Aunque queda claro que la equidad de género busca bienestar para la totalidad de la humanidad, los movimientos pendulares del feminismo parecen haber resultado en que la mujer tiene más presión que nunca por hacerlo todo. Vale preguntarse si el nuevo feminismo exige lo imposible.

Incoherente. Miles, millones de mujeres creerían que ser la portada de la revista ELLE, publicación especializada en belleza, celebridades y estilo de vida, después de haber pronunciado ante Naciones Unidas uno de los discursos más poderosos en pro del feminismo en los últimos años, es una total falta de coherencia. Sin embargo, este nuevo feminismo parece ser el resultado de los movimientos pendulares del empoderamiento femenino de los últimos años. ¿Desde cuándo defender los derechos de las mujeres debe hacerse desde la línea dogmática de las feministas tradicionales? Así lo explica Emma Watson, actriz y protagonista de la portada sobre feminismo de ELLE en Reino Unido. Watson dejó claro en su discurso ante Naciones Unidas, que el feminismo requiere del hombre para poder alcanzar la paridad y no hay por qué satanizar las diversas formas de reconocerse como mujer. 

Como lo dijo Hillary Clinton en la IV Conferencia de Mujeres de Naciones Unidas en Beijing hace 19 años, “tenemos que respetar las decisiones que cada mujer hace para ella […] pero debemos garantizar que pueda desarrollar su potencial”. 

Beyonce lo demostró de manera contundente en los premios MTV del 2014. En el punto culminante de la presentación que reconocía su trayectoria profesional, estaba la reina del pop, semidesnuda, altamente sexualizada, frente a un enorme letrero en luces que leía FEMINISTA. Al terminar su presentación, la madre y esposa, recibió su reconocimiento de manos de su esposo, megaempresario musical, y su hija Blue Ivy. El mensaje es claro: ahora las mujeres sí podemos tenerlo todo. Pero, ¿es esta meta realista para los otros miles de millones de mujeres que no somos Beyonce?  

El informe sobre equidad de género realizado por el Banco Mundial en 2012 muestra grandes avances en materia de equidad de género y algunas recomendaciones para romper la “trampa de la igualdad”. Está demostrado, por ejemplo, que las mujeres invierten la mayoría de sus salarios en salud y educación para sus familias. (Vea: La campaña visibiliza los malos tratos que no se ven)

Girl Rising, una iniciativa mundial dedicada a evidenciar porqué es fundamental educar a las niñas, señala que cuando un país aumenta al menos diez por ciento del número de niñas que van al colegio, el Producto Interno Bruto (PIB) crece al menos tres puntos. Como lo señaló Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014, “para hacerme poderosa solo necesito una cosa: educación”.

Sin embargo, la realidad es desalentadora. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en el estudio de equidad y género, pasarán al menos 81 años para que se alcance la paridad. Por su parte, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD–, en diferentes informes, señala los avances y retrasos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos en el año 2000 en esta materia. El mensaje de Hermione y Queen Bee no parece haber llegado a los –las– millones de pobres del mundo en desarrollo.

El objetivo de mejorar la salud materna, reduciendo tres cuartas partes de la mortalidad de mujeres embarazadas, ha tenido excelentes avances. Sin embargo, Cincuenta millones de niños y niñas nacen sin atención especializada anualmente, lo que pone en grave riesgo la salud de la mujer. Cuatro millones de madres mueren al año por no recibir atención adecuada.

Colombia no se queda atrás. En la última medición del Gender Equality Index (GEI) o Indicador de Igualdad de Género desarrollado por la OCDE, Colombia pasó del puesto 18 al 26 y en el informe sobre la Brecha Global de Género 2013 del World Economic Forum se evidencia que el país saltó del puesto 22 al 35 en siete años. 

La píldora anticonceptiva y la llegada de las mujeres al mercado laboral hicieron creer a la cultura occidental que la mujer podía hacer todo y que era el momento de “alcanzar” al hombre. Las cifras, no obstante, demuestran otra cosa. Hay una generación de mujeres que creyó tener la libertad para hacer de todo, pero al mismo tiempo debe mantener los estereotipos de una mujer tradicional. ¿No es demasiado? ¿Cómo romper la brecha?

Anne Marie Slaughter lo dice muy claramente en su ya famoso artículo “Por Qué Las Mujeres Aún No Pueden Tenerlo Todo” en The Atlantic: “La idea de que las mujeres pueden tener carreras de mucho poder, mientras sus esposos o parejas estén dispuestos a compartir las tareas de la paternidad equitativamente (o desproporcionadamente) asume que la mayoría de las mujeres se van a sentir tan cómodas como los hombres estando lejos de sus hijos, mientras su pareja está en casa con ellos. En mi experiencia, ese simplemente no es el caso”.

Sally Hasler, quien trabajó muchos años en el gobierno australiano y formó parte de The Women’s Foundation, una ONG que trabaja en pro de los derechos de las mujeres en Hong Kong, este año dio un discurso ante 1.250 mujeres jóvenes en Johannesburgo durante One Young World Summit, afirmando que la equidad de género requería soluciones innovadoras: “Por muchos años las mujeres han tratado de solucionar este problema por sí mismas: han trabajado más fuerte, han querido balancear el tiempo que pasan en su casa y la satisfacción del hogar con el éxito profesional, se han sobrecalificado, pero el problema sigue ahí. Mi mensaje para las jóvenes líderes es que dejen de trabajar ellas solas y empiecen a hacerlo con los hombres”.

Las grandes y más poderosas empresas del mundo y de Colombia –Bancolombia, Ecopetrol, Grupo Aval, Nutresa, entre muchas otras gigantes– son dirigidas por el género masculino. Son ellos quienes, en la práctica, tienen el poder de cambiar la cultura de sus empresas frente a la forma cómo se ve a la mujer en su interior. Además, lograr avances en este campo se convierte en un factor de competitividad. Estimaciones del FMI señalan que 27 por ciento del PIB per cápita se pierde en las naciones debido a la desigualdad de género en el mercado laboral. 

En este sentido, propone Hasler, primero hay que educar a los presidentes de estas compañías sobre las implicaciones que tiene para el negocio la igualdad, convencerlos de dejar de lado el modelo tradicional para abrir espacios de participación para las mujeres y cambiar la idea de que una mujer en licencia de maternidad es igual a tiempo perdido. Lo mismo sucede con las parejas de las mujeres empoderadas: entender cuáles son las expectativas realistas sobre su labor dentro y fuera de la casa, requiere de un largo proceso de ensayo y error. 

“Mientras más hablé sobre feminismo más me di cuenta que luchar por los derechos de las mujeres a menudo es sinónimo de odio hacia los hombres. Esto debe terminar”, dijo Watson en su discurso. Si durante cerca de 60 años las mujeres han luchado solas para reclamar sus derechos y aun así la realidad demuestra que poco se ha avanzado, es hora de cambiar el rumbo. Sin que los hombres internalicen los beneficios de los avances de las mujeres, no hay sociedad, ni individua, que aguante.

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