| 2016/08/31

“Si algún día nos encuentran nos van a matar”

El argentino Luis Montes lleva más de cinco años viviendo en Irak y conoce de primera mano el drama de los refugiados. Le contó a Semana Sostenible cómo los intereses políticos y económicos no permiten superar una guerra de más de 13 años.

“Si algún día nos encuentran nos van a matar”

Luis Esteban Montes es un sacerdote católico y misionero del Instituto del Verbo Encarnado. Desde hace 20 años vive en Medio Oriente y asegura que la tragedia que viven miles de cristianos y católicos en Irak es peor de lo que se piensa. Un promedio de 20 bombas al día en Bagdad y más de 1.500.000 personas asesinadas o refugiadas dan cuenta del horror que se vive en ese país.

Semana Sostenible: ¿Qué lo llevó a Irak?

Luis Montes: En 1996 cuando estaba a punto de ordenarme como sacerdote faltaba un misionero en Medio Oriente y yo me ofrecí. Pasé a Jordania, luego a Egipto y después me preguntaron si quería ir a Irak, porque sabían el cariño que le tenía al pueblo iraquí.

S.S.: ¿De dónde surgió ese cariño?

L.M.: Supongo que surgió porque yo estaba en Jordania cuando comenzó la guerra de 2003 y me impresionó mucho el sufrimiento del pueblo. En diciembre del 2010 llegué a Bagdad y ahí duré 5 años. Luego me trasladaron al norte, a Erbil, que es la capital de la región autónoma kurda. Si dependiera de mí, me quedaría en Irak toda la vida.

S.S.: ¿Cómo es la vida allá?

L.M.: Es importante distinguir que Irak está dividido en tres zonas: La primera es toda la provincia de Anbar y la ciudad de Mozul, donde está el Estado Islámico. Ahí no hay cristianos, todos huyeron o los mataron. Es una vida de infierno, se mata gente por cualquier cosa. Por ejemplo, hace tres meses mataron a un joven musulmán por escuchar música occidental.

La segunda región es Bagdad y las provincias del sur. Ahí está el gobierno pero no logra traer seguridad. La capital es una ciudad con muchos atentados, pueden llegar a 100 en un mes y eso ocurre desde hace 13 años.

La tercera zona es el Kurdistán que está muy cerca del Estado Islámico, pero allí prácticamente no hay atentados. Los kurdos se dan el lujo de rechazar a cualquier persona que parezca sospechosa y de esa manera probablemente han cometido injusticias con gente inocente, pero lo cierto es que al no dejarlos entrar evitan el terrorismo.

S.S.: En medio de tanta guerra, ¿cuáles cree que son las principales necesidades del país?

L.M.: En Irak la temperatura normalmente supera los 50 grados todos los veranos pero para esa época solo hay cuatro o cinco horas de electricidad, lo que hace dificilísima la vida. Los aires acondicionados funcionan pocas horas. Nosotros sufrimos la incomodidad pero para ancianos y bebés eso implica casi la muerte. Cualquier cosa que usted piense que no funciona bien en Colombia, en Irak es peor, nada, ni lo que tildamos como normal funciona.  

S.S.: ¿Cómo se protege usted del Estado Islámico?

L.M.: Nosotros no nos protegemos. Si algún día nos encuentran en Bagdad nos van a matar. Lo que ocurre es que Estado Islámico tiene su propio modo de operar y objetivos más importantes que nosotros.  

Recuerdo una bomba hace tres años, muy cerquita de la iglesia. Reventaron todos los vidrios del obispado y destruyeron el mercado donde comprábamos las verduras. En frente había una escuela primaria, los niños pararon sus juegos durante 10 minutos y luego siguieron como si no hubiera pasado nada.

S.S.: ¿Cómo ha sido trabajar con refugiados, qué tan difícil resulta ayudarlos?

L.M.: Son más de 100.000 cristianos que han perdido todo. Van dos años desde que se tomaron sus pueblos y no parece que se vayan a recuperar. Nuestra presencia es muy agradecida porque llegamos en un momento en que todos se van del país.

Nosotros trabajamos con los niños, para que recuperen su integridad psicológica luego de ver cosas que no deberían haber visto a su edad. Eso requiere tiempo, trabajo y dinero.

