| 2012/11/16

Los increíbles

Tienen en común el liderazgo, el deseo intenso de transformar su entorno, la sociedad. Unos lo hacen generando espacios participativos; otros, impulsando talentos y entrelazando ideas y capacidades. Así son todos esos seres humanos creativos que están cambiando las situaciones que pueden llegar a ser caldo de cultivo de violencia e inconformidad.

Diferentes personas, que desde sus múltiples esfuerzos esperan cambiar su entorno
Diferentes personas, que desde sus múltiples esfuerzos esperan cambiar su entorno

Trueque de habilidades

Un niño de 5 años necesita una mesa. Va al banco, negocia con el gerente, que tiene 12, y este le propone que haga unas tareas en la biblioteca por una semana a cambio de la mesa. A su vez, en la biblioteca, la coordinadora trabaja por obtener una beca, y así sigue la cadena. Ese es el principio de los bancos del trueque, en donde el respaldo no es el dinero sino las habilidades de cada quien.

“Yo la llamo sostenibilidad afectiva”, asegura Jackqueline Moreno, directora de la Fundación Laudis Infantis. esta sicóloga caleña y sus compañeros crearon en 1999 el barrio Oasis, en la localidad de
Ciudad Bolívar, con la idea de que la superación de la pobreza no está en la caridad, sino en la idea de que
que todos tenemos algo que dar. Entrelazaron las habilidades, las necesidades y los talentos hasta el
punto de generar una comunidad sostenible en la que se respetan las negociaciones equitativas y se enseña a hacerse responsable de cada uno de los actos.

Trece años después, operan cuatro bancos del trueque, 3.200 familias están involucradas, 16.000 personas hacen trueques y 25 proyectos son coordinados por la comunidad. La entidad trabaja tres componentesesenciales: el fortalecimiento de la comunidad, la formación y la educación de sus miembros y la generación de ingresos. Recibe apoyo de fundaciones nacionales y extranjeras, universidades y entidades gubernamentales.

La directora dice que es imposible que vaya a la bancarrota porque tiene muchos talentos y sueños. Una de las cosas que más satisfacción le dan a Moreno es ver a los niños de entre 8 y 12 años en sus trabajos de ejecutivos, vestidos con sus trajes de bautizo y primera comunión, armando un plan de gobierno, organizando a la gente, aprendiendo a negociar. “Me hace feliz creer que es posible transformar
el país, llegar a una sociedad más justa y equitativa”, confiesa.     

Cero Corrupción

La transformación social y económica de Bogotá a finales del siglo pasado inspiró a Nicolás Hernández a trabajar en el campo social. “Empezamoscomo un grupo informal de profesionales y estudiantes. Éramos ocho que, durante la hora de almuerzo y los fines de semana, buscábamos estrategias creativas para frenar la corrupción”, recuerda uno de los fundadores la ONG Ocasa, que significa
verdad en lengua chibcha.

La organización nació hace nueve años como un proyecto colectivo que hoy es referente nacional e
internacional. Más de 3.500 jóvenes luchan contra la corrupción, en diferentes regiones de 23 departamentos del país. Cientos están empoderados para participar en las decisiones públicas, ejercen control social y proponen soluciones para el desarrollo de sus comunidades. “Uno de nuestros primeros proyectos fue trabajar con un grupo de jóvenes en Córdoba que hiciera veeduría a la construcción de una
importante carretera del municipio”, recuerda.

Durante las elecciones locales de 2011, Ocasa trabajó con cerca de cien candidatos a ediles en Bogotá para que le apostaran a la transparencia. Trabajar con jóvenes es una apuesta estratégica para acelerar
los cambios sociales. Hernández cree en firmemente que tienen un potencial especial para hacer que las sociedades evolucionen. “Lo hicieron en los sesenta con el movimiento de contracultura en el mundo; en 1990 lo hicieron en Colombia con la Séptima Papeleta, lo hicieron recientemente en Egipto y lo seguirán haciendo”.

