| 2013/03/14

A tratar el agua

La falta de tratamiento del agua se está convirtiendo en un problema de salud pública y ambiental de proporciones gigantes.

Decenas de industrias todavía vierten  sus desechos en las fuentes hídricas, generando grandes problemas de contaminación.
Decenas de industrias todavía vierten sus desechos en las fuentes hídricas, generando grandes problemas de contaminación.

Uno de los grandes retos y problemáticas que tiene Colombia es el tratamiento de aguas residuales. Al no haber un sistema de tratamiento integral y pleno, el país está poniendo en juego la calidad del recurso y a su vez la salud pública.

Cuando una mujer lava su cara en las noches para quitarse el maquillaje y suciedad que tiene, por ejemplo, vierte al acueducto no sólo el mugre, sino el residuo de cosméticos y cremas que usó para hacer la remoción. O cuando una persona fuma y desecha las colillas a la calle, todos los químicos que ésta contiene llegan al acueducto. Al final, todos esos desechos llegan al mismo lugar: los ríos.

Además de la contaminación del río y todas las consecuencias ambientales que esto trae, el problema se agudiza si se tiene en cuenta que sólo el 31 por ciento de las ciudades colombianas cuenta con un sistema de tratamiento de aguas residuales, el cual,  en una proporción del 29 por ciento es primario, según la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Acodal). Es decir, que sólo se hace una remoción de los sólidos, pero no hay una un procedimiento donde haya una transformación química o física de las moléculas de agua.

Cartagena, única ciudad en el país con un tratamiento primario para el 100 por ciento de sus aguas residuales. Un caso a destacar, pero que también deja clara la precaria situación en todo el territorio colombiano.

Cifras reveladas por el proyecto ‘Todos por el agua’, mostraron que en 2012 en el país, cerca de 800 mil toneladas de contaminantes biológicos eran arrojados a las fuentes hídricas, pero únicamente 5 mil se retiraban.

Si se tiene en cuenta esto y que en general, la técnica de irrigación de los cultivos en el país consiste en aprovechar el cauce de un afluente, se podría afirmar que al final los colombianos están consumiendo alimentos con patógenos contaminantes. No obstante, utilizar este tipo de agua en los cultivos no es descabellado.

De acuerdo con la Organización de la Naciones Unidas para la agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) usar el agua tratada trae múltiples beneficios para los alimentos, ya que actúa como fertilizante. El agua de los ríos que ha pasado por un tratamiento tiene concentraciones más altas de nitrógeno, potasio y fósforo que son provechosas para las plantas. La cuestión está en qué tipo de agua se utiliza.
“El tema del tratamiento es la principal amenaza que tiene el agua actualmente”, afirma Ernesto Guhl Nannetti, director del instituto Quinaxi y ex ministro de medio ambiente. Para Guhl el país si bien tiene que afrontar los problemas causados por el cambio climático, el fenómeno del niño y la niña, su gran peligro está en el tratamiento.

Tratar de tratar

Dentro del ciclo del uso del agua hay tres fases. Por un lado, la conservación de ecosistemas, segundo el uso (doméstico, industrial, agropecuario) y por último, el saneamiento, conducción y tratamiento.
Así mismo, dentro de la fase de tratamiento hay  diferentes niveles. Un paso primario donde se retiran sólidos del agua, en el secundario hay un tratamiento biológico de la materia orgánica disuelta en el agua residual y se transforma en sólidos suspendidos que se eliminan fácilmente, y por último, en el nivel terciario, están los procesos de cloración y pulimento.

De acuerdo con Guhl, con respecto a la primera parte del ciclo, Colombia tiene buenos programas e iniciativas, sin embargo, cree que no debería haber minería en lugares como los páramos, ya que se pone en riesgo la sostenibilidad del recurso.

En términos de uso responsable del agua también el ex Ministro reconoce avances. No obstante, faltan más programas y garantías para su cuidado, ya que muchas empresas continúan desechando sus residuos a las fuentes hídricas o en el caso de la agricultura, esta se constituye como la actividad que más gasta agua, según un reporte de la World Wild Foundation (WWF).

Pero la piedra en el zapato es la fase de tratamiento. “No podemos hablar del tratamiento como una caja mágica donde entra el agua sucia y sale limpia. Cada proceso para limpiar el agua implica mayores costos. La pregunta es: ¿Qué tratamiento queremos?”, afirma el experto.

Sólo 354 municipios del país, es decir, el 33 por ciento, cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales, según el Estudio Nacional de Agua (ENA), y se estima que el 29 por ciento de estos no se encuentran funcionando actualmente.

A pesar de que el agua tratada nunca va a volver a ser 100 por ciento potable, de ser tratada adecuadamente, podría utilizarse en otros procesos y actividades maximizando los beneficios.

¿Quién paga?


De acuerdo con Acodal, la inversión en el país destinada al tratamiento de aguas residuales no representa el 1 por ciento de la destinada al agua potable. Si bien la primera necesidad es ofrecer agua potable y alcantarillado a los habitantes de las ciudades, si la “cobertura de alcantarillado aumenta, más descargas concentradas van a parar a las fuentes hídricas que ya presentan vulnerabilidad y déficit”, señala la entidad.

Por otro lado, la Ley señala que las alcaldías municipales son las encargadas de operar y mantener los sistemas de tratamiento de su jurisdicción, no obstante, el mantenimiento de estos sistemas es de aproximadamente 200 millones de pesos, lo cual resulta impagable para cabeceras municipales muy pequeñas.

Lo que se espera es que haya una política de Estado, la cual sea integral y empodere a las corporaciones o instituciones pertinentes para la operación y manejo de las aguas residuales. De lo contrario, no sólo se continuaría ejerciendo presión sobre las fuentes hídricas, sino que se comprometería seriamente la salud de los colombianos.

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