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AFP

Más de ocho millones de toneladas de plástico son tiradas a los océanos cada año, y cada vez aumenta más la preocupación por el legado tóxico que estos productos derivados del petróleo dejan sobre la salud humana y el medio ambiente.

La mayoría del plástico puede permanecer cientos de años en el ambiente, pese a los esfuerzos de reciclaje, es por ello que los científicos están buscando mejores maneras de eliminarlo. 

Científicos de la Universidad de Portsmouth y del laboratorio nacional de energía renovable del Departamento de Energía de Estados Unidos decidieron enfocarse en una bacteria que se da naturalmente y que fue descubierta unos años atrás en Japón.

Investigadores japoneses creen que la bacteria evolucionó muy recientemente en un centro de reciclaje de basura, ya que los plásticos se inventaron apenas en la década de 1940.

Conocida como Ideonella sakaiensis, esta bacteria parece comer exclusivamente un tipo de plástico conocido como Tereftalato de polietileno (PET), que se utiliza principalmente para botellas de plástico.

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El objetivo de los investigadores era entender cómo trabaja una de sus enzimas - llamada PETase -, para poder descubrir su estructura. 

"Pero terminaron yendo un paso más allá y accidentalmente diseñaron una enzimaque era incluso mejor en descomponer el plástico de PET", dijo el reporte publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, una revista estadounidense revisada por pares.

Usando un rayo X súper poderoso, 10.000 millones de veces más brillante que el sol, fueron capaces de hacer una ultra resolución tridimensional del modelo de la enzima. 

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Científicos de la Universidad de South Florida y la Universidad de Campinas, en Brasil, hicieron modelos computarizados que mostraron otra enzima similar al PETase, conocida como cutinase, que se encuentra en hongos y bacterias.

Los investigadores dicen que están trabajando hacia el mejoramiento de la enzima, con la esperanza de eventualmente poderla producir de manera industrial para la desintegración del plásticos.

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"La serendipia frecuentemente juega un papel importante en la investigación científica básica, y nuestro descubrimiento aquí no es la excepción", dijo el autor del estudio John McGeehan, profesor en la Escuela de Ciencias Biológicas en Portsmouth.

"Aunque la mejora es modesta, este inesperado descubrimiento sugiere que hay lugar para mejorar estas enzimas, aproximándonos a una solución para reciclar la cantidad cada vez mayor de plásticos que se desechan", indicó.