Los países en desarrollo son los blancos principales del cambio climático. Por su falta de infraestructura y recursos son más vulnerables a sequías e inundaciones. Además, no tienen planes de contingencia ni acciones preventivas para emergencias. Pensando en esto, científicos e inventores han planteado medidas que sean sencillas y más económicas, para que las comunidades las apliquen en sus territorios.

Desalinización por energía eólica

Esta es una idea criolla del ingeniero Juan Carlos Borrero, quien buscaba disminuir los costos para convertir el agua del mar en potable. La solución la encontró en el viento. Un complejo con dos molinos usa energía eólica para extraer de pozos el agua salina y luego pasarla por una serie de filtros que la limpien.

Ya hay cuatro funcionando en La Guajira, y Borrero tiene un contrato con el Gobierno para poner en marcha 40 más. A pesar de que tiene un costo inicial de un poco más de 100 millones de pesos, después de instalado no requiere mayor inversión. Igual es muchísimo menos de los 1.000 millones que cuesta una desalinizadora tradicional. Se estima que el sistema tiene una vida útil de 15 años.

Cimientos flotantes

Esta innovación lleva al siguiente nivel la elevación de las casas en zonas de alto riesgo de inundación. No sólo las bases están elevadas sino que la casa misma flota, de manera que si los niveles del agua continúan avanzando, aún más allá de la altura del muelle al que se ancla, no se inundará.

Esta es también una idea colombiana, que se aplicó en una escuela en la Ciénaga de Magdalena. Es un poco más cara que la construcción de una estructura típica, pero significa el ahorro a futuro por daños de inundación. Las técnicas de construcción son simples y pueden desarrollarse con mano de obra local, razón por la cual hay mucho interés en replicar este modelo arquitectónico.

Agricultura de ‘camellones’

En Bolivia decidieron adaptar una antigua técnica de culturas pre-incas para protegerse de la inestabilidad climática. Ante la doble amenaza para los campesinos   -sequías en las que no tenían cómo regar sus cultivos y lluvías que los inundan- encontraron cómo continuar sembrando en ambas situaciones. Desplazan grandes cantidades de tierra para que quede un plano elevado que está rodeado de un canal de agua.

En sequías, el canal está a su mínimo nivel pero suministra el agua necesaria para el riego. En lluvias intensas, la elevación previene la inundación del cultivo. Es una técnica que solo aplica en terrenos en su mayoría llanos, que implica una inversión de unos diez millones por acre y puede salvar de la pérdida total a muchas cosechas.

                    

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