| 2014/06/28

Juego bonito, negocio feo

La euforia futbolera en Brasil contrasta con las críticas y protestas por los gastos desmedidos en preparar la Copa Mundial de Fútbol. Muchos elementos dan cuenta de la insostenibilidad del evento.

Los brasileros no han callado su inconformismo con la Copa Mundial de Fútbol. Innumerables protestas han acompañado el evento.
Los brasileros no han callado su inconformismo con la Copa Mundial de Fútbol. Innumerables protestas han acompañado el evento.

Un armadillo en vía de extinción, cuyo nombre combina“futebol” (fútbol) y ecología. Fuleco, la mascota del Mundial de Brasil 2014,difícilmente podía ser un símbolo más evidente para una competencia que pretende llevar la sostenibilidad ambiental, social y económica inscrita en su ADN. Pero,  en pleno Mundial, millones de brasileños siguen pensando que Fuleco solo fue la promesa de una Copa Mundo que Brasil no logró tener.

Eso es lo que siente Leona Deckelbaum. Desde hace dos años esta carioca trabaja en Meu Rio, una organización que trata de ponerse al servicio de los ciudadanos en su relación difícil con los poderes públicos.Según le contó a Semana Sostenible,una de las grandes victorias del colectivo fue detener la demolición de una delas mejores escuelas públicas de Rio de Janeiro para darle paso a un parqueadero para el estadio Maracaná, donde se jugará la final del Mundial.“Fue un logro enorme, es absurdo quitar un colegio así”.

Pero, como lo están descubriendo los brasileños, la Copa Mundo impulsó muchos otros abusos que explican la rabia que corre por las calles del país.

1 - Una fábrica de elefantes blancos

Estadio Mané Garrincha de Brasilia. Foto: AFP

Brasilia es un ejemplo de modernismo, una apuesta de urbanismo radical que Oscar Niemeyer diseñó en los años 50 para descentralizarel país. Pero definitivamente no es una capital futbolera. El Brasiliense Futebol Clube, el principal equipo de la ciudad, juega en cuarta división y a duras penas atrae más de 1.500 hinchas por partido.

Después del Mundial, los “torcedores” (hinchas) de Brasiliense tendrán un estadio nuevo, el Mané-Garrincha, que costó 900.000millones de dólares. Son más de 68.000 puestos que nadie sabe cómo se van a llenar. El recinto es el segundo más caro del mundo, después de Wembley en Londres, y según calculó el portal UOL, tardaría 1385 años recuperar la inversión.

La incoherencia no para ahí. Las canchas de Natal, Manaos y Cuiabá tienen el mismo problema: nadie sabe cómo mantenerlos después de la Copa Mundo, pues son ciudades sin clubes competitivos. En total los 12 estadios levan a costar a Brasil 4.200 millones de dólares, casi cuatro veces lo que estimó en 2007. En 2006 los alemanes se gastaron 1.570 millones y en 2010 los sudafricanos 1.400 millones.

Para Jens Sejer Andersen, director de Play The Game, una organización que busca más transparencia en el deporte, la sostenibilidad “es un gran chiste. Aunque un estadio tenga sistemas ecológicos, no es sostenible si después de la fiesta se queda vacío. El gobierno brasileño decidió construir 12 estadios, para que el evento fuera nacional. Es un país enorme, y desde el punto de vista de las relaciones públicas, tiene sentido. Pero desde el punto de vista deportivo y económico, no lo tiene”.

2 – Un negocio no tan redondo

A los brasileños les prometieron que el Mundial atraería 600.000 visitantes, que se crearían 720.000 empleos, que 50.000 millones de dólares entrarían a la economía. La realidad es más discreta. Varias investigaciones muestran que en los mega eventos el turismo no crece, pues hay tanta gente que viene como la que deserta por los altos precios, los hoteles llenos, las hordas. En Londres, en agosto de 2012, en plenos Juegos Olímpicos,llegaron 150.000 personas más que en 2011, y en Sudáfrica solo aterrizaron 309.000 extranjeros, cuando contaban con 450.000 viajeros.

A nivel de trabajo, el Mundial es un evento que no crea puestos a largo plazo. Aunque eso puede impulsar el consumo interno, son trabajos temporales. Y pueden ser además peligrosos, como se vio en las obras de los estadios, donde hasta la fecha habían muerto ocho constructores.

Y el impacto económico es discutible. Según una estimación de Reuters, el Mundial apenas sumaría el 0,2 por ciento al crecimiento económico de Brasil. Aunque algunos sectores como la alimentación, la hotelería, la publicidad o la televisión van a vivir una bonanza, la Copa según Moody's “generará aumentos de cortaduración en las ventas, es improbable que afecten considerablemente las ganancias. Además de eso, hay interrupciones del tránsito, aglomeración de personas y días de trabajo perdidos que tendrán efectos negativos”. 

