Los robots de combate cada vez tienen más autonomía.
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DW

La maniobra, a primera vista, no resulta espectacular. Un jet de combate se eleva de un portaaviones norteamericano. Lo que no se aprecia en el video del Pentágono de los Estados Unidos es que el jet modelo X-47B no tiene cabina de pilotos. Se trata de un “dron”. La Marina estadounidense declaró este primer lanzamiento un hito, y que se trata de un paso más en el camino para conseguir sistemas armamentísticos no tripulados más autónomos.

Presión militar

Más de 70 Estados utilizan actualmente aviones no tripulados, o “drones”. Estos equipos pueden explorar áreas, buscar objetivos y, opcionalmente, eliminarlos. La decisión para ello proviene de personas… Por ahora. Lo cierto es que la influencia de los seres humanos en la tecnología va cada vez a menos. Por el momento, las personas dan órdenes a los drones a una distancia segura, pero los aviones cada vez actúan de forma más independiente. Ya hoy se pueden programar para que se muevan de forma completamente autónoma. Los Orontes X47B se encuentran en fase de prueba, pero una vez que estén listos para su uso podrán llevar a cabo misiones de largo alcance sin la asistencia del hombre.

Todavía no existen drones que funcionen de forma totalmente autónoma, lo que se daría en llamar “robots de combate”: de momento, la decisión de lanzar un ataque o no queda en manos de las personas. “No obstante, es posible que a causa de la presión militar se introduzcan finalmente los sistemas autónomos”, dice Jürgen Altmann. El físico e investigador de la universidad técnica TU Dortmund es cofundador del Comité Internacional de Control de Armas Robot (ICRAC, por sus siglas en inglés), una organización no gubernamental que fomenta la discusión sobre los límites de este tipo de armamento.

¿Lógico?

Desde el punto de vista militar, el paso hacia los soldados mecánicos es lógico: los robots controlados a distancia no se cansan, y pueden llevar a cabo maniobras más arriesgadas de las que realizaría un ser humano, cuya vida peligraría en estos casos. Asimismo, los sistemas de control remoto también tienen sus límites en comparación con los sistemas autónomos: la comunicación entre el sistema y la persona que da la orden puede costar algunos segundos que podrían ser decisivos en el éxito o fracaso de una misión.

El Ministerio de Defensa estadounidense ha expresado en una declaración de estrategia que sus esfuerzos están dirigidos a que en 20 o 30 años, estos sistemas dispongan de un mayor grado de autonomía. Y Altmann está seguro de que EE.UU. no es el único país con estos planes: “Otros fabricantes de armas seguirán este ejemplo, y con ello, al final, parte de las fuerzas armadas combatirá de forma totalmente automatizada.”

Destacando los riesgos

Para evitar una carrera armamentística, ICRAC y otras organizaciones internacionales no gubernamentales han puesto en marcha su campaña “Stop killer robots” (“Detener a los robots asesinos”) con el objetivo de fomentar la prevención en el desarrollo, producción y misión de robots de combate autónomos.

La política del partido de Los Verdes Agnieszka Brugger está de acuerdo con esta idea: “Haríamos bien en no seguir a ciegas esta dinámica armamentística, sino reflexionar sobre cómo se puede poner en el punto de mira los riesgos de esta tecnología”. En las condiciones actuales, estos robots no son capaces de distinguir entre combatientes y civiles. Además, Agnieska Brugger y Jürgen Altmann coinciden en que la separación entre los soldados y la batalla podría reducir las inhibiciones de los mandatarios a la hora de lanzar ataques.

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