación de ser un bocadillo saludable, Nature Valley, la empresa que las fabrica, tiene dos problemas: 

El primero es que no utilizan ingredientes orgánicos. Muchos de los cultivos son controlados con pesticidas químicos y segundo, la soya, azúcar, remolacha y maíz que utilizan son provenientes de semillas transgénicas que si bien no se ha probado que sean dañinas, tampoco se ha demostrado que sean saludables.  

Sumado a esto, la compañía dueña de Nature Valley, General Mill, ha financiado campañas contra el uso de etiquetas que señalen qué alimentos son hechos con semillas transgénicas en Estados Unidos, particularmente en Washington y California.

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