Al comienzo del año pasado, la Alcaldía de Bogotá anunció el proyecto de urbanización del Borde Norte de la ciudad, que comprende la Unidad de Planeamiento Rural (UPR), la Reserva Thomas Van der Hammen (TVdH) y el área del Plan de Ordenamiento Zonal (POZ Norte), ahora llamado Lagos de Torca (Figura 1). Así pues, la administración distrital incluyó a la reserva y a la UPR en lo que hoy en día conocemos como Ciudad Norte: un proyecto que equivale a decenas de planes parciales y cuya ejecución tomará varias décadas.

Si se materializa este proyecto, acabaría de raíz con la ruralidad que queda en el norte del Distrito Capital y, según varios científicos, fragmentaría de forma irreversible los ecosistemas de los Cerros y el río Bogotá, al conurbar definitivamente a Bogotá con Cota y Chía.

Figura 1. Elementos constitutivos del Borde norte: UPR, POZ Norte y RFRP Thomas van der Hammen. Elaboración propia con base en información pública.

Al no existir una versión final de la propuesta de urbanización por parte de la alcaldía, ni una socialización oficial de lo avanzado, como Observatorio de Conflictos Ambientales hemos venido construyendo el análisis sobre retazos: nos enteramos de los planes de la administración a través de Facebook y Twitter, por investigadores independientes, y ocasionales intervenciones públicas del alcalde. Entonces solicitamos una entrevista para este artículo, en la cual el gerente de Ciudad Norte, Juan Camilo González, manifestó que aún no se puede precisar la fecha en que se conocerá la propuesta de manera oficial.

Hasta el momento solo se conocen renders, mapas y presentaciones que muestran una Ciudad Norte compuesta por grupos de edificios homogéneos y parques, en lo que legalmente está destinado a ser un espacio de conservación, preservación, restauración y producción sostenible. No existe un concepto científico que avale estas proyecciones, y está claro que contravienen decisiones de CAR, Ministerio de Ambiente y Consejo de Estado.

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Se pueden distinguir dos propuestas de la alcaldía que, aunque podrían confundirse con modificaciones al proyecto inicial, tienen implicaciones para la conectividad ecológica espacial y funcional, que hacen necesario revisarlas como dos propuestas independientes. Para fomentar una amplia discusión sobre lo que está en juego al Borde Norte de la capital, decidimos presentarlas en este espacio para que puedan ser debatidas públicamente.

Propuesta 2016

La propuesta que se presentó a comienzos del año pasado, comprendía un conjunto de seis corredores verdes de menos de 200 metros de ancho, entre el límite oriental de la UPR y el río Bogotá, una franja alrededor del bosque de Las Mercedes hasta el río y otros corredores aún más estrechos, que conectan con los cerros. Conviene señalar que además de la UPR, el POZ y la Reserva TVdH, se contabilizan varios polígonos mixtos como área verde, y que los espacios de recreación activa que se pueden observar no son aptos para fomentar la conectividad ecológica.

El POZ Norte contempla dentro de su estructura suelos de protección (Figura 2), para permitir la conectividad entre los cerros y la sabana a través del humedal Torca-Guaymaral. Sin embargo, los diseños que ha presentado la alcaldía (Figura 3) muestran obstáculos graves a la conectividad, como parques con senderos y construcciones que son atravesados por grandes avenidas, incluida la Autopista Norte elevada, que tal como está planteada podría exacerbar la fragmentación con un gran muro entre los sectores oriental y occidental. Así las cosas, podría llegar a haber conectividad hidráulica pero no faunística.

Figura 2. Diseño vial y de ‘corredores verdes’ inicial del proyecto Ciudad Norte y POZ Norte incluido en varias presentaciones de la administración. Elaboración propia con base en información pública.

Figura 3. Tomada de la revista de la Alcaldía “Bogotá lista para la gran transformación”.

Propuesta 2017

Tras ser citado varias veces a debate de control político, el 25 de abril de este año el alcalde Peñalosa presentó en el Congreso de la República una propuesta distinta a la que se manejaba en 2016. Aunque no existe un documento oficial, en la presentación se pudo ver que se redujeron los seis corredores verdes a tan sólo dos principales: la cancha de golf del club Los Arrayanes y la pista del aeródromo de Guaymaral (Figura 4).

Figura 4. Diseño vial y de ‘corredores verdes’ del proyecto Ciudad Norte y POZ Norte (segunda versión). Elaboración propia con base en información pública.

