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Se ha dicho muchas veces que el cambio climático afecta a los humanos, pero acaba de descubrirse que también afecta a quienes murieron hace varios milenios. Exactamente, hace siete mil años. Se trata de las momias chilenas de la cultura Chinchorro que, pese a ser las más antiguas del mundo, se han degradado tanto en la última década que están a punto de convertirse en una especie de lodo negro.

Estas momias pertenecen a un pueblo de pescadores de las costas chilenas y peruanas que desarrolló un sofisticado método para momificar a todos sus habitantes, incluso a los fetos que no llegaron a nacer. Dos mil antes de que los egipcios empezaran a momificar a sus faraones, a los Chinchorro les obsesionaba que los cuerpos mantuvieran su aspecto después de la muerte.   

Primero extraían el cerebro y los órganos y luego reconstruía el cuerpo con fibras naturales, llenaban el cráneo con cenizas y  un palo mantenía la columna recta atada al cráneo.  Finalmente, la momia era cubierta de una pasta, con colores que se asignan a determinadas épocas.

Hoy estas 120 momias ubicadas en el museo arqueológico de la Universidad de Tarapacá, en Arica, al norte de Chile y las increíbles técnicas funerarias de la que son testigos están en riesgo de desaparecer. Una especie de lama negra las recubre y les ha causado más deterioro en los últimos años que en los  últimos siglos. 

Para identificar la causa de este repentino deterioro, se convocó a un grupo de expertos de la Universidad de Tarapacá y se llamó a Ralph Mitchell, profesor emérito de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Harvard.

La investigación reveló que los daños en la piel de las momias tenían un origen microbiano, una bacteria ordinaria que habita en la piel de los seres vivos, prospera por la humedad y ha aumentado en la región de Arica debido al cambio climático.  

"El aire húmedo está permitiendo que la bacteria crezca, provocando que la piel de las momias se vuelva negra y gelatinosa", explicó Mitchell, quien ha identificado las causas de la decadencia en toda clase de reliquias, desde las paredes de la tumba del rey Tutankamón a los trajes espaciales de las misiones Apolo.

Estos hallazgos concluyeron que  el museo debe mantener la habitación donde se conservan las momias con una humedad artificial del 40 al 60 por ciento, pero se teme que para algunas ya sea demasiado tarde en su carrera para contrarrestar los efectos del 

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