Sudáfrica es uno de los países que mayores lecciones le han aportado al mundo sobre conflictos.

Las guerras parecen ser tan viejas como la humanidad. Los registros indican que la primera fue en 2.700 a. C. entre las ciudades de Sumeria y Elam, en Mesopotamia. Desde entonces, la historia parece ser una seguidilla de conquistas, sometimientos, masacres, ocupaciones, exterminios. Pero después de la Segunda Guerra Mundial y sus 50 millones de muertos, emergió una nueva concepción de la paz.

Ya no se trataba simplemente de enterrar las armas y dejar de pelear, sino de acabar con las causas que crean los enfrentamientos y construir sociedades en las que la guerra se vuelva un recuerdo. Para ello, países en los cinco continentes optaron por buscar la verdad, la justicia, reparar a las víctimas, llegar a más inclusión, reformar la economía, hacer gestos simbólicos de perdón, estimular la memoria histórica y abrir nuevos espacios políticos. Con la Ley de Víctimas, la Ley de Justicia y Paz y la Ley de Restitución,
Colombia ha dado pasos en esa dirección. Pero todavía hay mucho que hacer y es esencial aprender de las lecciones de otros países.    

Guatemala, un caso pendiente

La guerra en Guatemala fue una de las más largas y sangrientas del hemisferio occidental. Después del golpe de Estado en 1954 contra el socialista Jacobo Arbenz, se instaló un poder anticomunista y militar respaldado por la CIA. En 1960, un grupo de oficiales de izquierda se embarcó en un interminable conflicto interno contra el gobierno.

En 1982, el general retirado Efraín Ríos Montt dio un golpe de Estado. Apoyándose en escuadrones de la muerte, asesinó, desapareció y torturó a cientos de miles de personas. En 1983, después de un nuevo
pronunciamiento militar, se reinstaló paulatinamente la democracia. Las partes firmaron un acuerdo de
paz definitivo en 1996, después de una guerra que dejó 250.000 muertos y desaparecidos, muchos de ellos indígenas mayas. Lograron hacer una negociación unificada con todos los actores del conflicto presentes al mismo tiempo en la mesa.

Después del pacto se formó la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, para investigar los crímenes
de guerrilleros y agentes del Estado. En 1999 publicaron un informe final y recomendaron medidas generales de indemnización, determinar un día para recordar a las víctimas y seguir con las exhumaciones y el levantamiento de monumentos. En 2004, bajo el mandato del presiente Óscar Berger, se lanzó el Programa Nacional de Resarcimiento (PNR), que ha reparado a 30.000 víctimas. Aunque Guatemala se ha vuelto una democracia más sólida, no ha sido fácil cerrar las heridas de la guerra. El proceso sigue.

El Salvador, reconstrucción demográfica

El Salvador es uno de los cinco países más violentos del mundo. Tan solo en 2011, la criminalidad cobró la vida de 4.353 personas. Es la herencia de una sangrienta guerra civil entre 1980 y 1992 y un largo proceso de paz que, aunque ha sido exitoso, aún no logra superar definitivamente la violencia.

Des pués de décadas de dictaduras militares, en los setenta la agitación y la tensión política se hicieron cada vez más fuertes. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se formó en
1980 para unificar todas las fuerzas insurgentes de El Salvador. Durante diez años lideraron una lucha fallida que finalmente los llevó a firmar en México un acuerdo de paz con el gobierno. Se estima que
la guerra dejó cerca de 75.000 muertos, la mayoría civiles. La unificación de los
combatientes hizo posible un proceso de paz integral.

Con el acuerdo se pactó el cese al fuego y la reintegración a la sociedad de los alzados. La entrega de armas fue una de las partes más complicadas del acuerdo. Durante años, el gobierno y organizaciones
internacionales se dedicaron a recaudar y destruir armas, pero al menos 400.000 quedaron en la calle. Además, se reformó el Estado y se crearon instituciones para garantizar el pluralismo, la justicia y la
protección de los derechos humanos.

El FMLN logró llegar al poder en 2009 con la presidencia de Mauricio Funes. Irlanda, para atraer inversiones, firmaron acuerdos que solo les daban préstamos a empresas comprometidas con la no discriminación, reactivaron los lazos comerciales con la República de Irlanda e invirtieron en campañas
para desarrollar una cultura diversa en el trabajo.

Irlanda del norte, el impulso del privado

El odio en este país es algo visceral. En el siglo XVII los ingleses invadieron Irlanda, de mayoría católica, y la colonizaron con protestantes. En 1922, después de una guerra de independencia, la isla quedó partida entre la República de Irlanda al sur e Irlanda del Norte, vinculada al Reino Unido. Allí, al final de los sesenta, el conflicto interreligioso volvió a estallar.

Por más de 25 años se enfrentaron el Ejército británico, aliado con la Policía norirlandesa y paramilitares protestantes, y el Ejército Republicano de Irlanda (IRA). Después de 3.500 muertos, en 1994 se llegó a un cese del fuego y en 1998 las partes firmaron un acuerdo político de paz. El papel del sector
privado fue clave durante y después del pacto. El conflicto coincidió con altos niveles al desempleo, exclusión laboral y poca confianza.

Las grandes empresas llegaron a la conclusión de que la guerra era un pésimo negocio, entre otros, por
los problemas de imagen, los costos de seguridad y la fuga de mano de obra. A principios de los noventa, empresarios, sindicalistas y cámaras de comercio crearon el Fondo Internacional para Irlanda, para atraer inversiones, firmaron acuerdos que solo les daban préstamos a empresas comprometidas con la no discriminación, reactivaron los lazos comerciales con la República de Irlanda e invirtieron en campañas para desarrollar una cultura diversa en el trabajo.

Sudáfrica, primero la reconciliación

Vivir en Sudáfrica antes de 1991 era una pesadilla para las personas de raza negra. No tenían derechos.
Se imponía el apartheid, un violento régimen racista. En 1948, la minoría blanca, descendiente de los
colonizadores ingleses y holandeses, institucionalizó la segregación.

En 1991 se eliminó la última de las leyes del apartheid y tres años después ellas votaron por primera
vez. Le dieron un arrollador triunfo a Nelson Mandela, que pasó 27 años en la cárcel por su lucha política. El presidente puso las bases para una sociedad multicultural. Se aprobaron leyes para fomentar la igualdad
y se crearon las Comisiones de la Verdad, organismos de investigación oficiales encargados de indagar
sobre los abusos contra los derechos humanos.

Aunque todavía es difícil acabar con las desigualdades y el odio entre comunidades, Sudáfrica es un país en vías de desarrollo, con instituciones consolidadas.

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