Denise Lana Molina.

Schneider Electric ocupó en 2014 el décimo puesto entre las 100 compañías más sostenibles del mundo según el ranking de Corporate Knights, la revista canadiense que evalúa compañías cotizadas internacionalmente en términos de sostenibilidad.

Semana Sostenible: Schneider Electric empezó hace más de cien años como una empresa que trabajaba con maquinaria pesada y construyendo barcos. ¿En qué momento se gesta el tema de la sostenibilidad?


Denise Lana Molina: Cada tres años creamos planes estratégicos considerando las tendencias mundiales; los comportamientos de consumo y las preocupaciones de las personas. En el plan de 2005, vimos que la cuestión de eficiencia energética se convertiría en una preocupación para los gobiernos, las empresas y la sociedad. A partir de esta reflexión se empezó a adquirir empresas que ya tenían experiencia en el tema y a trabajar.

S.S: ¿Cómo fue creciendo el programa de Sostenibilidad de Schneider Electrics?


D.L.M: Al principio estábamos muy enfocados en el tema de voluntariado y filantropía. En ese tiempo en Brasil se empezaba a hablar de inversión social, cómo se hacía y cómo obtener resultados que verdaderamente beneficiaran a las comunidades. En Brasil nos dimos cuenta de que había una deficiencia en el acceso a la energía, era muy limitado e inseguro. Fue así como empezamos a trabajar en proyectos experimentales de electrificación sostenible para áreas alejadas del país. Fue un esfuerzo interinstitucional entre el gobierno, las Ongs e instituciones educativas.

S.S: ¿Cómo lograron que estos programas para electrificación en áreas alejadas funcionaran?


D.L.M: La experiencia en países de Asia y África demostró que si se instala la tecnología para la generación de este tipo de energía, que generalmente es de las más avanzadas, pero no se educa sobre su funcionamiento, el sistema se acaba como cualquier otro. Vimos que teníamos que involucrarnos en la educación y en la generación de renta, es decir crear modelos de negocio a partir del acceso a la energía.

S.S: ¿Y cómo se integra ese crecimiento económico?

D.L.M: Gran parte de nuestra experiencia proviene del Ministerio de Educación de Francia, en donde están muy avanzados en temas de emprendimiento. Nosotros adoptamos sus programas a los contextos locales. Por ejemplo, siempre trabajamos con una ONG porque son estas las que entienden y tienen acceso a las comunidades. En Brasil desarrollamos un proyecto con un pueblo pesquero que tenía problemas de almacenamiento, porque no contaban con neveras. Pescaban como 200 kilos y vendían 50, perdiendo lo demás. Cuando tuvieron los equipos, contrario a que pensábamos que iban a pescar más, empezaron a pescar menos y lo vendían todo. En parte, gracias a la pedagogía empezaron a respetar más el recurso natural.

S.S: En Colombia se enfatiza en la explotación de combustibles fósiles y la minería está en su apogeo.
¿Cómo podríamos incluir las energías renovables como una fuente consolidada y rentable en el país?


D.L.M: Creo que Latinoamérica, en general, está evolucionando muy rápido en el tema, pero también pienso que la cuestión no está en producir más energía, sino en crear proyectos consistentes de eficiencia energética y regulaciones para ‘cerrar los grifos’ de la energía. Hay un ejemplo interesante que se aplicado en algunas partes de Estados Unidos y Europa que es la micro generación de energía. Con la implementación de paneles solares se puede devolver la energía que no se está consumiendo a la red; es decir, las casas o negocios están conectados a la red convencional y poseen un panel solar. La energía solar que no se consuma en el lugar en donde está instalado el sistema puede devolverse a la red, para ser utilizada en otra parte. Esto requiere una modernización de la red eléctrica.

S.S: ¿Cuáles son nuestros principales retos en materia de sostenibilidad?

D.L.M: Creo que lo primordial es la educación y la información de calidad; que las personas conozcan de dónde proviene y cómo funciona la energía que consumen. Esto también es importante para que los ciudadanos puedan trabajar con sus gobiernos en la creación de regulaciones energéticas que favorezcan a todos. 

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