Aún no se sabe por qué el aumento de la energía solar influye en la aparición del trastornos bipolar.
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DW

¿Es usted de los que cree que la alegría es proporcional a muchas horas de sol? ¿No ha conocido a gente que afirma sentirse mejor en días grises? Pues hay muchos mitos y prejuicios en torno a este tema que no están científicamente probados, asegura el profesor Michael Bauer, director del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia en la Clínica Universitaria de la Universidad Técnica de Dresden: "Es un mito que mucho sol sea bueno para evitar depresiones. Existe la llamada fototerapia, pero se aplica sólo a formas muy específicas de depresión. La mayoría de las personas depresivas no reaccionan a más sol como terapia".

Michael Bauer y un amplio e internacional equipo de colegas publicaron recientemente un estudio sobre la relación entre la luz solar y la aparición de los episodios maníaco-depresivos que caracterizan al llamado trastorno bipolar.

El trastorno maníaco depresivo, llamado hoy trastorno bipolar, explica Bauer, "es una enfermedad en la que las personas sufren repetidos episodios de manía o depresión. La depresión les provoca sentimientos de abatimiento, baja motivación, energía y concentración. La manía es lo contrario: euforia, ocurrencias exageradas, demasiada energía y disposición a asumir riesgos. Y este cuadro clínico se alterna en quienes sufren un trastorno maníaco-depresivo”.

A más sol, enfermos más jóvenes

El equipo en torno al profesor Bauer investigó historiales de más de dos mil cuatrocientos pacientes con diagnóstico de trastorno bipolar, una enfermedad que suele aparecer por primera vez en edades juveniles, antes de los 25 años de edad. Los datos abarcaron 24 localidades de 13 países, en latitudes que van desde poco más de 6 a poco más de 60 grados al norte y sur de la línea del Ecuador.

Las historias clínicas  de tres continentes –Australia, Europa y América– fueron asociadas con registros de la base de datos de parámetros meteorológicos y de radiación solar de la agencia estadounidense para la Aeronáutica y el Espacio, NASA. Santiago de Chile, Sao Paulo, Porto Alegre y Medellín, varias ciudades estadounidenses en California, Missouri, Minnesota y Massachusetts, ciudades canadienses, noruegas, alemanas, austríacas, polacas, italianas, francesas, españolas y australianas: ¿qué las asemeja y qué las diferencia?

“Hallamos que en todos los lugares en los que mucho más sol irrumpe de pronto, del invierno a la primavera, las personas presentan el trastorno maníaco-depresivo en edades más jóvenes. Al revés, cuando el cambio no es tan dramático, las personas son mayores, y esa diferencia es estadísticamente relevante”, aclara el doctor Michael Bauer.

No importa la latitud ni el continente

Sin embargo, los investigadores no hallaron estadísticas significativas para establecer una relación entre la aparición de la enfermedad y la latitud en que habita un paciente. No importa si se está más cerca o más lejos de la línea del Ecuador, si se vive en Europa, Norteamérica o América del Sur. Pues no se trata del total horas de sol que una región registra al año, sino del cambio drástico del invierno a la primavera, del incremento repentino de la energía solar, explica el psiquiatra alemán:

“Hay lugares, entre ellos uno en Noruega, uno en Chile y uno en California: allí esa relación es más dramática. Son lugares donde mucho sol irrumpe de pronto en primavera y allí vive la gente que más joven ha enfermado de trastorno maníaco-depresivo. En otras regiones sudamericanas que investigamos en Brasil y Colombia, o en España, Alemania y Francia, aquí en Europa, no hallamos esa relación. O sea que no tiene que ver con el continente o la latitud, sino con el incremento de la irradiación en determinados lugares”.

La explicación de esta relación estadística entre el aumento de la energía solar y la edad de aparición de trastornos maníaco-depresivos sigue pendiente. La investigación de la influencia de los llamados “factores ambientales” –lo mismo climáticos, que del entorno familiar o social– sobre la aparición de enfermedades psiquiátricas es todavía insuficiente, explica el doctor Michael Bauer. Por lo pronto, su equipo planea ampliar este estudio a otras regiones, para afincar sus resultados.

Los resultados actuales, sin embargo, pueden contribuir ya al diagnóstico y tratamiento de enfermos y personas de riesgo, entre los que se incluyen tanto hijos de pacientes maníaco-depresivos, como nuevos casos sin antecedentes familiares, insiste este internacionalmente reconocido psiquiatra de Dresden: “En determinadas localidades donde la irradiación solar aumenta drásticamente, no podemos evitar que brille el sol, pero es importante que los médicos sepan que existe esta relación y estén especialmente atentos a las personas con alto riesgo de enfermar. Y quizás deberíamos  reducir la exposición directa a una fuerte irradiación solar, en primavera, de estas personas con alto riesgo de presentar un trastorno maníaco depresivo”.

                                                               

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