Como legado delm caso de 'La última cena', la jurisprudencia colombiana quedó con un precedente fundamental para que el pecado no se confunda con delito

La edición 64 de la revista causó serias molestias en algunos sectores conservadores de la sociedad colombiana. El hilo narrativo de las fotografías, tomadas por el célebre fotógrafo Mauricio Vélez, recreaba la pasión de Cristo en el cuerpo de la famosa actriz, presentadora y periodista Alejandra Azcárate.

La modelo salía cargando la cruz, crucificada y redimida, y también sustituyendo la posición de Cristo en una fotografía central, que parodiaba la Última Cena de Leonardo Da Vinci. Los apóstoles eran figuras de diversos oficios de la vida colombiana: senadores, deportistas, líderes de la comunidad homosexual, publicistas famosos, la ex zarina anti corrupción, entre muchos otros. Había personas de todos los gustos sexuales, todos los géneros, todas las razas, todas las tendencias políticas (Carlos Gaviria, el ex candidato a la presidencia por el Polo Democrático, posaba cerca de al ex presidente del Senado, el conservador Luis Humberto Gómez Gallo).

Encabezados por el actual Procurador General de la Nación –que en ese momento no lo era–, doctor Alejandro Ordóñez Maldonado, y alegando delitos de calumnia, injuria y daños y agravios a personas o cosas dedicadas al culto, los ofendidos emprendieron una cruzada jurídica que a punta de demandas penales buscaba castigar al director de la revista y a los que participaron en la fotografía de la última cena.  

Después de una gran campaña de solidaridad que incluyó marchas callejeras y múltiples columnas de opinión de los más importantes articulistas de la prensa nacional, y bajo la argumentación del doctor Humberto de la Calle y un gran equipo de abogados como el doctor J. García, la revista salió victoriosa; los cargos fueron desvirtuados y el caso creó un importante precedente para que la libertad de expresión prevalezca ante la susceptibilidad religiosa de una parte de la población.

Como legado de esta disputa, la jurisprudencia colombiana quedó con un precedente fundamental para que el pecado no se confunda con delito y para determinar que los símbolos religiosos no pertenecen a la fe sino a la cultura, y que en esa medida pueden ser reelaborados, caricaturizados o parodiado como cada artista decida. No fue poco lo conseguido tras esta disputa legal: nada menos que un paso hacia la modernidad, para que un cimiento de la ilustración tan importante como la libertad de expresión, en la tabla de valores de la sociedad estuviera por encima de los intereses religiosos.

De otra manera, la apreciación subjetiva de cualquiera que se sintiera ofendido por obras artísticas que involucren símbolos religiosos podría hacer que terminen en la hoguera desde novelas como el célebre Evangelio según Jesucristo, de José Saramago, hasta las monjas que dibujó el maestro Fernando Botero, para mencionar apenas dos de la infinidad de obras que se han inspirado en la simbología católica.                 

EL FALLO JUDICIAL

El juez 32 penal del circuito, Alberto Ramírez, precluyó el caso de la revista SoHo, al no encontrar mérito para investigar a Daniel Samper Ospina, a Fernando Vallejo y a los participantes de la representación alegórica a la Última Cena donde la modelo Alejandra Azcárate aparece con su torso desnudo. Esta decisión es el resultado final de una demanda interpuesta por la organización Laicos Por Colombia.                                          

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.