| 2013/01/08

Ciencia en medio del paraíso

Seguramente no hay ningún otro centro de investigación ubicado en un lugar tan hermoso: los edificios de color salmón, repartidos en el generoso predio, están rodeados por espesos rosedales, los pájaros cantan y por donde se mire se ven pinos y amplias plantaciones de té y las montañas nevadas del Himalaya parecen estar al alcance de la mano.

El instituto fue fundado en 1984. En los últimos años el número de doctorandos creció vertiginosamente. El instituto forma parte de una red que concede becas a científicos provenientes de países en desarrollo.
El instituto fue fundado en 1984. En los últimos años el número de doctorandos creció vertiginosamente. El instituto forma parte de una red que concede becas a científicos provenientes de países en desarrollo.
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DW

El Institute for Himalayan Bioresource Technology (IHBT) se encuentra encima de la pequeña ciudad Palampur, a una altura de más de 1200 metros en el valle de Kangra – muy lejos del ruido y de la polución de algunas ciudades de la India. La urbe más cercana se encuentra a 200 kilómetros de distancia.

La mayoría de los investigadores viven en el mismo predio del instituto. “Aquí uno no se hace rico, pero se tiene una muy alta calidad de vida,” dice PS Ahuja, director del instituto. “¿Qué más se puede pedir?” Sólo hay que tener un poco de cuidado por la noche, porque ya se han visto leopardos, provenientes de los bosques aledaños, recorriendo el terreno que asemeja un parque.

Acorde al entorno del IHBT los científicos allí se dedican a fondo a la investigación de las plantas. Su meta es conservar la diversidad única del Himalaya. “Lo que faltó durante mucho tiempo fueron las informaciones sobre plantas que viven a distintas alturas”, dice Sanjay Kumar, biólogo del IHBT. “Ahora ya catalogamos todo. Sabemos cuántas y cuáles plantas crecen aquí y cómo se transforman”.

Kumar calcula que un 15 a 20 por ciento de los aproximadamente 9000 tipos conocidos de angiospermas del Himalaya están en peligro. Muchas de estas plantas tienen valor farmacológico y son a menudo cosechadas ilegalmente. El instituto intenta concientizar a la población local y crear reservas naturales para evitar así la tala incontrolada. Se les enseña a los campesinos a cosechar correctamente las plantas y así los consorcios farmacéuticos obtienen una fuente auténtica donde comprar sus hierbas curativas.

Hoy trabajan unos 50 científicos e investigadores y más de 100 doctorandos y estudiantes de biología en los laboratorios del IHBT. Aquí se analiza la transcripción de las informaciones genéticas de las distintas plantas. Los investigadores cultivan tejido para poder criar plantas como la Katuka (Picrorhiza kurroa), por ejemplo, que se supone es muy efectiva contra los males hepáticos. Se simulan distintas condiciones climáticas, como la sequedad, para poder comprender cómo sobreviven las plantas bajo situaciones de estrés.

El instituto fue fundado en 1984. En los últimos años el número de doctorandos creció vertiginosamente. El instituto forma parte de una red que concede becas a científicos provenientes de países en desarrollo. Investigadores de Kenia, Nepal, Afganistán y otros países pasan aquí un par de meses – y no vienen hasta aquí solo por la linda panorámica. “El instituto es relevante a nivel local y de importancia global,” dice Ahuja, director del instituto. “Nuestra investigación debe ser útil para la sociedad, la industria y el medioambiente.”

En los invernaderos industriales se cría bambú, lavanda y orquídeas, entre otras plantas. En los últimos años el enfoque ha estado puesto en lograr que los campesinos nativos cultiven plantas alternativas. “Muchos campesinos aquí siguen plantando arroz, aunque la zona es totalmente inapropiada para ello,” dice Sanjay Kumar. “Si se cultiva la planta adecuada, no solamente se obtienen mayores rendimientos e ingresos, sino que se aprovecha la tierra de manera óptima. “A los campesinos se les enseña la cría de rosas, desde el cuidado de la planta hasta la extracción del aceite. Se calcula que un litro del precioso aceite de rosas trae ganancias por valor de 5000 euros.

El instituto incluso cultiva su propio té, el famoso Kangra Tea. Por supuesto que es éste el que sorben los investigadores en sus pausas – otra razón más que hace del IHBT en Palampur uno de los lugares de trabajo más hermosos del mundo.

                                                               

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