Desde el 30 de marzo a las 6:30 de la tarde ya no hay derrame de petróleo en el corregimiento de La Fortuna del municipio de Barrancabermeja. Sin embargo, y a pesar de la noticia tras un mes de tragedia, Colombia aún no sabe las verdaderas causas del desastre ambiental.

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Felipe Bayón, presidente de la empresa Ecopetrol, asegura que para tener la información concreta y exacta se necesitarán entre 2 y 4 semanas, periodo en el cual la maquinaria Snubbing Unit, traída desde Estados Unidos y que funciona bajo presión, entrará en el pozo para tomar muestras que permitan identificar qué originó el gran afloramiento de petróleo, lodo y agua a solo 220 metros del pozo Lizama 158.

La indignación de la comunidad y en general del pueblo colombiano han sido enormes. La contaminación de la quebrada La Lizama, caño Muerto y el río Sogamoso, tributario del Magdalena (el río más importante de Colombia), ha generado plantones pidiendo la renuncia de diversos funcionarios públicos, entre ellos el ministro de Ambiente Luis Gilberto Murillo. Además de protestas en contra de la petrolera colombiana a la que acusan de un “ecocidio” y de afectar la vida y el sustento económico de cientos de agricultores, ganaderos y pescadores.

Entre los peces más afectados se encuentra el bocachico, muy común en el Magdalena y sus afluentes. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).
Entre los peces más afectados se encuentra el bocachico, muy común en el Magdalena y sus afluentes. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).

Más de un mes ha pasado desde que habitantes del sector empezaron a informar de pequeñas filtraciones de petróleo. Ante la constante pregunta de la comunidad sobre qué ocurrió, Bayón dijo que “nosotros (Ecopetrol) somos los más interesados en saber qué fue lo que pasó, pero para poder tener esa información en detalle necesitamos tener acceso al pozo y tomar los registros eléctricos. Esto nos permitirá tener una caracterización de la condición del pozo y con base en eso hacer las intervenciones para sellarlo definitivamente y realizar el respectivo abandono técnico”.  Se espera que las operaciones de la maquinaria, que permitirán llegar al anhelado fin de la tragedia, comiencen a finales de esta semana. “Ya está armado el 50% del Snubbing. Una maquinaria que pesa más de 100 toneladas”, agregó Bayón.

Además de esto, Ecopetrol construirá un pozo de alivio que interceptará el pozo Lizama 158 para evitar que el crudo nuevamente salga a superficie. Sin embargo, esta medida de prevención final es aún más compleja a nivel técnico y puede tardar meses en hacerse efectiva.

La compañía petrolera asegura que el hecho de que ya sean cinco días sin nuevos brotes de petróleo es positivo para todas las labores de contingencia pero solo se estará fuera de peligro una vez que el pozo quede sellado y abandonado definitivamente. “Todavía estamos en manejo de emergencia”, enfatizó el presidente de Ecopetrol.

Un mes interminable

El pasado 2 de marzo algunos habitantes del corregimiento de La Fortuna detectaron los primeros afloramientos de crudo a solo 200 metros del hoy famoso pozo Lizama 158. A pesar de esto las autoridades ambientales no intervinieron porque Ecopetrol afirmó que tenía la situación bajo control, pero el 12 de marzo la situación se les salió de las manos y en una gran grieta, que se fue agrandando y consolidando con el pasar de los días, empezó a emanar crudo, lodo y agua a borbotones. Este escenario se prolongó hasta el 15 de marzo y fue en ese momento cuando 550 barriles de petróleo (87 443 litros equivalentes a la descarga de tres trailers llenos) llegaron hasta la quebrada la Lizama y caño Muerto. Solo en ese momento se presentó en la zona la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), encargada de hacer seguimiento ambiental a las operaciones de Ecopetrol. Esta demora ha sido duramente criticada por los grupos ambientalistas.

El crudo se extendió por 24 kilómetros en la quebrada La Lizama y el Caño Muerto. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).
El crudo se extendió por 24 kilómetros en la quebrada La Lizama y el Caño Muerto. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).

“Durante todos los días del derrame afloraron por lo menos 16 000 barriles diarios de fluidos entre crudo, lodo y agua. Lo que uno no se explica es cómo un pozo que no estaba siendo explotado desde hace más de un año, debido a que su producción había disminuido y ya no era rentable, de un momento a otro contó con una presión tal que llevó a que el petróleo saliera a superficie en una zona fuera del pozo”, comenta el senador Jorge Enrique Robledo. El hecho de que una situación como esta no haya ocurrido antes en Colombia llevó a que la tragedia fuera más difícil de controlar, ya que ni la empresa ni las autoridades ambientales estaban preparadas para algo así.