3 – Transferencia de riquezas

Miles de personas se han agolpado en las calles de Brasil para protestar contra el Mundial. Foto: AFP

Dos actores se van a quedar con el dinero del Mundial: la FIFA y una red de constructores y políticos brasileños. La organización futbolera internacional planea beneficios de 3.300 millones de dólares con la Copa, entre entradas, patrocinios y derechos de televisión. Para ellos, el Mundial es una manifestación privada y el fútbol es un monopolio.

El país se gana el privilegio de organizarlo a cambio de una serie de compromisos, que incluyen construir estadios de última con estándares europeos y no cobrar impuestos sobre las ganancias. No por nada el ex delantero Romario, ahora convertido senador, dijo que “la FIFA viene, monta el circo, no gasta nada y se lleva todo”. O casi todo, pues algo les quedó a los corruptos. Un informe del Tribunal de Cuentas de Brasilia sobre las irregularidades en la construcción del estadio dela ciudad reveló que de los 900 millones de dólares que costó el estadio, 275 millones corresponden a sobre facturaciones.

El transporte de las gradas prefabricadas debía costar 4.700 dólares, pero el consorcio constructor le facturó al gobierno 1,5 millones de dólares. Entretanto, la empresa que obtuvo el contrato aumentó sus contribuciones a partidos políticos 500 veces. En un comentario escandaloso, la directora ejecutiva del Comité Organizador, Joana Havelange, nieta del ex presidente de la FIFA Joâo Havelange, dijo que “lo que había que robar, ya está robado”.

4 - ¿Y la infraestructura?

El estadio Arena das Dunas en Natal, otra obra hecha para el Mundial 2014. Foto AFP.

La renovación de aeropuertos, autopistas, redes ferroviarias, metros era lo que le iba a quedar a Brasil a cambio del Mundial.Aunque algunas construcciones se han adelantado, la mayoría de los proyectos no han empezado y solo se avanzó con la construcción de los estadios.  Según el Sindicato de arquitectura e ingeniería brasileña (Sinaenco), a nivel nacional solo 36 de las 93 mega obras están completas.

5 –Fifa y gobierno: tudo Bem, tudo bem

Para la FIFA no ha sido un Mundial fácil. Hace un par de semanas Jerôme Valcke, su secretario general, dijo que en Brasil “habían vivido un infierno” y aseguró que cambiaría “muchas cosas” en la organización. Pero no hay que negar algunos logros a pesar del marasmo.

Entre sus iniciativas de sostenibilidad se pueden resaltarla gestión de residuos, la formación de voluntarios, inversión en la fundación Football for Hope y la construcción de estadios verdes, mediante una arquitectura novedosa.

El techo del estadio de Belo Horizonte, donde Colombia enfrentó a Grecia, se cubrió de 6.000 paneles solares que podrían alimentar 1.200 hogares, mientras que el recinto de Fortaleza redujo 67 por ciento el consumo de agua potable e incluye un sistema de aire acondicionado que no emplea gases refrigerantes. En otros se van a usar las aguas lluvia en los baños y se recicló material de construcción.

El gobierno de Dilma Rousseff piensa impulsar el ecoturismo, el trabajo de los artesanos, el consumo de productos orgánicos y va a promover el deporte como política de salud pública. Y promete que después del Mundial las obras seguirán y se irán entregando poco a poco. Las elecciones presidenciales de septiembre, en las que busca su reelección, dirán si los brasileños le creen o no.

6 - ¿Si puede ser sostenible un mega evento?

Hace seis meses los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi le costaron a Rusia 50.000 millones de dólares. El presupuesto de Brasil 2014 sobrepasa 11.500 millones. Ambos rompieron récord absolutos para mega eventos deportivos, una inflación que no tiene control, pues para la Copa de 2018 Rusia planea gastar 20.000 millones de dólares y en 2022, Qatar, 62.000 millones de dólares.

Jens Sejer Andersen explica que los mega eventos alcanzaron un nivel irresponsable. Las poblaciones tienen que preguntarse si vale la pena gastar tanto por tener fama mundial un período corto y ganancias que terminan en lugares desconocidos. Hay gente que empieza a decir que no, con referendos en Suiza, Alemania, Polonia. Eso un problema enorme para el futuro de los mega eventos, si los únicos países que quieren ser anfitriones son los que no le preguntan a la población, los autócratas, donde no hay prensa libre, ni debates.

Si la Copa termina en un baño de violencia, muchos líderes deportivos confirmarán que es mejor buscar gobiernos autoritarios, con acceso a fortunas, que aliarse con democracias, con todos los problemas que eso implica.Este es el gran desafío para el deporte internacional hoy en día. 

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