| 2013/05/26

La opción B del mercado

Comenzó en EU.UU. por cuenta de un tema legal y hoy, además de encontrarse disponible en doce estados de ese país, está presente en varias regiones del mundo. Se trata de las empresas B, un nuevo modelo para hacer negocios.

De atrás a adelante: César Riffo, Gonzalo Muñoz, Bart Houlahan, Claudia Martínez, Ricardo Abramovay, Yolanda Kakavadse, Camilo Jaramillo, Pedro Tarak y María Emilia Correa.
De atrás a adelante: César Riffo, Gonzalo Muñoz, Bart Houlahan, Claudia Martínez, Ricardo Abramovay, Yolanda Kakavadse, Camilo Jaramillo, Pedro Tarak y María Emilia Correa.

Hace 13 años, los creadores de la compañía de helados Ben&Jerry recibieron una orden judicial por parte de  la Corte Suprema de EE.UU.: vender su empresa a Unilever por una jugosa cifra, aunque ellos no quisieran.

Ben Cohen y Jerry Greenfield no tuvieron cómo demostrarles a sus accionistas que el uso de materiales orgánicos, el buscar una producción sostenible de los lácteos y el pagar de manera justa a los campesinos les haría ganar más dinero del que ofrecía la multinacional; por ley, la misión de una empresa es maximizar las utilidades para sus accionistas. Entonces, debían vender.

Esta misma situación la vivieron tiempo después Bart Houlahan y Say Coen, quienes se vieron obligados a vender su compañía de ropa deportiva porque su intención de resolver problemas ambientales y sociales no era lucrativa. Estos dos inquietos empresarios decidieron, en consecuencia, buscar una figura legal que les permitiera crear la empresa que querían: una que ofreciera soluciones a las dificultades de la humanidad y del planeta. De esta manera, nacieron las B Corps (empresas B), que hoy tienen un sustento legal en 12 estados del país del norte.

Con esa misma idea de contradecir las bases del capitalismo estaban varios emprendedores de Colombia, Argentina, Chile y Brasil; así que al enterarse de la existencia de las empresas B decidieron replicar el modelo en Sudamérica, teniendo en cuenta el contexto y la cultura de la región.

El primer paso fue llamarlo Sistema B y, en seguida, haberse comprometido a crear una comunidad de empresas que generara un movimiento global para solucionar problemas sociales y ambientales a partir de los productos y servicios que comercializan; así como desde las prácticas laborales, ambientales y de relaciones con sus comunidades, proveedores y diferentes públicos de interés.

Las empresas que quieran ser parte del sistema deben pasar por un riguroso proceso de certificación que analiza todas las dimensiones de la compañía, el mismo que realiza Global B Lab para entregar su certificación.

Como lo señalan sus impulsores en la región (ver entrevistas de las páginas siguientes), ‘ser B’ cuenta con múltiples beneficios para las empresas: tienen nuevos clientes y mercados, generan relaciones comerciales con otras compañías certificadas, son proveedores de grandes organizaciones y, sobre todo, son empresas que no compiten por ser las mejores del mundo. Su propósito es ser las mejores para el mundo, como dice su lema.

La dupla transformadora

Las dos llevan décadas trabajando por la protección del medio ambiente. La abogada María Emilia Correa lo ha hecho desde el sector empresarial y fundacional, donde se desempeñó en altos cargos directivos; y la economista Claudia Martínez, desde la banca multilateral y el sector público (fue viceministra de Medio Ambiente). Hoy son las principales abanderadas en Colombia y en toda la región del Sistema B. Semana Sostenible habló ellas.

S.S.: ¿Por qué Sistema B puede considerarse una innovación social?
C. M.: Para que una propuesta se considere como una innovación social debe tener principios de aplicabilidad, escalabilidad y replicabilidad. Es decir, que dicho proyecto se masifique, se haga realmente social y genere entornos. Eso hacen las Empresas B. Por ejemplo, Hybrytec en Colombia maximiza el uso de energía solar.

