Ezio Manzini.

A pesar de haber viajado 36 horas desde Italia hasta Colombia, Manzini sigue sonriente al empezar la entrevista.  Entre italiano  e inglés se va armando una conversación  tranquila, la última  que dará ese día, a las 7 de la noche en hotel de Chapinero. Está en el país invitado por la Universidad del Norte en el marco de la Cátedra Europa 2013.

Reconocido arquitecto y profesor ha dedicado su carrera a encontrar la manera de implementar  diseños sostenibles.  También es el fundador del Design  for Social Innovation Towards Sustainability, (o Desi por sus siglas en inglés), una red de ‘laboratorios’  ubicados en distintas universidades en todo el mundo, dedicados a unir personas e ideas dirigidas al cambio. Cree que  en cualquier lugar del mundo  se pueden encontrar objetos e ideas que permitan cimentar una sociedad sostenible

SEMANA SOSTENIBLE: ¿Qué proyecto enfocado hacia el diseño sostenible es el que más ha llamado su atención en Colombia?

EZIO MANZINI: Hace 24 años vine a Colombia por primera vez,  específicamente a Medellín. En ese momento me impresionó que era peligroso salir del hotel a cualquier lugar; a la calle, a un restaurante,  hasta a caminar. Volví a Medellín hace tres años y me encontré con una ciudad transformada y con unas soluciones brillantes a los problemas arquitectónicos y de movilidad como  el cable,  las escaleras eléctricas en las comunas o las librerías de las mismas comunas. Para mí este tipo de cambios muestran  que lo más importante son las capacidades inexploradas de  cada persona.

Para mí Medellín es un símbolo de cómo una ciudad puede reversar la dirección negativa hacia la que iba, corregirse y llegar a ser lo mejor que puede ser.

S.S:   En varias entrevistas  ha dicho que la innovación social ocurre cuando el diseño crea plataformas que luego ayudan a generar ideas que las personas entienden y reconocen. ¿Sigue pensando esto?

E.M: Creo que el diseño y la tecnología están ligados. Para mí  el diseño se divide en dos: la parte que genera sentido que es quién lo hace, y la parte que genera soluciones que es la tecnología que esa persona o personas implementan.  En sus orígenes, el diseño estaba motivado por la tecnología:  por producir. Luego vino un cambio  y el diseño empezó a preocuparse por dar sentido a las cosas y permitir que objetos y edificaciones pudieran ser parte de la vida de la gente.

También pienso que ese tipo de transformaciones, las  que se enfocan en cómo acceder a las personas, también se pueden dar en lo social. En la manera en cómo las personas organizan su vida. Cuando alguien ve la necesidad de hacer esa transformación  se genera un  cambio esencial.

Pensando en esto todavía pienso que la innovación social se basa en el diseño y su relación con las personas.  El diseño, entendido así, crea ´puentes´ y genera nuevas soluciones basado en la tecnología y genera productos-servicio, que son la clave de todo esto.

S.S: Usted también ha hablado de buscar una ´nueva belleza´ en las cosas basándose en esas cualidades inexploradas de las personas, de una ´poética´ de la sostenibilidad. ¿A qué se refiere con esto?

E.M:  Cuando las personas, como le explicaba antes, cambian su comportamiento lo hacen motivados por distintas razones, pero, generalmente, no lo hacen a menos que se vean obligadas a hacerlo por una gran catástrofe o por alguna razón de peso mayor que los obligue a cambiar, a repensar su vida, sus hábitos.

A veces, sin embargo, cuando alguien cambia porque quiere, porque le gusta, ahí es cuando se ve la verdadera innovación social; ahí vemos cómo surge en alguien una nueva estética. 
 
Le puedo dar un ejemplo: si alguien decide no tener un carro es porque  entiende tener un carro como lo opuesto a lo que, en teoría, entendemos por tener un carro: que es tener la libertad para movernos a donde queramos. Esta persona descubre que, tal vez, es más libre y más feliz moviéndose de otra manera como, por ejemplo, en bicicleta.  Y este tipo de descubrimiento es el que cambia la forma de vida de las personas, del mundo y de su estética. Porque son descubrimientos que, al final del día, te permiten ver  que puedes ver la vida de otra manera y vivirla de una forma que, a tu parecer, es  mejor y más bella.