El pozo Lizama 158 estuvo en explotación entre 2006 y 2008 y llegó a producir 5000 barriles de petróleo por día, pero solo en 2015 se decidió suspender actividades en él ya que su producción bajó a solo 80 barriles. Esto lleva a nuevamente a preguntarse ¿cómo en un pozo de producción reducida de un momento a otro empezaron a aflorar fluidos con gran presión? La respuesta a esta pregunta tendrá que esperar pues el mismo Ecopetrol, más de un mes después de la tragedia, no ha comprendido qué pasó.

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Una de las hipótesis que ha cobrado más fuerza es la relacionada con la presión que las aguas de la represa Hidrosogamoso, la cual lleva menos de tres años de ser inaugurada, estarían ejerciendo en el subsuelo. Esta hidroeléctrica está ubicada a solo 16 kilómetros del pozo Lizama 158. Según la Sociedad Santandereana de Geotecnia (SSG) “la infiltración de agua y el peso del embalse podrían estar generando sobrepresiones en el agua subterránea en toda la región al oeste de la represa. De acuerdo con esta hipótesis planteada es probable que se presenten nuevos eventos de sobrepresión en los pozos cercanos”, indica un informe de la entidad.

La hipótesis de la Sociedad Santandereana de Geotecnia (SSG) es una de las que más fuerza ha tomado. Foto: Informe SSG.
La hipótesis de la Sociedad Santandereana de Geotecnia (SSG) es una de las que más fuerza ha tomado. Foto: Informe SSG.

Para Robledo esto podría tener sentido pues de cierta forma explicaría “de dónde salió la presión para que cerca de un pozo que supuestamente ya no producía crudo, surgiera entre el 12 y el 15 de marzo un chorro que alcanzó casi los 10 metros de altura”. Sin embargo, es una hipótesis que aún no se puede confirmar.

En cuanto a las sanciones contra Ecopetrol, Claudia Victoria González, directora de la Anla, le aseguró a Mongabay Latam que el 27 de marzo iniciaron el proceso sancionatorio y ya se formuló pliego de cargos contra Ecopetrol, pero dichas responsabilidades no pueden ser reveladas hasta que la empresa sea notificada. “Lo que sí puedo mencionar es que hubo una presunta responsabilidad de Ecopetrol en el derrame”, aseguró.

Otro de los temas que genera malestar en las comunidades es no saber cuándo iniciará el proceso de compensación y reparación ambiental. Según González, Ecopetrol debe presentar un plan y la Anla analiza su viabilidad y alcance con base en la evaluación de las afectaciones una vez finalice la contingencia. “Por solicitud del ministro habrá seguimiento del Ideam y del Instituto Humboldt para mostrar el avance en la restauración”, añade. Por otra parte, Ecopetrol está obligado a indemnizar a las personas reubicadas y adicionalmente, cuando finalice el proceso sancionatorio ambiental, en caso de que se determine la responsabilidad de la petrolera habrá una multa económica y unas medidas compensatorias adicionales.

¿Y las comunidades?

En debate de control político realizado el 3 de abril en el Congreso de Colombia, Felipe Bayón, presidente de Ecopetrol aseguró que se han reubicado 81 personas que vivían en 21 casas cerca de la ronda de los cuerpos de agua y que se ha brindado atención médica a 121 personas entre pobladores de la zona y personas que trabajan en la emergencia.

Entre las medidas que se han empleado para detener el derrame que afectó 24 kilómetros de recorrido en la quebrada La Lizama y Caño Muerto están: 14 puntos de control, 144 barreras mecánicas y 172 barreras oleofílicas (absorben el petróleo y permiten identificar si hubo paso de hidrocarburos). Además, hay 772 personas trabajando en la emergencia, 426 de ellas pertenecientes a las comunidades.

Ecopetrol ha dicho que las labores de contención evitaron que el petróleo llegara al río Magdalena. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).
Ecopetrol ha dicho que las labores de contención evitaron que el derrame de petróleo llegara al río Magdalena. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).

La compañía petrolera también ha informado que hasta el 31 de marzo se rescataron 1530 animales y se tiene un reporte de 2442 individuos muertos, de los cuales el 99% son peces. “Yo que vivo en la zona le digo que uno va caminando por Caño Muerto y encuentra costalados de pescados. Es increíble que nos digan que fueron apenas 2000”, le dijo Fabio Hernández, presidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento Meseta de San Rafael, uno de los lugares afectados por el derrame a Mongabay Latam.  

