Es una que pertenece a los ciudadanos


La búsqueda de una simbiosis entre la gente y la ciudad ha sido muy estudiada, pero la tecnología ha permitido volverla realidad. En Inglaterra, Francia y Alemania y, especialmente, en Corea del Sur los dispositivos móviles han generado la conexión perfecta: el ciudadano dispone de servicios y soluciona problemas con su celular, y la ciudad registra sus movimientos y reclamos para desarrollar políticas públicas y proyectos urbanísticos en pos de la gente.


Es una que sabe crecer

Las capitales de todo mundo crecen hoy de manera exponencial. Pero para los expertos la solución no radica en detener el crecimiento, sino en manejarlo. Densificar no basta, también es necesario administrar el proceso: definir zonas según actividades, facilitar la cercanía entre vivienda y trabajo y planificar para romper inequidades. Los populares suburbios chocan con un modelo de ciudad sostenible.

Es una ciudad limpia



Una urbe que crece verticalmente abre caminos de innovación. Contra lo esperado, Nueva York es una de las metrópolis más limpias, no solo gracias al amplio uso del metro y a la costumbre de caminar, sino porque millones de personas se desplazan varias veces al día en ascensores. París, que ya trabaja en un diseño urbano para 2050, quiere cubrir sus rascacielos con vegetación que aspire partículas contaminantes. Y en Berlín ya todo un barrio reutiliza sus aguas grises tras pasarlas por una planta de limpieza.

Es una que siempre se mueve



Una ciudad inteligente no acaba con el tráfico. Más bien lo transforma para el beneficio de la gente. En lugares como Ámsterdam, la bicicleta ha sido un factor de cambio al reducir emisiones en 10 %. Allí y en otras partes la bicicleta híbrida y las ciclorutas elevadas se han impuesto para largas distancias. Empresas ya trabajan con gobiernos en más desarrollos: caminos eléctricos para transportar peatones, automóviles eléctricos de uso público, ascensores horizontales.

No es la de las películas



Las ficciones futuristas de Hollywood no corresponden a la realidad. Una urbe innovadora y con futuro no construye, sino reutiliza; no derriba, sino revitaliza; no desgasta, sino aporta. En Alemania, la ciudad industrial de Bottrop ha logrado recortar sus emisiones en 50 %. La fórmula: vehículos eléctricos; pero, sobre todo, casas y edificios que producen energía suficiente no solo para ser autosuficientes, sino incluso para aportarle a la ciudad.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.