La ´poética´ de la sostenibilidad es, a fin de cuentas, una nueva motivación cultural, un tipo de motivación que realmente energiza a las personas y les permite explorar otras cualidades diferentes a las que están acostumbradas.

S.S: Y esas cualidades, ¿qué más le permiten a las personas?

E.M: Les permite buscar mejores relaciones.  Y hablo de relaciones con el mundo. Por ejemplo: si usted  escoge ir a un mercado  de comida orgánica tiene una relación más intensa con la comida que está ahí, que ha sido cuidadosamente cultivada, y con las personas que la venden y la compran. En cambio, si usted va a un supermercado normal, puede que haya más cantidad de productos, pero la relación no es la misma.

Todo esto pertenece a la idea de que la gente viva su vida más introspectiva y reflexivamente y no de la manera rápida y acelerada a la que estamos acostumbrados. Al final,  si lo que se quiere es entablar buenas relaciones con todo, con el mundo en el que vivimos, necesitamos tiempo, es una realidad.

Por eso cuando hablo de cualidades hablo de cualidades disruptivas, que vayan en contra de lo mainstream.

S.S: ¿A qué se refiere con lo mainstream?

E.M: En el mundo occidental lo mainstream  ha sido entendido como trabajar para obtener dinero  y solo los ratos libres son considerados tiempo de calidad.  A todos nos gusta ser perezosos, claro, pero también podemos trabajar en cosas que entendamos por tiempo de calidad, disfrutar lo que hacemos y generar un cambio. 
 
Vuelvo a mi punto de crear una nueva cultura, con un nuevo tipo de cualidades en cada persona. Es lo que hago con mis diseños sostenibles: explorar nuevas cualidades y luego, diseñar algo estético y al servicio de las personas. Es por eso, también, que fundé Devis. En Devis no solo tenemos los laboratorios de diseño sostenible, sino también las charlas sostenibles.

S.S: Y para usted, ¿qué es lo más importante  de la Sostenibilidad?

E.M: La Sostenibilidad encuentra sus principios, los más importantes, en la ecología. Y la ecología, entendida desde el diseño, es la capacidad de varios elementos diferentes de coexistir es decir, la diversidad.

Esa es la palabra clave: diversidad. Porque en la diversidad está todo. La idea de la sostenibilidad y de la  verdadera innovación social es entender, en gran parte, que no se puede tener una sola visión es más, no se puede tener una sola cosa de nada. Se necesitan muchas cosas para generar cambios efectivos.  Tenemos que mantener la diversidad. No solo por la diferencia de ideas y visiones, sino por la oportunidad y la necesidad de mantenernos conectados.

En Colombia, aunque sea difícil, existen tradiciones  ancestrales que todavía viven: eso es diversidad.
La pregunta esencial en todo el tema de la innovación y la sostenibilidad es: ¿Qué va a pasar en el mundo?

La respuesta, creo yo, es: no sabemos, pero lo esencial es mantener la diversidad y saber hacer el salto de una diversidad pasada, a la diversidad de ahora que es abrumadora.

S.S: Y esa diversidad de ahora, ¿Cómo cree usted que podemos enfrentarla?

E.M: Con resiliencia. Es decir, con la capacidad de mantener las diferentes culturas ayudándoles a moverse de lo local a lo global.

Para lograr eso necesitamos explorar el coworking, que es una manera de potenciar la innovación.  El Coworking  se divide en tres: los SILabs, que son lugares donde diferentes socios pueden conocerse y mostrarse sus ideas fácilmente. Las ´Incubadoras´, donde alguien puede ayudar a crear un nuevo proyecto; y los espacios de coworking, que es donde se promueve la interacción entre diferentes compañías.

Estos lugares son clave porque allí se pueden gestionar proyectos que pueden ofrecerse a entidades públicas.  Para las entidades públicas es difícil innovar porque tienen reglas establecidas, inertes. Pero si se llega con una idea concreta la pueden usar.

Estos lugares también son importantes  porque solo allí se tiene la libertad para fallar. Para cometer errores y volver a empezar.

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