| 2014/03/26

‘Un cambio de 180 grados’

Así define la transformación que experimentó en su vida Jorge*, un excombatiente de las autodefensas. Dejó las armas y hoy es un trabajador comprometido con su hogar y con Sodexo, la compañía que se convirtió en su ‘segunda familia’.

Sodexo ha hecho una apuesta por la paz.
Sodexo ha hecho una apuesta por la paz.

Diez años atrás, Colombia vivió el proceso de la primera desmovilización colectiva de uno de los bloques de las autodefensas, en el marco de la Ley de Justicia y Paz. Entre los primeros combatientes que entregaron las armas en la ciudad de Medellín se encontraba Jorge, un joven que para entonces apenas había alcanzado la mayoría de edad.

Las expectativas sobre la reinserción eran escasas y en él y sus compañeros de bloque ahondaba la desconfianza hacia el Estado. No sabía qué le depararía el futuro, ni lo que sucedería siquiera el día después de la desmovilización. Hoy, por el contrario, Jorge vive con seguridad y no titubea al afirmar que a partir de entonces su vida cambió de rumbo radicalmente.

Tras el proceso de desmovilización, este antioqueño recibió el acompañamiento de la Agencia Colombiana para la Reinserción (ACR), entidad que lo orientó en el proceso educativo para terminar su bachillerato y luego formarse en el SENA como técnico en electricidad industrial.

En el pasado quedaron los días ajetreados, de preocupación y de andar escondiéndose, que, según explica, eran su cotidianidad. Ahora no empuña un arma y en cambio sostiene con habilidad las herramientas que utiliza en su trabajo como técnico de mantenimiento.

Una apuesta de reconciliación


Formado para trabajar y con toda la intención de aplicar los conocimientos aprendidos en el SENA, llegó el momento de ubicarse laboralmente. Jorge pasó por varias entidades y empresas, en donde trabajó de forma temporal y sin satisfacción, pues sentía que en algunos de estos lugares recibían a los desmovilizados “por compromiso y no por voluntad propia”.

Esto cambió el día en que Sodexo, multinacional francesa que presta soluciones de servicios on-site y beneficios de motivación en Colombia, le abrió las puertas de la compañía y depositó en él un voto de confianza, integrándolo al programa ‘Soluciones’ que tiene como objetivo “promover espacios de desarrollo laboral que aporten a una auténtica reintegración social de los participantes”.

“Inicialmente me presenté para una vacante de auxiliar general, pero en el momento de realizar la contratación revisaron mi hoja de vida y me ubicaron en un puesto en el área de mantenimiento de uno de los clientes, con la alegría de que por fin iba a desempeñarme en lo que había estudiado”, recuerda Jorge.


Como el protagonista de esta historia, otros 1.000 desmovilizados han hecho parte del programa ‘Soluciones’ en Medellín, Bogotá y Barranquilla, encontrando una compañía dispuesta a ofrecerles trabajo, estabilidad y acompañamiento en sus procesos laborales y familiares.

Dálida Villa, jefe de desarrollo sostenible de Sodexo, explica que “los desmovilizados ingresa a un proceso de selección como cualquier otra persona y si cumplen con los requisitos, especialmente en valores y actitudes, no hay ningún inconveniente”.

De la ACR, Sodexo recibe la información correspondiente a la ruta de reinserción que ha seguido cada excombatiente en los campos educativo, psicosocial y de competencias básicas. “Para la compañía es claro que no indagamos más en su pasado, pues tenemos la generalidad de su condición y lo que nos interesa es el presente y el futuro que quieran construir con nosotros”, afirma Villa.

La iniciativa, que ha sido merecedora de premios de Responsabilidad Social,  surgió en 2006 en el marco de los procesos de desmovilización que desarrollaba la Alcaldía de Medellín en conjunto con la ACR. Como explica la Jefe de Sostenibilidad, Sodexo se vinculó al proceso porque consideró que había una responsabilidad por parte de los empresarios y generadores de empleo con estas personas, que también son miembros de la comunidad.

Más allá del ‘puesto’


En Sodexo los excombatientes son involucrados en un plan de formación mensual, en el que abordan temas de adaptación laboral, presentación personal, autoridad y reglamento interno, entre otros. Luego inician otros niveles enfocados al fortalecimiento de la autoestima y las relaciones laborales y familiares, que son debilidades que la compañía ha detectado porque pueden repercutir en su trabajo.

Gracias a esta intervención, que va más allá de vincularlos a un empleo, Sodexo cuenta con un porcentaje de retención muy alto, que en la actualidad es de aproximadamente 90 por ciento. “Sostenerlos en el tiempo fue nuestra prioridad desde el principio, porque es lo que garantiza que las personas desarrollen un cambio real y pasen a la etapa de posconflicto”, afirma Dalida Villa.

Por esto, para Jorge, la compañía representa las bases sólidas que le han permitido construir su proyecto de vida. “Cuando llegué a Sodexo –dice– mi hija mayor estaba recién nacida y estando aquí he sido felizmente padre dos veces más. Tengo muchos proyectos gracias a esta empresa que me brindó el apoyo y que me ha permitido crecer a nivel personal, profesional y familiar”.

Rompiendo barreras


Así como Sodexo asumió el riesgo y los temores que traía incluir a esta población dentro de su fuerza laboral, otras compañías en el país también se han unido a la causa y le aportan a la construcción de paz y reconciliación, pero aún hay representantes del sector privado que se mantienen distantes a estos proyectos.

“A las empresas que todavía nos ven con renuencia, yo los invito a apostarle al cambio, porque los excombatientes también somos seres humanos que con el apoyo suficiente podemos alcanzar grandes metas”, dice Jorge, mientras recuerda que fue la falta de oportunidades lo que lo llevó a vincularse al conflicto cuando era un adolescente.

En el trabajo diario, “el cambio no lo demostramos con palabras, sino con hechos”, dice Jorge, refiriéndose a cómo lo perciben sus compañeros, a quienes después de un tiempo pudo hablarles transparentemente de su pasado, sin temor a ser rechazado.

A sus 28 años, el hombre de acento paisa, ‘mono’ y de ojos verdes, ya no tiene por qué ocultar quién es ni a qué se dedica. “Vivir esta tranquilidad, esta normalidad, esta vida y este trabajo es lo mejor que me ha pasado. Hoy sé que lo que soy, es un Colaborador Sodexo”, concluye con alegría.
 
*El nombre ha sido cambiado para proteger su identidad.

Para consultar la página de Susatinalytics haga clic aquí.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.