El sonómetro surgió a partir de un proyecto de prevención para los universitarios.

Ha sido una semana muy difícil y un grupo de amigos quieren salir a tomarse algo. Después de cierto tiempo de haber estado en una discoteca de la ciudad deciden seguir la fiesta en el apartamento de uno de ellos. Son las cuatro de la mañana y ponen la música a todo volumen, siguen hablando fuerte, las carcajadas no faltan y una pareja comienza a bailar. La fiesta no se acaba y Mario, quien vive en el apartamento de abajo está desesperado porque su vecino no le deja dormir. Lo llamó y visitó, pero el ruido seguía. La solución fue llamar a la policía.

“El ruido incomoda, pero no sólo eso, el ruido tiene consecuencias catastróficas para la salud”, explica la ingeniera Marina Inés Rodríguez, una de las líderes del proyecto ¡No Más Ruido! De la Universidad Central y quién está detrás del primer sonómetro que educa a las personas sobre las consecuencias de este.
Un sonómetro es una herramienta que permite medir la intensidad del sonido. Sin embargo, el prototipo diseñado por la Universidad Central es único en el mundo, porque permite visualizar el nivel de ruido del ambiente, lo cual llama la atención. De esta manera, a medida que el ruido aumenta, un indicador que tiene el sonómetro también lo hace y el color cambia.

El sonómetro tiene capacidad para medir hasta 70 decibeles: grado máximo de contaminación por ruido en el mundo. Aunque en países como España el confort auditivo es de 55 los estudios demuestran que el nivel de tranquilidad oscila entre 20 y 30 decibeles.

Gracias a este proyecto y a la campaña que se inició en la Universidad, no sólo los estudiantes, sino profesores y personal administrativo ahora son más conscientes del ruido que los rodea y cómo cada uno de ellos lo produce. Por lo tanto, ahora controlan más el volumen con el que hablan, por ejemplo.

Un peligro nada silencioso

La contaminación acústica o auditiva no se acumula, traslada o mantiene en el tiempo. El problema radica en que la exposición a altos niveles de decibeles puede desencadenar en problemas físicos como hipertensión, alteración del sistema circulatorio, cefalea, dilatación de las pupilas y disminución de la capacidad auditiva. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualmente 360 millones de personas padecen pérdida de audición discapacitante.

Por otro lado, en el ámbito psicológico las consecuencias incluyen perturbación del sueño y del descanso, delirio, paranoia, estrés, fatiga, neurosis, depresión, efectos sobre el rendimiento y dificultades para la comunicación oral.

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