El pasado noviembre, una investigación de Canal 1 denunció la supuesta creación de un mini relleno de basuras en pleno mercado de la Corporación de Abastos de Bogotá S.A (Corabastos). La historia lo tenía todo: un serio conflicto social en la principal central de abastos del país, una potencial amenaza medioambiental para el humedal La Vaca y el apodo de “Doña Juanita”, en relación al principal vertedero de residuos sólidos de Bogotá.

Pero, ¿qué tanto fue así ? En realidad, no se trataba de un relleno, sino de un centro provisional de clasificación de basuras. Corabastos necesitaba un lugar para separar los residuos orgánicos de los inorgánicos y cargar los camiones que salen diariamente al basurero. Mientras construían el Centro de Clasificación de Residuos (CCR), a la administración le pareció buena idea utilizar temporalmente un lote vacío, denominado Parqueadero 4. El problema es que los lixiviados permearon las lozas y se filtraron en la tierra. De estos emanaba un olor nauseabundo que afectaba a los mercados de comida que colindaban directamente con el predio.

Para los comerciantes, esa fue la gota que rebosó el vaso. “Cuando llovía el olor no se lo aguantaba nadie. Nosotros protestamos, nos quejamos con la administración y cuando no pasó nada llamamos a los periodistas. Ahí sí levantaron la basura y taparon con tierra. Cuando vinieron los del Distrito ya habían echado recebo (arena y piedra menuda usada para adecuar vías)”, dijo Pedro Romero, comerciante de Corabastos hace 45 años y representante de la bodega 16.

Al final, la presión mediática y la vigilancia de las autoridades impulsó a la administración de Corabastos a volver a su sistema anterior: clasificar los residuos frente a cada bodega, en la calle, mientras terminan el nuevo centro de clasificación. Pero esta no es la verdadera solución y la principal central de abastos del país todavía está llena de problemas que, como el olor a basura en el lote donde estuvo el supuesto Doña Juanita, son difíciles de superar.

Los comerciantes aseguran que, aunque la mayor parte de las basuras se recogen en las bodegas, todavía botan la comida ocasionalmente en el Parqueadero 4. Según cuenta Camilo Mogollón, jefe de Infraestructura y Medio Ambiente de Corabastos, se hizo “un trabajo de raspado del terreno y tratamientos con cal para generar menor impacto y que así no se generen olores”. Pero hoy todavía huele a basura en las bodegas cercanas al lote, especialmente cuando hace sol.

Por si fuera poco, en el Parqueadero 4 aún queda un tanque plástico de lixiviados completamente desbordado donde recogían los líquidos resultantes del proceso de clasificación, este material contaminante puede filtrarse fácilmente a la tierra. “A pesar de que el hueco esté recubierto de materiales impermeables, eventualmente algo puede filtrarse al suelo y contaminarlo de manera permanente. El peligro no es menor para los cuerpos de agua aledaños, tanto superficiales como subterráneos. Mientras estén esas especies de piscinas, la generación de olores va a ser mucha. Ese no es un manejo adecuado para una plaza de mercado”, dice Víctor Marulanda, doctor en Ingeniería de la Universidad de La Salle. Además, esto es particularmente preocupante porque a solo 32 metros del lugar queda el humedal La Vaca.

Por otro lado, muchos comerciantes tienen reservas sobre si se acabarán los problemas medioambientales cuando construyan el nuevo CCR. Mogollón asegura que se los están haciendo con todos los requisitos técnicos. “Es un centro de clasificación adecuado de acuerdo a la norma, con pisos impermeabilizados, puntos hidraulicos para lavado y cárcamos para lixiviados”, asegura.

Pero, lo cierto es que la forma en que empezaron la construcción ha causado mucho malestar. “El nuevo centro de clasificación lo han hecho a escondidas, sin comentarnos ni socializar nada”, dice Romero, quien incluso mandó un derecho de petición en noviembre a Corabastos solicitando los estudios y las licencias de construcción. La administración le respondió que “existen documentos de años anteriores que deben ser consultados y [...] la respuesta se estará enviando el día 02 de enero”. Pero esta nunca llegó.

Entre la espada y la pared

Y es que Corabastos está construyendo el nuevo CCR sin licencia urbanística. Desde 2007, la central de abastos luchaba contra una demanda interpuesta por la unión temporal Corapark por incumplimiento de un contrato de arrendamiento de un edificio que nunca se construyó. Según el ingeniero Mogollón, eso tenía bloqueada la elaboración del Plan de Regularización y Manejo, un instrumento de planeamiento que la normativa requiere para solicitar licencias. Este requisito apenas está en trámite en este momento y por ende, Corabastos no tiene permisos para edificar nuevas estructuras.

El problema es que el decreto 1713 de 2002 exige tener un CCR. Por eso, la Secretaría de Salud tenía amenazada a Corabastos con cerrar su operación si no se adecuaban a las exigencias normativas. Esta situación llevó a la administración de Corabastos a improvisar con el centro de clasificación temporal que hicieron en el Parqueadero 4 y a empezar la construcción del nuevo CCR sin permisos.

Quizás por eso, el comerciante Jerónimo García asegura que hoy la obra está parada. “Ellos no tienen permitido hacer el centro de acopio de basuras, pero igual lo montaron. Ahora anda todo parado. Ni avanza la obra ni resuelven nada”, dijo. La administración, por su parte, le aseguró a Semana Sostenible que el nuevo CCR entrará a operar antes de abril.

Mientras tanto, el Parqueadero 4, donde quedaba el supuesto Doña Juanita, sigue apestando, todavía lo usan para clasificar la basura de vez en cuando y el agujero donde evacuaban los lixiviados sigue lleno a rebosar. Lo más grave de todo es que, por ahora, la central de abastos más importante del país sigue sin un manejo adecuado para las 140 toneladas de basura que evacua diariamente.