Bill y Melinda Gates.

Aparte de ser la cabeza detrás de Microsoft, Hill Gates junto a su esposa, Melinda Gates, encabezan una de las fundaciones  más efectivas y conocidas en el mundo: la Fundación Hill y Melinda Gates, cuyo lema es simple :“si hay alguien en el mundo a quien le falte algo que nosotros podamos darle, eso es todo. Debemos hacerlo”.

Detrás de esta forma de pensamiento se esconde una fundación minuciosa que, con resultados que pueden medirse, ha llegado a los lugares más necesitados. Cada año, Bill y Melinda se unen para escribirle una carta al mundo sobre un tema social que ,para ellos y desde su experiencia en la fundación, necesite más atención.

Este año  el tema de la carta son los 3 mitos que frenan el progreso de los pobres. Que, para los Gates, son:  primero, la creencia de que los países pobres están condenados por siempre a seguir siendo pobres;  segundo, que la ayuda exterior es un despilfarro; tercero,  que salvar vidas solo contribuye a la superpoblación.

La carta está montada en un micrositio dedicado a desarrollar cada temática que incluye tablas, videos y experiencias de la fundación.

Desglosando cada mito

  • 1. Los países pobres están condenados a seguir siendo pobres

Según la carta, este mito  es aplicado a muchos países, incluidos varios de Latinoamérica, pero el lugar al que más se aplica es África.  Si se busca en Internet, incluso, los titulares aparecen por decenas, todos relacionados con lo pobres que van a seguir siendo los países pobres.

Los Gates, sin embargo, afirman que estos titulares, libros y conferencias sobre este tema están sobre valorados porque  este es un mito falso: “Lo cierto es que los ingresos y otros indicadores de bienestar humanos están aumentando en casi todos los lugares del mundo, también en África”.

Si esto es cierto, la pregunta que hacen los Gates es más que válida: ¿Por qué está tan arraigado este mito?

Para responder esta pregunta Hill Gates hace un recuento histórico desde 1960, época en que el mundo se dividía así: Estados Unidos y su aliados occidentales, la Unión Soviética y el resto de países, que eran los llamados países del tercer mundo. Por ese entonces, dice Gates, la riqueza sí parecía estar concentrada en Occidente, específicamente en Estados Unidos y sus aliados mientras que en la Unión Soviética primaba el régimen y en Latinoamérica los ingresos eran mucho menores.

Gates cuenta, también, su experiencia  al encontrarse  con esa desigualdad: en 1987 viajó con Melinda a México y la pobreza los impactó: “La mayoría de hogares no disponía de agua corriente y había personas qué debían recorrer largas distancias en bicicleta o a pie para llenar garrafas de agua. Nos acordamos de lo que habíamos visto en partes rurales de África.  El tipo que dirigía la oficina de Microsoft en la Ciudad de México mandaba a sus hijos a los Estados Unidos para que se sometieran a checos regulares, pues quería asegurarse de que no  enfermaban a causa de la contaminación”.

De 10987 a 2014, dicen los Gates, el cambio ha sido absoluto: el aire es tan limpio como el de Los Ángeles, hay rascacielos, infraestructura y educación.  Lo mismo, dicen, pasa con ciudades como Nairobi y Shanghai.


Ciudad de México en 1987, a la izquierda y Ciudad de México en 2014, a la derecha.

Ambos entiende que todavía hay  1.000 millones de personas viviendo en situación de pobreza extrema, pero también creen que no es justo pensar que los países que han sido o son pobres no puedan salir de esa realidad.

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  • 2. La ayuda exterior es un despilfarro

Para Hill y Melinda abundan las noticias que desestiman la ayuda exterior  y que, muchas veces, la hacen ver como algo minúsculo, dirigido a programas de poco impacto.  Sin embargo, Hill aclara que desde que pusieron a funcionar la fundación, hace trece años,  han visto, estando en los lugares, cómo esa ayuda sí es efectiva y trae cambios significativos.

