Dentro de las opciones para vivir se encuentran: cabañas, casas con tejado al estilo finlandés. Otras casas parecen barcos con las velas desplegadas, y otras se asemejan también a un templo hindú.

El verano en la costa este de la India es caluroso y polvoriento. A menudo el termómetro marca hasta 40 grados centígrados, y casi nunca cae por debajo de los 20 grados. La arena del desierto rojo atraviesa los pequeños caminos que conectan varios asentamientos. Se trata de Auroville, la “aldea global”, un experimento que comenzó hace casi cincuenta años. En aquella época no había mucho más que la arena rojiza. Hoy en día, los árboles de banyan, la higuera de Bengala y árboles de marañón dan sombra a unos 2.000 habitantes.

En Auroville, ninguna casa es como la otra. Los asentamientos son tan variados como las personas que allí viven: arquitectos, ecologistas e inconformistas. Algunas son simples cabañas, otras son casas con tejado al estilo finlandés, otras parecen barcos con las velas desplegadas, y otras se asemejan también a un templo hindú. Algunos habitantes construyeron sus casas al estilo de la escuela de arquitectura alemana Bauhaus.

Una idea utópica

La creación de Auroville se basó en la idea de la francesa Mira Alfassa, quien deseó fundar una ciudad de paz, un lugar donde la gente de todos los países del mundo pueda vivir junta y en armonía. El concepto fue también apoyado por la UNESCO a finales de 1966. Esta "aldea global" recibió su nombre en homenaje a Sri Aurobindo, un filósofo natural de India e instructor de yoga de Alfassa.

A la ceremonia de apertura asistieron representantes diplomáticos de muchos países y de los gobiernos de los estados indios, según el entonces residente Gilles Guigan, que todavía vive en Auroville. Cinco mil personas se encontraban en ese momento en la nueva ciudad en el sur del estado de Tamil Nadu, y muchos de ellos se quedaron.

Estos primeros residentes comenzaron a plantar árboles. De ahí, eventualmente, surgió uno de los proyectos de reforestación más ambiciosos en el mundo, subvencionado por el Gobierno de India y entre 1982 y 1987: recibió aproximadamente 100.000 de dólares. Hoy en día hay dos millones de árboles.

Para enfatizar la unidad con la naturaleza, el arquitecto Roger Anger había planeado originalmente una "ciudad del futuro" sin coches. Muy pocos carros transitan por el gran bosque. En los últimos años se han añadido varios vehículos eléctricos, algunos autobuses y un par de coches pequeños. Sin embargo, el ruido del motor de las numerosas motocicletas perturba la tranquilidad, y sus emisiones contaminan el medioambiente.

Descubrimiento de una vocación

Lalit Bhati vive en Auroville desde hace 14 años. El urbanista de profesión había oído hablar de la pequeña ciudad en el desierto durante sus años de estudio. Su primera visita la pudo realizar gracias a su primer empleo, después de su graduación. El objetivo era estudiar la gestión económica de la aldea. "Hablé con mucha gente y sentí que me inspiraba mucho" dijo. Le gustó la idea de Sri Aurobindo y Mira Alfassa de crear una comunidad “consciente”, donde las personas se entienden como aprendices y maestros en todos los aspectos de la vida. "Siempre busqué mi vocación, y estaba seguro de que abarcaría más que mi propia vida," dice Bhati. Para él fue un gran desafío colaborar en el desarrollo del concepto de planificación urbana de Auroville, y al mismo tiempo aprender la dinámica de la vida colectiva y comunitaria.

Cuando el holandés Jos van den Akker llegó a Auroville en 2001, la ciudad era considerada pionera en el uso de la energía solar y la construcción sostenible. Él ya tenía experiencia trabajando en la industria, y le pareció lógico quedarse. Sin embargo, no fue solamente la energía solar lo que más le llamó la atención. La vida en la comunidad, el compartir cosas y estar en contacto con las personas con las que se convive, fueron aspectos decisivos. "Tal vez es porque estoy solo. No tengo familia, y por ello me gusta vivir en comunidad".

No es oro todo lo que reluce

La vida no es siempre fácil. Supuestamente, todos los residentes deberían tomar las decisiones juntos y por consenso en una sesión plenaria. No existe un presidente o un delegado. "Si hay algo que se tiene que decidir, todos deben estar de acuerdo. Sin embargo, esto no es algo realista. Alguien siempre se opone y bloquea el resultado". Esto es ineficaz, y en definitiva difícilmente se logra decidir algo, dice Van den Akker.

"Sí, el proceso de tomar decisiones es muy lento", coincide Bhati. "A veces puede llegar a ser muy frustrante". Hace siete años se crearon pequeños cabildos de vecinos para atender problemas menores, como por ejemplo disputas entre los residentes. "Hasta una utopía no está libre de problemas", dice Bhati. Auroville es, en definitiva, un "laboratorio viviente", como lo expresó Alfassa, en el que las personas están expuestas a la misma evolución que en el resto del mundo. Este proceso está lejos haber sido completado, y probablemente nunca lo será.

"Auroville es única", dice la politóloga Karen Litfin, de la Universidad de Washington, que está escribiendo un libro sobre las llamadas eco-aldeas. En el mundo hay varios miles de ellas. Sin embargo, a pesar que Auroville pertenece a la "Red Global de Eco-aldeas”, es mucho más que eso. "Auroville es, sobre todo, una comunidad espiritual, y las actividades relacionadas con el medioambiente son el resultado de las enseñanzas de Sri Aurobindo."

Auroville no es una utopía en el sentido de un lugar perfecto, añade Litfin. "La humanidad no es perfecta, y Auroville fue creada por humanos. Pero nos esforzamos para que sea el mejor lugar que pudo haber creado la humanidad”.

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