La fábricas de cemento están entre las más contaminantes del mundo.
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DW

La construcción y el mantenimiento de los hogares consumen aproximadamente la mitad de la energía generada en todo el mundo. Por ende, la construcción utilizando métodos sostenibles es una de las estrategias más prometedoras para detener el cambio climático. Alrededor del 90 por ciento de la energía que consumen los hogares se utiliza en la calefacción y la refrigeración de los mismos. Una faceta del problema de alto consumo energético se debe a que los techos tienen un deficiente aislamiento térmico y los sistemas de calefacción son anticuados. Por otro lado, está la producción de materiales de construcción con procedimientos que demandan grandes cantidades de energía. Nuevos materiales de construcción podrían hacer posible que la construcción de viviendas se haga de manera sostenible.

La madera y el hormigón, dos materiales de construcción esenciales

La madera es el material de construcción por excelencia. La madera no solamente tiene excelentes propiedades de aislamiento térmico. Es sobre todo, por naturaleza, un almacenador de CO2: los árboles tienen la capacidad única de absorber dióxido de carbono durante la fotosíntesis y lo almacenan como carbono. De acuerdo a estudios científicos actuales, cada metro cúbico de madera es capaz de capturar hasta una tonelada de CO2. Mientras la casa se mantenga de pie, este carbono no llegará a la atmósfera. Según la organización HolzProKlima, una casa de madera prefabricada absorbe hasta 80 toneladas de CO2.

Otro material de construcción clásico es el hormigón y cuyo componente principal es el cemento. Según el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD), el cemento es el material de construcción más utilizado en el mundo después del agua. El cemento moderno contiene tres partes de silicato de calcio y una parte de arenas minerales. Para obtener el calcio se necesita quemar la piedra caliza a unos 1400 grados. A nivel mundial, la industria del cemento quema toneladas de combustibles fósiles para generar las altas temperaturas. Por otro lado, la piedra caliza libera una gran cantidad de CO2 cuando se quema. ¡Alrededor del cinco por ciento de las emisiones globales de CO2 van únicamente a la cuenta de la industria del cemento!

Para subsanar esta situación, los investigadores tuvieron primero que estudiar el hormigón firme a nivel atómico, explica Franz-Josef Ulm, profesor en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Ulm es un ingeniero conocido como uno de los principales científicos en la investigación del concreto. "Ahora que conocemos la estructura molecular", dice Ulm, “es posible substituir el calcio por otras sustancias, y evitar la emisión de grandes cantidades de gases de efecto invernadero". Los fabricantes de cemento están a la espera todavía, pero Ulm ve un futuro positivo: “ni bien los políticos decidan que las empresas generadoras de gases de efecto invernadero tienen que pagar por las emisiones, en muy poco tiempo tendremos productos muy diferentes en el mercado".

Cera que se derrite para combatir el calor

Otros materiales de alta tecnología pueden reducir las emisiones de CO2 de una manera indirecta. Estos mantienen las habitaciones frescas y pueden hacer que la utilización de acondicionadores de aire sea casi superflua. Financieramente también valen la pena, especialmente en edificios de oficinas de vidrio y acero que en el verano se convierten en verdaderos invernaderos si las unidades de refrigeración no funcionan a toda máquina.

Los investigadores del gigante de química BASF y el Instituto Fraunhofer han desarrollado un material aislante que absorbe el calor en lugar de transmitirlo. "El núcleo de la idea fue la capacidad de la cera de almacenar calor", explica Kresimir Cule, gerente de productos de BASF. El producto final se llama Micronal PCM. Se compone de pequeñas perlas de cera, que están cubiertas por una capa de vidrio acrílico. A partir de aproximadamente 26 ° C la cera microencapsulada se derrite, absorbe el calor y reduce la temperatura ambiente en hasta cuatro grados. Por la noche, cuando la temperatura baja, las perlas PCM se endurecen nuevamente.

La nieve como material aislante

Los lugares poco comunes requieren materiales inusuales. En el Ártico, desde los años 50 el iglú se ha vuelto obsoleto como vivienda. Sin embargo, en otros lugares, este material de construcción frío y libre de CO2 está haciendo furor. El austriaco Benno Reitbauer aprendió a construir iglús en el extremo norte de Finlandia. A 1400 metros de altura en las montañas del Tirol, él está construyendo poco a poco todo un pueblo a base de nieve. "La temperatura constante en el interior es de menos dos a cero grados", dice, "a primera vista no parece mucho, pero si afuera la temperatura es de -20 ° C, se siente muy bien". A Reitbauer le entusiasma principalmente la maleabilidad de este material de construcción. "Podemos construir un iglú de 6 metros de altura interior con muros firmes como el hormigón, pero también muebles con delicados relieves para el interior".

Construir a base de estiércol de vaca

os materiales de construcción son caros y los recursos son escasos, sobre todo en los países más pobres. De ahí que vale la pena reciclar. Por ejemplo, el estiércol del ganado. En muchas partes de África, se construyen muros y casas enteras mezclando estiércol de camello con barro y paja y se aplica a una estructura previamente trenzada. Pero también en ciertos países desarrollados como Alemania, todavía se construye con estiércol. En las tradicionales casas de madera, los espacios entre las vigas se rellenan con una mezcla de estiércol de vaca, cal y arcilla. "La construcción con barro tiene una tradición de 9000 años de antigüedad", dice Robert Kehl con entusiasmo. Cuando se trata de métodos tradicionales de construcción, el maestro albañil, con sus décadas de experiencia, es una especie de eminencia en el estado de Turingia. El experto Incluso recomienda revocar interiores con la arcilla que contiene estiércol ya que es muy útil para prevenir la formación de moho en los baños y otras áreas húmedas. "La vaca tiene un fermento en el estómago que destruye el moho. Hay que admitir que una capa de estiércol de vaca huele mal de cinco a siete horas", dice Kehl," pero una vez seco, ya no tiene olor".








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