Partiendo de la base de que no existe un programa de ayuda perfecto, Bill Gates rebate algunas creencias sobre la ayuda exterior: primero, habla del importe de la ayuda. La mayoría de las personas creen que ese importe es muy alto,  entre el 25 y el 30 por ciento, y también creen que debería ser mucho menor, entre el 10 y 5  por ciento. La realidad es que en Noruega, el país más generoso del mundo no pasa del 3 por ciento y en Estados Unidos no llega ni al 1 por ciento.  

Frente a estas cifras Gastes  se pregunta por la incidencia  global de estas inversiones y concluye que, así no sea suficiente, ayuda a millones de niños a estar saludables y, por ende, a vivir mejor y plenamente.  Para reforzar su punto muestra el siguiente cuadro que muestra  las principales causas de mortalidad infantil y los programas que las combaten:




La segunda creencia que Gates rebate es la corrupción. Dice que es común creer que gran parte de la ayuda exterior se va en casos de corrupción, pero también dice que hay tipos de corrupción a pequeña escala, como la del funcionario público que solicita gastos para un viaje falso,   que es muy difícil de erradicar, pero que no es suficiente como para dejar de intentar salvar vidas prestando ayuda.

Para poner un ejemplo concreto sobre esta creencia menciona el caso de los mosquiteros que estaban destinados a  disminuir el contagio de Sida, Tuberculosis y Malaria en Camboya y  que eran administrados por  el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria.  Se supo que algunos funcionarios, a través de este programa, aceptaron miles de millones de dólares de contratistas,  e incluso Gates fue nombrado como una de las personas cuya inversión se estaba perdiendo.

Frente a esto él dice: “Agradezco tanta preocupación, y es positivo que la prensa pida cuentas a las instituciones. Pero no fue la prensa la que destapó este montaje, sino el Fondo Mundial gracias a una auditoria interna. Al detectar y resolver el problema el Fondo hizo justo lo que tenía que hacer. Resultaría extraño exigirle que erradicara la corrupción para luego castigarlo por detectar el pequeño porcentaje al que se da un uso indebido”.

El último tema que rebate Gates es la dependencia de la ayuda porque, en muchos casos, se dice que es un asistencialismo que no deja que los países pobres se desarrollen solos.

El problema con este argumento, dice, es que no distingue entre los diferentes tipos de ayuda; no toma en cuenta los países que ya no reciben ayuda, sino que se centran en casos críticos;  y cree firmemente que nadie sabe qué inversiones ayudarán la economía de un país a corto plazo.

Él solo argumenta que  ya ha habido casos en los que la ayuda ha hecho una diferencia enorme.


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  • 3. Salvar vidas contribuye a la sobrepoblación

El tercer y último punto de la carta habla de la superpoblación que, se cree, se vuelve peor al salvar vidas.
 
Para Hill y Melinda este mito se basa en el absurdo de preocuparse más por cuántos humanos hay en el planeta  que por las condiciones de vida de esos humanos.


Para ellos la educación, el acceso a la salud y el empoderamiento de las mujeres es lo que  va a garantizar una mejor vida para las mujeres y sus familias y también un mayor crecimiento económico nacional.


Antes, Sadi no sabía qué era un anticonceptivo.

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Conclusiones

Para concluir su carta los Gates afirman que las malas noticias abundan, y que lo malo no es creérselas, sino leerlas sin un contexto.  Por eso creen que estos mitos deben explicarse y eliminarse.  

Creen que “ todos podemos contribuir a forjar un mundo donde la pobreza extrema sea la excepción y no  la norma, y donde todos los niños independientemente de su lugar de nacimiento, tengan las mismas oportunidades de desplegar su máximo potencial. Para quienes creemos en el valor de todas las vidas humanas, no existe en el mundo un proyecto más fascinante que este”.

Para ver el micrositio de la carta haga clic aquí.

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