Barco Hospital San Raffaele.

A las 10:00 de la noche de este viernes 30 de enero el barco hospital San Raffaele saldrá por fin del muelle de Buenaventura donde llevaba 2 años detenido por no tener el dinero para pagar el alquiler del lugar de estacionamiento.

Ana Lucía López, cofundadora del  San Raffaele , ganó el Premio Cafam 2014, reconocimiento que le permitió recuperar su labor de brindar atención médica a quienes no pueden movilizarse. Después de ganar el premio López comenzó a recibir  el apoyo que necesitaba. Este fue tan grande que incluso el presidente Juan Manuel Santos la puso en contacto con el Ministerio de Protección para definir el proyecto Maternidad Segura en el litoral, con 500 millones de pesos, que permitió reactivar  los servicios que prestaba el barco en lanchas entre agosto y diciembre de 2014.

Mientras tanto el barco hospital era restaurado con la ayuda de tres empresas de la región que aportaron fondos para este objetivo. 

Una mujer con templanza

A sus 47 años, Ana Lucía López, nacida en Pradera (Valle) el  10 de noviembre de 1967, ha vivido lo que parecen cien vidas en una. Después de terminar sus estudios de primaria en la Escuela Sagrada Familia de Caloto viajó, con solo 16 años, a Santander de Quilichao donde terminó el bachillerato en el Colegio Fernández Guerra. 

Estudió secretariado bilingüe, pero en 1999 terminó su segunda carrera, economía, que cursaba en la noche para poder trabajar durante el día. Mucho después, cuando ya tenía tres hijos y había superado el reto de ser una madre soltera, se especializó en Proyectos Sociales y Cooperación Internacional y en Economía y Gestión Ambiental. 

Esta sólida preparación le dio las herramientas para convertirse en una líder que lucha por los derechos  humanos, la inclusión social y  por un nuevo concepto de salud  para toda la costa Pacífica de Colombia que, como  ha dicho en incontables ocasiones, es uno de los lugares de los que más se habla en foros, congresos y conferencias, pero a donde nadie llega.

Enfrentarse a la realidad de miles de comunidades sin vías de acceso, terrestres y marítimas, la llevó a fundar la Patrulla Social del Pacífico en 2007 y a cofundar  la Fundación Italocolombiana del Monte Tabor. Ambas iniciativas  están dedicadas a mejorar la calidad de vida  de  estas poblaciones del Pacífico.


El barco de la esperanza

Después de cinco años de recopilar documentación sobre las necesidades de estas comunidades, Ana Lucía  se embarcó en el proyecto más ambicioso y de mayor impacto que ha liderado en su vida: el Barco-hospital San Raffaele, un navío que, como su nombre lo indica,  tiene las instalaciones y equipos necesarios para viajar por  el pacífico y prestar servicios de salud de primer y segundo grado a más de 2.500 personas cada mes de las comunidades que habitan en las orillas de los ríos Naya y  San Juan y, también a familias indígenas en el río Yurumangui, Puerto Merizalde y toda la región Pacífico desde Jurado, en Chocó, hasta Salahonda, en Nariño.

San Raffaele tiene tres pisos donde se distribuyen las diferentes áreas, recibo de pacientes, atención asistencial, cabina de mando, habitaciones del personal asistencial y el personal de tripulantes, cuarto de máquinas e infraestructura de apoyo (tanques de agua, planta de tratamiento de agua, sistemas de aire y ventilación y tanques de combustible).

En estas áreas los médicos hacen cirugías, atienden pacientes en consultas  generales, odontológicas, ginecológicas pediátricas, además, los pacientes cuentan con  la posibilidad de someterse a exámenes como ecografías y de obtener medicamentos.

Ana Lucía recuerda que su primer paciente fue una mujer  en  trabajo de parto que, después de 30 minutos dio a luz a su hija en  el barco. La niña se llama Rafaela y, más que un nombre simbólico, se convirtió en la razón por la que el barco zarpa cada vez: “Cuando Rafaela nació entendí que la función de esta embarcación, antes que nada, era dar vida y salvar vidas”, dice López.



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