| 2014/12/09

Un modelo para reciclar

Una ley que le dio valor y dignidad a los recicladores en Lima podría enseñarle mucho a Bogotá. Especial #COP20

Sonia Albornoz de 41 años tiene 6 hijos a los que mantiene junto a sus esposo con el dinero que reciben por el reciclaje. El mayor tiene 24 años y va a la universidad y el menor, Fabio (en la foto) tiene apenas 1 año.
Sonia Albornoz de 41 años tiene 6 hijos a los que mantiene junto a sus esposo con el dinero que reciben por el reciclaje. El mayor tiene 24 años y va a la universidad y el menor, Fabio (en la foto) tiene apenas 1 año.

Mientras en los lustrosos salones de la Conferencia de Cambio Climático (COP20) que se lleva a cabo en Lima, delegados de todos los países del mundo intentan alcanzar un acuerdo para reducir nuestras emisiones de carbono a la atmósfera, en las afueras del efímero complejo de Naciones Unidas (instalado en una base militar), miles de personas que no saben qué es la COP están mitigando el sobreconsumo de materias primas que agobia a nuestra atmósfera. 

Sonia Albornoz se ganaba la vida hurgando en las basuras de las calles de Lima en busca de botellas, chatarra y cartón. Para encontrar su sustento tenía que escarbar entre comida descompuesta, desechos higiénicos, y otros residuos peligrosos. Su trabajo era visto con desprecio por los residentes, la policía solía perseguirla y se exponía a contraer enfermedades como tetanos y hepatitis B. Un riesgo para la salud de su esposo y sus seis hijos, el más pequeño, Fabio, de 1 año y medio.

“Ahora nos va mejor, y con nuestro nuevo trabajo nos pagamos nuestra vida y la de nuestros hijos”, dice Albornoz, de 41 años y tez quemada por el sol. Hoy luce un uniforme azul, gorra y carnet que la identifica como trabajadora de la Asociación de Recicladores del Señor de los Milagros de Miraflores, un barrio céntrico de 86 mil personas donde vive la gente más rica de la ciudad. 

Sonia hace parte de Ciudad Saludable, un proyecto que ha formalizado a recicladores del sector y que cuenta con el apoyo de la alcaldía local. Ahora, los recicladores tienen acceso a crédito gracias al cual pagan las cuotas de dos pequeños camiones que recorren el barrio recuperando los desechos que son susceptibles de tener una segunda vida.

Agremiados sus ingresos se han multiplicado. Hoy día cada reciclador puede recibir cerca de 250 soles a la semana (unos 84 dólares), casi la mitad del salario mensual mínimo del Perú (192 dólares al mes). En la informalidad, el ingreso ronda los 2 o 3 dólares al día.

En Perú, el 98 por ciento del material que se recicla viene de la recolección que hacen los recicladores informales, según datos de 2013 del Ministerio de Ambiente.

El potencial para reducir la pobreza de comunidades vulnerables en todo el continente es inmenso. En América Latina hay cerca de 4 millones de personas pobres que viven de recuperar material reciclable de botaderos y basuras en las calles, según un estudio de 2010 de la Organización Panamericana de la Salud. De ellos sólo el 10 por ciento está formalizado. Las únicas ciudades que han avanzado en la formalización de este trabajo son Lima, Minas Gerais (Brasil) y Bogotá. 

Perú importa unas 100 mil toneladas al año de resinas derivadas del petróleo para la producción de plásticos. De ellas, tan sólo el 30 por ciento se recicla. El resto inunda, sin ningún tipo de aprovechamiento, los 9 botadores que reciben toda la descarga de desechos de los 30 millones de habitantes del país; 5 de de esos botaderos están en Lima.

“Esta es una profesión moderna”, dice Genaro Durán Contreras, esposo de Sonia, también reciclador y presidente de la Asociación. “No es una profesión anticuada como ser abogado”, añade. Genaro explica que el proyecto le ha permitido dignificar su trabajo, del que ahora está orgulloso.

“Sin ellos Lima estaría hasta las narices de basura”, dijo a Semana Sostenible Albina Ruiz, fundadora de Ciudad Saludable y quien ha liderado el proyecto. Ruiz, una ingeniera industrial que nació en las selvas amazónicas del Perú, dice que se interesó por estos temas desde que emigró a la ciudad cuando tenía apenas 16 años. “Fue la primera vez que supe que existía basura en el mundo”, asegura.

Ruiz cree que el éxito de su proyecto es el resultado de muchos errores que se cometieron por el camino.

“Aprendimos que es mejor crear muchas y pequeñas asociaciones que unas pocas muy grandes”, asegura Ruiz. 

También dice que la capacitación a los recicladores en resolución de conflictos fue clave para asegurar que el trabajo en equipo fuera viable. “Pasar de trabajar en solitario y tener que competir por el sustento a un modelo de colaboración no siempre es fácil”, explica. 

En 2009, el Perú fue el primer país del mundo que pasó en el Congreso una ley nacional que reconoce el trabajo de los recicladores como un sector más de la economía. Esto ha permitido que ahora reciban capacitaciones en bioseguridad, emprendimiento, acceso a servicios de salud, licencias para crear centros de acopio y vacunación gratuita asociada a los riesgos laborales.

Tras una intensa campaña puerta a puerta, la asociación ha logrado que 30 mil residentes de Miraflores participen separando sus desechos. En vez de bolsas, la municipalidad entrega a cada familia cintas rojas con las que amarran e identifican cualquier bolsa que tenga desechos reciclables, sin importar el color de la bolsa. “Esto permite que los residentes usen las bolsas que tienen en casa”, explica Albina. En Bogotá, por ejemplo, el material reciclable debe ir en bolsas blancas, lo que implica un costo y un esfuerzo adicional para las familias que quieren ayudar a reciclar.

Sin embargo, el avance de la ley de 2009 se ha tropezado con otras regulaciones que van en contravía del reciclaje. Hoy día los recicladores están presionando al gobierno para que se levante una regulación del Ministerio de Salud sobre alimentos que prohíbe que con una botella se haga otra botella. Por esta norma, 49 mil toneladas de PET (plástico de envases) no se pueden reciclar.

Esa restricción propicia un circuito comercial lucrativo para algunos pero poco eficiente para optimizar el uso de la energía y reducir las emisiones de carbono del planeta: el material plástico que se alcanza a recuperar en Perú es vendido a China (el mayor emisor de CO2) que lo procesa y a su vez lo vende a Estados Unidos (el segundo mayor emisor de CO2), y este último lo revende al Perú en forma de nuevas botellas.

“Si logramos que se levante ese decreto, podemos deshacernos de una larga cadena de intermediarios y que nuestros recicladores reciban más dinero por el material que recuperan”, dijo Ruiz. 

El pasado jueves, aprovechando que Lima es la sede de la COP20, más de 400 recicladores salieron a barrer los Campos de Marte, una de las plazas más emblemáticas de la ciudad. El decreto para levantar esa restricción está listo pero espera la firma del presidente desde hace dos años.

“No es posible que seres humanos como usted o yo trabajen en condiciones infrahumanas para hacer algo con lo que otros tiramos a la basura”, dice Ruiz que cree que el ejemplo de Miraflores puede cambiar el manejo de las basuras en otras partes. “Lo que he visto hasta ahora es que la basura se queda donde vive la gente pobre”

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