Para conocer el alcance e impacto de los proyectos de responsabilidad social y sostenibilidad de las empresas y las fundaciones empresariales del país, María Claudia Romero Amaya, directora de la maestría en Responsabilidad Social y Sostenibilidad y de la especialización en Responsabilidad Social Empresarial de la Universidad Externado de Colombia, y Óscar Iván Pérez, docente investigador de estos programas, junto con sus alumnos, han indagado desde 2015 sobre las iniciativas del sector privado en inversión social que se desarrollan en el marco de estrategias de RSE. Estos trabajos están disponibles on-line en el Banco de Estudios de Caso en Responsabilidad Social, y buscan potenciar el alcance de las contribuciones de las iniciativas privadas.

Semana Sostenible: ¿Cuáles son los principales hallazgos en estos años de investigación?

Óscar Iván Pérez: Hemos comparado los casos de 2015 y 2016 buscando patrones en la inversión social privada. Las temáticas en las que más invierten las empresas y fundaciones es en la generación de ingresos de las comunidades, en proyectos orientados a la educación y la inclusión financiera. También encontramos que la modalidad más utilizada por las organizaciones es la inversión en comunidades del área de influencia, que combina el deseo de obtener licencia para operar con la posibilidad de desarrollar capacidades en su población. Un ejemplo es el de Cerrejón, que fomentó el proyecto productivo Oreganal para aliviar tensiones y apoyar opciones de generación de ingresos.

S.S.: ¿Qué están haciendo bien las empresas?

María Claudia Romero: Primero, la mayoría de las organizaciones –empresas y fundaciones– les apuestan a iniciativas que generan un gana-gana, ya sea porque logran entornos de operación más estables, porque fortalecen su cadena de suministro o porque fidelizan y normalizan clientes. En el caso de la Fundación Eletricaribe Social y de EPSA, se empleó un programa de cambio de conexiones y tomas eléctricas, dotación de bombillos y capacitaciones para mejor uso de la energía, con el cual se formalizaron clientes que acceden al servicio de manera irregular, mientras disminuyen riesgos para los usuarios. Un segundo acierto son las alianzas que realizan las organizaciones con distintas instituciones del sector público (Sena), con ONG o con universidades, para potenciar el impacto y la eficiencia de los proyectos. El tercer acierto que identificamos es que los programas pueden ser replicables y flexibles, es decir, que se pueden llevar fácilmente a otros contextos.

S.S.: ¿Y qué están haciendo mal?

M.C.R: Algo muy generalizado es que las organizaciones desarrollan su proyecto sin entender cuál es la situación inicial del grupo de interés al que quieren impactar. Tampoco tienen sistemas de seguimiento consolidado para ver el desarrollo de la estrategia. A eso se le suma que no tienen un proceso de evaluación de resultados, lo que impide medir el retorno de la inversión, un elemento clave a la hora de asignar presupuestos. Es importante corregir estos errores para potenciar la financiación que hacen las empresas.

S.S.: ¿Qué herramientas puede adquirir un egresado de la especialización o de la maestría para corregir esos errores?

M.C.R.: Un egresado de nuestros programas tiene la capacidad de identificar los grupos de interés de una organización, de analizar los contextos en los cuales va a operar la compañía y cuenta con las herramientas para formular un modelo de gestión de responsabilidad social con enfoque de sostenibilidad. Además, está en capacidad de realizar un reporte bajo los estándares que se usan actualmente en Colombia.

En síntesis, es una formación muy aterrizada a lo que necesitan hoy las organizaciones para tomar mejores decisiones sobre su gestión y su inversión y para desarrollar estrategias de responsabilidad social mucho más sólidas y sostenibles.