Siri Hustvedt es esposa del también escritor Paul Auster.

Semana Sostenible: En El mundo deslumbrante usted dice que “todas las creaciones intelectuales y artísticas, incluso las bromas, las ironías o las parodias, tienen mejor recepción en la mente de las masas cuando estas saben que, en algún lugar detrás de una gran obra o de un gran engaño, se encuentra una polla y un par de pelotas”. ¿Por qué cree que esto sucede en un mundo donde la igualdad de género es, en teoría, cada vez más una realidad?

Siri Hustvedt: Yo no vivo en un mundo en el que las mujeres tengan el mismo poder que los hombres, ¿ustedes sí? Si se fijan en los líderes de Estado, de las corporaciones, de instituciones financieras y culturales e, incluso, en individuos que son políticos, chefs, escritores, artistas, músicos y deportistas que han alcanzado prominencia en el mundo, hay menos mujeres que hombres. En algunos lugares del mundo hay más equidad que en otros. En Noruega, Suecia, Dinamarca e Islandia las mujeres tienen más oportunidades que sus pares en Arabia Saudita, pero eso no quiere decir que estos países más desarrollados hayan alcanzado niveles ideales de equidad. 

S.S.: El personaje principal de este libro, Harriet Burden, está tan abrumada por la misoginia cultural que la rodea que persuade a tres amigos hombres para que muestren sus obras de arte como si fueran de ellos. ¿Cree que las mujeres todavía viven este tipo de situaciones en el mundo del arte?

S.H.: Quisiera enfatizar que aunque Harriet Burden está interesada en exponer el sexismo del mundo del arte, su uso de estos tres hombres como máscaras es mucho más que un montaje o un truco feminista. Ella siente curiosidad sobre cómo funciona la percepción humana y cómo cada contexto determina lo que vemos. La primera línea del libro, que ustedes citaron en su primera pregunta, se refiere a este dilema (y también es muy irónica). ¿Por qué una pieza de arte con un nombre masculino atado a ella es mejor recibida que una con un nombre femenino? Creo que esto se debe a que, en casi todas las culturas, la masculinidad es valorada más que la feminidad, porque en Occidente lo masculino es símbolo de lo difícil, lo riguroso y lo razonable en oposición a lo suave, laxo y emocional que simboliza lo femenino. 

S.S.: ¿Cree que las revistas, la televisión y en general todo lo que construye el imaginario colectivo ha afectado la forma en que las mujeres se relacionan y se comunican? 

S.H.: Me atrevo a decir que en  gran medida los medios buscan satisfacer lo que consideran que el público quiere y cree. También es importante entender que muchas mujeres sienten prejuicios hacia las mujeres. El sexismo no se limita a los hombres y no se limita al mundo del arte. Casi todo el discurso de los medios masivos se basa y vuelve a los mismos estereotipos. Ahora, es demasiado simplista culpar a la televisión, las revistas o a Internet de la devaluación de la mujer. De hecho, la televisión en Estados Unidos está llena de mujeres abogadas, jueces, presidentes de empresa y detectives. Lo que pasa es que hay menos mujeres en estas posiciones en el mundo real que en la televisión. 

S.S.: En varias entrevistas ha dicho que mientras lo masculino se asocia con el intelecto y la cultura, lo femenino se asocia con el cuerpo y la naturaleza. ¿Por qué se generan estas asociaciones y cómo refuerzan el machismo?

S.H.: En la cultura Occidental, las mujeres han sido identificadas con el cuerpo, las pasiones y la naturaleza, y los hombres con el intelecto y la razón desde los griegos. La desconfianza en los sentidos de Platón, que luego fue compartida por Descartes, posicionó al hombre como el sujeto universal y a las mujeres, como decía Simone de Beauvoir, como el cuerpo. Si el pensamiento y la razón son entendidas como actividades masculinas, es fácil entender por qué las mujeres han sido marginadas y porqué sus logros son subvalorados o ignorados. No creo que el pensamiento y la razón se puedan separar del cuerpo. El pensamiento se encarna en la acción. La mente no existe en una esfera alejada del cuerpo y creo que la resignificación del cuerpo en espacios como el de la fenomenología y otras ciencias cognitivas nos pueden ayudar a repensar el dualismo mente/cuerpo-masculino/femenino. 

S.S.: ¿Son las manifestaciones emocionales en el arte y la literatura tratadas condescendientemente cuando vienen de una mujer y como si vinieran de un genio cuando vienen de un hombre?

S.H.: Por supuesto que sí. Cuando una mujer es brillante, muchas veces sucede que las personas a su alrededor le dan el crédito al hombre más cercano... padre, esposo, compañero de trabajo. Hay miles de ejemplos de trabajos de mujeres que fueron atribuidos a hombres, porque fueron vistos como demasiado buenos o inteligentes para provenir de una mujer. Ser un genio no es entendido como un atributo femenino. Tomemos como ejemplo un caso contemporáneo. En una entrevista reciente la maravillosa música Bjørk dijo “después de ser la única mujer de diferentes bandas por diez años aprendí que si quería que mis ideas fueran escuchadas tendría que pretender que ellos, los hombres, eran quienes habían tenido esas ideas”. 

Lo mismo me sucede a mí. Aunque he publicado ensayos en publicaciones académicas y científicas sobre neurociencia, psicoanálisis, psiquiatría y filosofía, he dado conferencias por todo el mundo, fui nombrada como catedrática en la escuela médica Weil de la Universidad de Cornell en Nueva York, me sorprendo con frecuencia por preguntas que me hacen periodistas que asumen que mis ideas han venido, de una u otra manera, de mi marido, Paul Auster, una persona que nunca ha leído, enseñado o escrito sobre estas ideas en su vida. 

S.S.: ¿Cree que para que las mujeres sean tenidas en cuenta y no despreciadas, como le pasa a Harriet, deben ser más inconvenientes no solo en los espacios del arte, sino de la política, la academia, la familia y en general en todos los espacios de la sociedad?

S.H.: Frente a estas situaciones de desprecio de las mujeres y lo que hacemos solo podemos reírnos. Pero debemos hacerlo de tal manera que se tan fuerte y tan largo que seamos oídas. Es hora de exponer estas estupideces por lo que son: malos chistes. La risa es una fuerza subversiva. Debemos tener algo de humor con el machismo y mostrar lo ridículo que es, en el arte al menos. Porque situaciones como las de niñas que no pueden ir al colegio, la ablación o la esclavitud sexual no tienen nada de graciosos. Muchas mujeres y hombres no se llaman a sí mismos feministas por miedo a ser ridiculizados. Pero el momento ha llegado de volver al ridículo, de hacer que quienes denigran una obra de arte o un logro intelectual por ser de una mujer se sientan ridículos. 

S.S.: Aunque los países de Oriente Medio tienen las cifras más altas de violencia contra la mujer, los países occidentales están viendo cómo sus cifras crecen en esta materia. ¿Cómo detener este fenómeno?

S.H.: La única manera de detener esto es volviéndolo culturalmente inaceptable. Es volver a quienes atacan a las mujeres seres inhumanos, estúpidos y vergonzosos. Cuando hacerle daño a una mujer sea visto no solo como un acto “malo”, sino bajo, débil y patético, entonces estaremos en el camino correcto.  

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