Desde su primer periodo en la alcaldía Mockus se preocupó porque los bogotanos aprendieran a vivir en comunidad.

Muchas personas piensan que la cultura ciudadana duró mientras Antanas Mockus fue alcalde de Bogotá y que ahora reposa en el baúl de los recuerdos. Sin embargo, la cultura ciudadana se mantiene vigente en la Corporación Visionarios, un centro donde trabajan más de 30 profesionales de diferentes disciplinas. Henry Murrain Knudsen, director de proyectos de Corpovisionarios, se ha convertido en la mano derecha de Antanas Mockus. Desde 2005 se desempeña como director de proyectos de la corporación.

Murrain se entusiasma cada vez que toca el tema de la cultura ciudadana. Por un lado, le encanta desenmascarar mitos. Señala, por ejemplo, que la seguridad en Bogotá comenzó a mejorar cuando Mockus impuso la cultura ciudadana en 1994. “Veníamos del año más violento en la historia, que fue 1993”. Entre paréntesis señala que el día más violento de aquel año más violento fue la noche de la celebración del 5 a 0 a Argentina. Eso desbarata el tema de que el conflicto armado es la principal causa de violencia. “En Colombia los homicidios suelen estar íntimamente ligados al alcohol, a la manera como nos divertimos. El 96 por ciento de homicidios tienen que ver con riñas y celos”. Por ese motivo, recuerda Murrain, Mockus adoptó la hora zanahoria y también planteó la noche de las mujeres.

La Hora zanahoria nació para contrarrestar un indicador contundente: la mayoría de homicidios en Bogotá ocurrían entre las 7 de la noche y las 2 dos de la madrugada. Otro dato era que por un homicidio cometido por una mujer, los hombres cometían 13. Por una mujer judicializada había 15 hombres.  A Mockus se le ocurrió algo muy particular; invitar a los hombres a no salir a la calle pero, si querían hacerlo, podían escribir su propio salvoconducto. “El 8 de marzo de 2001 Bogotá jugó a la noche de las mujeres y como resultado no se cometió ningún homicidio”.

Otro caso muy recordado es el de los mimos en los cruces peatonales. No fue una ocurrencia lúdica sino el resultado del análisis de unos datos que mostraban dos realidades. La primera, que gran parte de los trancotes obedecían a los carros que quedaban bloqueados en los cruces de las calles importantes, que hoy están pintados con una cruz amarilla. ¿Qué había antes de estas intersecciones? Los pasos peatonales o cebras. Al invitar a respetar las cebras, se despejaban en gran medida las intersecciones y, de paso, se atacaba otro problema, que era la gran cantidad de peatones atropellados por conductores que no respetaban las cebras.

Corpovisionarios trabaja desde hace varios años en toda Colombia y diversos países del mundo en programas de derechos humanos, cultura de la legalidad, cultura académica y seguridad Industrial, por sólo citar algunos. Otro de los temas más importantes que hoy trabajan y que explica la mecánica de la cultura ciudadana es el programa de violencia intrafamiliar, que busca reducir los índices de este tipo de violencia en distintas regiones del país.

El programa nació en Barrancabermeja, donde los estudios determinaron que había cinco temas cruciales que debían trabajarse. En talleres en los barrios detectaron que para la comunidad el más grave era la violencia intrafamiliar. De las tres modalidades de violencia intrafamiliar. 68 por ciento de los casos eran de  violencia de pareja y, de estos, 91por ciento de hombre contra mujer. El factor más frecuente no es el alcohol sino los celos. Descubrieron que los programas tradicionales sólo manejan estrategias con la víctima, o sea la mujer. Por esa razón, para atacar el problema estudiaron la lógica de los agresores y descubrieron que, entre más atravesados están por el estereotipo del macho alfa que vigila, menos hablan, menos se desahogan. Dedujeron que una posible solución era crear un “call center” que operaba las 24 horas al día para que los hombres celosos pudieran hablar de su problema. Como resultado de lo anterior, en Barrancabermeja el primer año bajó la tasa de casos de violencia entre parejas en 34 por ciento y 50 por ciento al año siguiente. Este programa se está replicando en varios municipios de Colombia.

En Ciudad de México detectaron que los conductores no utilizan con demasiado juicio el cinturón de seguridad, y contrataron minusválidos que estaban en los semáforos. Cuando se detenía el tráfico y veían a un conductor sin el cinturón puesto, se le acercaban en su silla de rueda y le entregaban un volante que decía: “Yo tampoco utilizaba el cinturón de seguridad”.

El secreto de la cultura ciudadana, recalca Murrain, consiste en actuar con base en estudios técnicos muy rigurosos, y hacerlo a través de una acción sencilla, un símbolo muy preciso, muy minimalista. “La cultura ciudadana se parece más al arte que a la publicidad”. Dice que el cambio cultural no se logra sin romper rutinas, sin desfamiliarizar lo familiar. “La cultura ciudadana logra que la gente piense en algo en que antes no pensaba”.

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