| 2015/09/04

La solidaridad se ahoga en el mar

Este año aumentó un 40% la cifra de inmigrantes que cruzan el Mar Mediterráneo respecto al 2014, huyendo de guerras, injusticia y miseria. Se estima que cerca de 3.000 personas han perdido la vida.

Cerca de un centenar de personas que huían de la guerra en Siria y el África Subsahariana murieron ahogadas en el Mediterráneo al hundirse frente a las costas libias dos embarcaciones en las que trataban de llegar a Europa. 28 de agosto de 2015. Cortesía: SEMANA/EFE
Cerca de un centenar de personas que huían de la guerra en Siria y el África Subsahariana murieron ahogadas en el Mediterráneo al hundirse frente a las costas libias dos embarcaciones en las que trataban de llegar a Europa. 28 de agosto de 2015. Cortesía: SEMANA/EFE

El mar Mediterráneo, el mare nostrum, cuna de la cultura occidental se está transformando en el mar de la vergüenza con la muerte de cientos de personas que buscan una solidaridad que se ahoga con cada vida que se pierde, ante una Europa que se cierra cada día más, que se convierte en la “Europa fortaleza”, que cierra sus fronteras, eleva las alambradas y mira para otro lado.

Mientras los grandes líderes están ocupados organizando supuestas estrategias para paliar las crisis de sus países, el eco de miles de libaneses, sirios, palestinos y africanos no tienen suficiente fuerza. Miles de cuerpos inertes llegan a costas Europeas ante la impasividad de un pueblo preocupado por solventar crisis propias.

Desde hace años, se incita a través de campañas políticas y medios de comunicación al individualismo, al consumismo inmedible y a las preocupaciones únicamente momentáneas, para posteriormente pasar a temas triviales de más fácil digestión. (Vea: La foto que encarna el drama de los migrantes que van a Europa)

Es necesario compartir imágenes espeluznantes para que al menos, por un momento, sintamos que la responsabilidad de no tener un mundo más equitativo es de todos.

De acuerdo con las cifras de la Organización Internacional para la Migración, más de 332.000 migrantes han cruzado el Mar Mediterráneo en lo que va del 2015 para alcanzar tierras europeas, de las cuales, casi 3.000 personas han perdido la vida. A esto se le suman los 200 inmigrantes desaparecidos por naufragios.

Las imágenes de cuerpos flotando sin vida, de personas desesperadas luchando contra alambradas de espino, de campos de refugiados sin las mínimas condiciones de vida son algo tan cotidiano que amenazan con la insensibilidad de la “normalidad”.

La orilla sur del mediterráneo cada día parece alejarse más de la orilla norte, los países más “desarrollados” no solo están blindando sus fronteras, también blindan su memoria, la de su propio pasado de guerras y migración cuando buscaron refugio en todas partes incluido este otro lado del Atlántico, pero resulta evidente que “aquellos pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla”, como diría Jorge Santayana.

La vieja Europa debe encontrar una alternativa a esta crisis humana de magnitud escalofriante, no solo por solidaridad, no solo porque es el deber de todo ser humano defender el derecho a la vida, sino también porque está labrando su propio futuro y las alambradas de los países europeos no son una “defensa del peligro externo” son sobre todo la jaula en la que habita la miseria humana.

Cada día se producen más gestos de solidaridad que pugnan por dar una respuesta humanitaria, ojalá venzan todas las barreras y veamos pronto una política de la Unión Europea que haga honor a la historia cultural labrada en ambas riberas del mediterráneo.

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