Tarjeta roja a la contaminación.

Las ciudades enfrentan múltiples desafíos. “¿Cómo queremos vivir en el futuro?” Esa es la pregunta que se planteó a los representantes de urbes y municipios en la 'Conferencia Comunal de Protección del Clima', en Bonn. El encuentro fue convocado por la Alianza de Protección del Clima, que agrupa a ciudades, municipios y distritos. Fundada en 1990 -es decir, antes de la puesta en marcha de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático-, la alianza se propone desarrollar modelos sostenibles a nivel de las comunas. (Vea: ¿Qué es y qué no es una ciudad inteligente?)

Mientras en las organizaciones internacionales son los gobiernos los que buscan acuerdos para frenar el calentamiento global, los organismos comunales intentan fomentar iniciativas para reducir a nivel de base las emisiones de CO2, el despilfarro de recursos y la generación de basura.

En el año 2050, el 75% de la humanidad –el equivalente a más o menos 6.300 millones de personas- vivirá en áreas urbanas. Ya en la actualidad faltan viviendas. Falta también una imagen clara de un futuro basado en el desarrollo sostenible. En la conferencia de Bonn, los participantes compartieron sus visiones. Quedó de manifiesto, por ejemplo, que el concepto de compartir (sharing) tiene futuro. (Vea: Movilidad: la pieza central de las ciudades)

Cambio de la sociedad

Angelika Gunkel, de la ciudad de Hanau en Alemania, hizo notar que ya es hora de comenzar a poner fin a la era de lo desechable. Por eso, debe promoverse el trueque de ropa, los sistemas de cooperación para evitar el desperdicio de alimentos (como el foodsharing), los talleres de reparación de artefactos y los “escaparates abiertos”, en los que los ciudadanos puedan ofrecer artículos o llevárselos. En otro aspecto, se habló de fomentar la ampliación de las ciclovías y los sistemas de transporte público urbano.

Atrás parecen haber quedado los tiempos en que se ampliaban las calles para dar cabida a un mayor flujo de vehículos. Hoy se tiende a convertir calles en zonas peatonales y en incentivar el uso de las bicicletas. (Vea: Ciudades colombianas se rajan en calidad ambiental)

Bernd Schott, representante de la ciudad de Tubinga, también en el país teutón, indicó por su parte que hay que predicar con el ejemplo. Señaló, como botón de muestra, que el alcalde de Tubinga “no utiliza un automóvil de servicio, sino una bicicleta eléctrica”, y que la ciudad está poniendo luces LED en el alumbrado público. “Lo importante es dar credibilidad a estas medidas, de modo que la población esté dispuesta a respaldarlas”, subrayó.

Conciencia y motivación

La vecina ciudad de Esslingen también intenta motivar a sus habitantes. Katja Walter indicó que, pese a lo estrechas que son las calles del casco antiguo, se han habilitado allí ciclovías. La administración municipal, junto con organizaciones como Cáritas, ofrece también asesoría sobre cómo reducir el gasto de energía. Por precios módicos, la gente puede reemplazar aparatos antiguos, de alto consumo, por otros más modernos y ahorrativos. También existe un servicio de despacho a domicilio, que funciona con bicicletas.

Otros representantes municipales destacaron la necesidad de sensibilizar a la población sobre los objetivos en materia de protección del clima y el potencial de ahorro de energía. Consenso hubo en cuanto a que proteger el medio ambiente en una obligación a nivel comunal y resulta más económico combatir el calentamiento global que financiar a posteriori estrategias para adaptarse a él.

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