¿Cuánto se demorarían compra, demolición de edificios, siembra, restauración y construcción de pasos de fauna? Y mientras se logra ¿qué hacer con los ecosistemas desconectados, mientras al oriente el POZ se convierte en una gran obra gris? La red de vías de esta propuesta es más detallada, compleja y extensa, borrando los límites entre Bogotá, Cota y Chía de forma irreversible.

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Aunque la alcaldía afirma que el área verde es mayor que en la propuesta anterior, e incluso que el área de la actual reserva, una parte de la misma se encuentra entre la Av. Boyacá y la Autopista Norte, y se compone de colegios, conjuntos residenciales, canchas de golf y cementerios (Figura 5).

Figura 5. Izquierda: Corredores principales en la segunda propuesta (cancha de golf del club Los Arrayanes a la izquierda y aeródromo de Guaymaral a la derecha).
Derecha: ‘Áreas verdes’ de la segunda propuesta. Algunas corresponden a infraestructura preexistente. Elaboración propia con base en información pública.

El debate

La Reserva Thomas van der Hammen es fundamental para la Estructura Ecológica Principal de Bogotá, y es fruto de una planeación científica rigurosa para conectar los Humedales de La Conejera, Torca - Guaymaral, la quebrada La Salitrosa, el Bosque de Las Mercedes, el Cerro La Conejera, el Bosque de las Lechuzas, el río Bogotá y la ronda de cerros orientales. Cuenta con un plan de manejo ambiental cuyo cumplimiento obligatorio ha sido ignorado de forma sistemática por la presente alcaldía, a pesar de los llamados de comunidades y academia.

Cuando se le preguntó a Juan Camilo González, gerente de Ciudad Norte sobre este punto, argumentó que si se siguiera el plan de manejo como está planteado “esas 634 hectáreas que son de restauración podrían llegar a generar bosque, pero no tendríamos una conectividad”, por lo que la alcaldía propone los corredores verdes. Sin embargo, esto de ninguna manera reemplaza las áreas de restauración, pues como ya lo ha dicho el doctor Gary Stiles, del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, algunas especies pueden aprovechar corredores cuando se encuentran en áreas rurales, pero no los van a aprovechar en un ambiente urbanizado, por lo que con una propuesta así la conectividad se perdería. Tanto las especies como los hábitats en áreas rurales serán siempre diferentes de los que existen en áreas urbanizadas.

Además de las rutas de conectividad, hay que considerar el área continua de bosque que se necesita para hacer conservación en el largo plazo, pues la biología de la conservación ha demostrado que en una mayor área habrá mayor diversidad, y poblaciones más grandes de las especies existentes. Para lograr esto, en el plan de manejo actual de la reserva se contempla la ampliación del Bosque de las Mercedes, en donde están los últimos relictos de vegetación nativa de la parte plana de la Sabana de Bogotá.

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Para varios académicos, el plan de manejo debe seguirse como está, pues ampliar el área del Bosque de las Mercedes es lo que se necesita. “Así como está ahora, que es más ancho de lo que plantea la alcaldía, el bosque necesita auxilio, porque para tener hábitats de interior de bosque uno necesita una zona más amplia sin tanto efecto de borde: donde no entre tanta luz, aire, ni otros factores de fragmentación hasta el interior. Eso en los corredores que ellos plantean no es posible” afirma la doctora Loreta Rosselli, de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales.

Pero el debate va más allá de las afectaciones a la reserva: la alcaldía está planteando una urbanización de la densidad de Bucaramanga al norte de la ciudad, argumentando que si las familias que necesitan vivienda no se instalan en esa zona, impactarán la sabana de Bogotá. Esta postura polariza la discusión e ignora que los elementos del Borde Norte no son una imposición de “ambientalistas extremos”, sino el fruto de estudios científicos juiciosos y procesos jurídicos ya surtidos.

¿Será que esta Alcaldía ha sido acertada al planear el Borde Norte? ¿Se estarán evaluando a cabalidad los impactos ambientales que generaría esta iniciativa urbanística? Hay que encontrar un punto medio como la reserva, que, ocupando menos de un tercio del Borde Norte, garantiza balance entre conservación y expansión urbana: un POZ Norte que contemple un crecimiento incremental y sea respetuoso con el entorno. El debate debe ir mucho más allá: replantearse sobre el tipo de ciudad que queremos y sobre la participación de la sociedad en las decisiones que tome una administración.

Para saber más de este tema, visite la página del Observatorio de Conflictos Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia

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