Lazos familiares

Construir ciudadanía a partir de la familia, es la idea de la que partió Audes Jiménez González, presidenta
de la Asociación Prodesarrollode Familias (Aprodefa) y cofundadora y asesora general de la Red de Mujeres Afrocaribes (REMA), entre otras labores sociales que ha entretejido desde que tenía 19 años. “Es en la familia donde empiezan la participación en la sociedad y la toma de decisiones de todos; mujeres, hombres e hijos. En ella cada uno juega un papel”, explica.

A finales del siglo pasado, esta barranquillera, 14 mujeres y tres hombres de la zona suroccidental de
la capital del Atlántico empezaron a capacitar y educar a los de su comunidad en derechos humanos,,con el fin de incidir en las políticas públicas. Cada uno en un barrio convocaba a los diferentes miembros
de la familia y, a través de talleres y discusiones, comenzaron a trabajar propuestas conjuntas.

Primero llegaron las mujeres, luego los jóvenes y finalmente los niños. Después se unieron los grupos de cada barrio, de del departamento, la región y, recientemente, del país. Actualmente tienen 433 grupos de mujeres y la Red Juvenil Sur Occidente de Barranquilla, conformada por 23 grupos que hacen parte de Jóvenes para la Paz.Mantenerse unidos les ha significado ser escuchados y lograr soluciones reales a
sus problemas, como en 2004, cuando los candidatos más opcionados a la Alcaldía de la ciudad firmaron un compromiso tras recibir una propuesta con soluciones a necesidades puntuales.

Además, estas alianzas les han permitido trabajar en una misma propuesta con recursos diversos y ayudarse en los tiempos más violentos. “Me lleno de orgullo cuando veo cómo, en medio de las dificultades, el proceso sigue cogiendo fuerza. A pesar de la desesperanza, siempre encuentras hombres y mujeres que tienen tu marca, que luchan por valorarse como personas y entenderse
como parte de un país”, confiesa Audes.

El mánager de los talentos

Felipe Vergara tenía el modelo claro: invertir en la educación de estudiantes a cambio de un porcentaje fijo de sus ingresos futuros. En 2001, este barranquillero egresado de la Universidad de Los Andes conoció a Miguel Palacio, otro colombiano que investigaba cómo financiar jóvenes talentos. Un año después nació
Lumni, un modelo para financiar el capital humano que empezó a operar en Chile por la difícil situación económica que atravesaba Colombia.

“Es increíble que si el 70 % o el 80 % de la riqueza nacional está constituida por capital humano, existan
tan pocas alternativas y tan poca innovación para fomentarlo”, explica Vergara, quien revela que su apuesta por la inversión social también se debe a haber conocido a muchas personas con grandes capacidades que no encontraron una forma eficiente de
desarrollarse.

Lumni, que llegó a Colombia en 2005, se dedica a identificar jóvenes con alto potencial que no tengan la
posibilidad de pagar sus estudios; los apoyan y guían en todo el proceso, y luego, al graduarse, ellos aportan un porcentaje pequeño de sus ingresos por un tiempo limitado. Andrés Romero es un estudiante vinculado a uno de los fondos de responsabilidad social que la empresa ha creado con diferentes
compañías, trabaja en LAN Colombia como ejecutivo y al mismo tiempo es
concejal en Cajicá.

Con el modelo cambian tres aspectos principales de la financiación para la educación: el primero es que
se trata de una inversión y no de un préstamo; el segundo, el estudiante no necesita presentar ningún aval para tener acceso al dinero, y el tercero, los estudiantes financiados reciben orientación para reducir la probabilidad de deserción y para facilitar la inserción exitosa en el mercado laboral.

El modelo se ha extendido a México y Estados Unidos y ya son más de 3.000 los jóvenes que se han
beneficiado. “Es muy satisfactorio ver a los estudiantes graduarse, perseverar y encontrar oportunidades en diferentes áreas o hacer empresa, pero me alegra tanto o más que sean buenas personas. Parafraseando a Kennedy Sueño con un país en el que las personas piensen menos en cómo la sociedad los ayuda a ellos y más en cómo ellos ayudan a la sociedad”, dice Vergara.

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