S.S.: ¿Por qué se llamaron ‘Sistema B’?
C.M.: No vemos esto como algo solo de empresas por empresas. No queremos casos aislados. Nuestro propósito es ser una comunidad de compañías que funcione como un sistema. Una plataforma  de mercados, investigación y transferencia de conocimientos.  Un sistema integrado de pensamiento.

S.S.: ¿Todas las empresas pueden ser “B”?
M.E.C.: Cualquier empresa que logre la unanimidad de sus socios o accionistas, y redefina su propósito, puede ser una Empresa B.

S.S.: ¿Por qué Sudamérica como punto focal de Sistema B?
M.E.C.: Todos los fundadores estábamos aquí. Nos conocíamos de antes y llevábamos años en búsqueda de un cambio, de nuevas formas de acción. Por eso, en principio, nos enfocamos en nuestra región, pero lo pensamos como un movimiento global que ya está traspasando fronteras. Este modelo comenzó en Estados Unidos, lo adoptamos en Sudamérica y hoy día ya está en países como Mongolia.

S.S.: ¿Cuál es el potencial “B” en Colombia?
C.M.: El potencial del Sistema B en el país es inmenso. Es necesario promover a las empresas y emprendedores sociales que identifican una oportunidad desde las potencialidades de Colombia, y con creatividad y coraje la llevan adelante convirtiéndose en agentes de cambio. Actualmente existe un número importante de empresas que se distinguen por su capacidad transformadora; tienen presencia cada vez más relevante y, lejos de ser una anécdota ocasional, constituyen un movimiento creciente de empresarios con espíritu B.

Un personaje inspirador

Semana Sostenible estuvo en Argentina con Pedro Tarak, cofundador de Sistema B y un convencido de la necesidad que cobra la evolución de la economía hacia un modelo que integre el lucro con lo social y lo ambiental.

La cita era en Tea Connection, un hermoso restaurante de comida natural en el barrio Belgrano de Buenos Aires. Nunca nos habíamos visto y, justo antes de nuestro encuentro, cuando le pregunté cómo haríamos para reconocernos, me respondió con su acento porteño: “No te preocupés, que ya sabremos quiénes somos”, y así fue. No dudé ni un segundo que el señor que leía el periódico solo, en una de las mesas del lugar, era Pedro Tarak, el personaje por el que había viajado hasta el país gaucho.

El “ya sabremos quiénes somos”, iba mucho más allá del simple hecho de reconocernos. Solo el sitio del encuentro ya hablaba de la convicción que tiene Pedro por ser un elemento transformador en lo que él llama esta ‘era de la sustentabilidad’.  Y también de la coherencia que transmite con su ejemplo de vida; el restaurante tiene excelentes prácticas sostenibles y está en el proceso de certificarse como Empresa B, es decir, hace parte de una de las comunidades que integra el Sistema B del cual este argentino -de sonrisa contagiosa y encantadora- es cofundador.

Mientras nos tomábamos un licuado, me contó la manera en la que hace poco más de año y medio, en una de esas reuniones de amigos en las que se habla de cosas trascendentales y  se busca cambiar el mundo, se les ocurrió adaptar la idea norteamericana de las B Corps para Sudamérica. “No sabíamos si estábamos muy locos o valía la pena llevar a cabo esta apuesta”, afirma.

Había  pasado casi hora y media de nuestro encuentro cuando dijo “el capitalismo debe evolucionar hacia otra cosa. Hacia algo que integre lo social y lo ambiental con el lucro”. Esta revolucionaria frase me hizo interrumpirlo y preguntarle cómo ve el sistema económico actual. Me explicó, entonces, su teoría de las cinco transiciones, que apuntan a una economía basada en lo renovable, en el uso sustentable de la biodiversidad, en la finitud de los recursos naturales, en reutilizar los residuos y en distribuir el poder y los recursos.

Tres horas después de conocernos, o más bien, de que yo supiera cómo piensa Pedro Tarak, caminábamos por Belgrano. Mientras me contaba la historia del barrio donde vive, sin descuidar detalles importantes para un amante de la sustentabilidad como las políticas de  arborización o la apropiación del territorio, pensé que aunque dice que nunca quiere convencer, su vehemencia termina contagiando y enamorando a cualquiera de la idea de cambiar el mundo.


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