“Claro que  ya no hay más animales muertos, porque todos se murieron. Dicen que son 2442 animales inventariados muertos cuando nosotros que conocemos la zona sabemos que fueron muchos más. Además están los alevinos y la microfauna que habita en la arena o debajo de las raíces de los árboles. Esa microfauna es invisible e incuantificable. Las cifras de Ecopetrol son totalmente alejadas de la realidad”, aseguró Carlos Moreno, vocero del Comité prodefensa La Lizama.

De acuerdo con Moreno y Hernández, no se ha analizado el impacto de lo que implica la muerte de Caño Muerto, pues los peces desovaban en este lugar (que debe su nombre al reposo y quietud de sus aguas). Una vez nacían los peces, nadaban hacia el río Sogamoso y la ciénaga de Llanito, de ahí salía el sustento de los pescadores. “Cuando la pesca disminuya le echarán la culpa al mercurio pero nadie recordará que se debe a la muerte de Caño Muerto”, comenta Hernández.

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Los ganaderos también se han visto afectados pues cerca de 16 000 animales se quedaron sin dónde pastar, ya que debido al intenso verano que acaba de vivir la zona, los pastos de las llanuras más altas se encuentran secos. Esto ha hecho que los pobladores incurran en gastos extras para comprar alimento para el ganado. Otra de las críticas de las comunidades frente a los procesos de reubicación de Ecopetrol es que ellos son trasladados pero sus cultivos y animales tienen que quedarse en la zona y no hay quién les cuide sus tierras.

Nuevas preocupaciones

La senadora Gloria Stella Díaz manifestó su preocupación por la presunta falta de verificación sobre los pozos inactivos de la zona. “No se trata solo de Ecopetrol, yo me pregunto quién verificó por ejemplo los pozos que dejó la empresa Pacific que hoy ya no está en el país”. Además, dijo que los pozos del campo Lizama están sobre un gran complejo de humedales y sobre el Distrito de Manejo Integrado (DMI) de Yariguíes.

Existe temor de que un afloramiento de crudo como el de Lizama 158 se dé cerca de otros pozos. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).
Existe temor de que un afloramiento de crudo como el de Lizama 158 se dé cerca de otros pozos. Foto: Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ).

Esta también es una preocupación para Carlos Moreno, vocero del Comité prodefensa La Lizama. “Tenemos muchas inquietudes sobre lo que pueda suceder en los campos petroleros de Lizama porque se está entregando el campo en exploración a una multinacional y la licencia está a punto de ser otorgada”, aseguró a Mongabay Latam.

Así mismo, dice que las comunidades que él representa hacen un llamado a Ecopetrol para que les diga cómo es el negocio con la compañía canadiense a la que presuntamente le quieren licenciar 59 pozos y le piden al ministro de Ambiente que les cuente dónde está la licencia de operación para el campo Lizama que se explota sobre dos ecosistemas protegidos: el DMI de los Yariguíes y el de San Silvestre.

Sin embargo, el tema con estas áreas de protección es más complejo de lo que parece. Claudia Victoria González, directora de la Anla, aseguró que el campo Lizama comenzó su operación en la década de los 60  y ese proyecto es anterior a la ley que creó la figura de licencia ambiental. Es por eso que cuentan con un Plan de Manejo Ambiental al que se le hace seguimiento. “Eso significa que el seguimiento ambiental a la operación está a cargo de la Anla. Lo que se ha hecho es excluir los sitios de explotación de las zonas de protección y claramente, sobre los lugares ya protegidos nunca podrá haber un nuevo pozo para explotar”.

A pesar de toda la nueva polémica que se ha generado tras el desastre ambiental, lo cierto es que la solución puntual y final para el derrame cerca del pozo 158 aún no llega. Ecopetrol aceptó su responsabilidad y se comprometió a trabajar en todas las acciones futuras de compensación y restauración. “Lamentamos lo sucedido y ofrecemos disculpas públicas. Estamos comprometidos con solucionar esta emergencia que ha causado rabia y tristeza entre los colombianos”, dijo Felipe Bayón, presidente de la compañía petrolera.

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A pesar de todos las acciones de mitigación de la compañía petrolera y mientras el sellamiento y abandono técnico del pozo llega, el ministro de Ambiente Luis Gilberto Murillo, sigue preocupado por esta situación que también le han acarreado duras críticas a su gestión y acaba de enviar una carta al director ejecutivo de medioambiente de Naciones Unidas, Erik Solheim en la que “amablemente solicitamos la ayuda de expertos de Naciones Unidas que nos puedan brindar asesoría técnica para la recuperación de las áreas afectadas”. A la tragedia ambiental del pozo Lizama 158 todavía le queda un largo camino por recorrer y habrá que esperar para tener datos totales de la afectación de fauna y flora que permitan tomar medidas acertadas para su recuperación.