Otra función nuestra allá es conseguir fondos para reestablecer condiciones de vida. Por ejemplo, fui invitado a Colombia por la Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, que apoya a los hospitales en Medio Oriente. Además, en Facebook creamos una página que se llama ‘Amigos de Irak’ para que la gente conozca lo que está pasando, deje sus mensajes de apoyo y haga donaciones.

S.S.: Hay una labor gigante con los refugiados, ¿pero cómo está el tema de la inmigración?

L.M.: Al principio de la guerra en Siria migró mucha gente al norte de Irak, pero desde que entró Estado Islámico acá, ya no viene nadie. De Irak salen todo el tiempo, todas las semanas yo firmaba infinidad de certificados de bautismo, papel que les pedían al solicitar las visas. El 80% de la gente de mi parroquia ya se fue o está esperando que les lleguen las visas. Otros se van a Jordania o a Turquía y viven en condiciones infrahumanas. Lo peor es que a muchos tampoco les va bien afuera, porque no se adaptan.

S.S.: Usted que conoce la historia de primera mano, ¿por qué el Estado Islámico se tomóa  Irak?

L.M.: El gobierno de Nuri Al Malik tenía castigadas algunas ciudades de la provincia de Anbar y Estado Islámico se la toma porque son sunitas como ellos. En Anbar estaban armados y podían haber impedido la entrada del Estado Islámico pero estaban tan cansados con el gobierno que terminaron permitiénsolo. La represión era terrible, había ciudades a las que el gobierno dejaba hasta ocho meses sin electricidad, muchas personas murieron.

Ese odio en el país es el que hace que persista la guerra desde 2003. Mientras el país no se una ni deje de ser experimento de extranjeros, no se va a recuperar.

S.S.: ¿Cómo se vive la libertad religiosa en Medio Oriente?

L.M.: Jordania es uno de los países más amigables para el cristianismo. El rey ha logrado poner gobernadores de mente abierta y esto ha permitido una mayor libertad de culto, más no religiosa; porque si un musulmán se vuelve cristiano lo matan.

Irak era como Jordania, musulmanes y cristianos podían convivir, pero la invasión dejó un caos. En Siria era todavía mejor, pero la guerra está destruyendo todo eso. En muchos de esos casos la diferencia está en la intervención de potencias de afuera. Se decide la vida de miles de personas a miles de kilómetros de distancia y se hace sufrir muchísimo al pueblo.

S.S.: ¿Qué pasaría si acaban con todos los cristianos de Irak?

L.M.: Es algo catastrófico porque implicaría la pérdida de una cultura. Los cristianos allá hablan arameo, la lengua de Jesucristo y eso se va a perder porque en el exterior no tendrán oportunidades de estudiarlo y con los pueblos dispersos se dejará de usar. Sin embargo, lo más importante es que se le daría la razón a los terroristas de que la convivencia no es posible.

El perdón y la misericordia se acabarían en esas tierras porque esos conceptos no existen en el Islam. Esas sociedades se van a volver mucho más violentas.

S.S.: ¿Por qué se llegó a este punto y por qué no cesa la persecución?

L.M.: El problema está en los conflictos entre dos ramas del Islam: los chiitas y los sunitas. Si a eso se le suma que no existe el perdón, cando a usted le cometen un acto de violencia, está obligado a responder con la misma moneda. Ojo por ojo, diente por diente, bomba por bomba, muerte por muerte.

S.S.: Entonces, ¿es una lucha netamente religiosa?

L.M.: Es una lucha religiosa y política, porque el Islam no separa estos dos conceptos.  Dentro de su cosmología hay un rechazo a los cristianos por sus creencias. El Islam niega la redención de Cristo y la trinidad. Nosotros para ellos somos politeístas, somos infieles. Ellos consideran que el mundo se divide en dos: la tierra del Islam y la tierra de la guerra (la que hay que conquistar para el Islam).

Cuando Estado Islámico toma una ciudad lo primero que hace es derribar las cruces y destruir los cementerios. Después continúan con las otras religiones y finalmente con los musulmanes que no piensan como ellos. La meta es imponer su visión de vida a todo el mundo.

S.S.: ¿Ve usted alguna esperanza para esta tragedia?

L.M.: La solución no es tan complicada. Los grupos terroristas han recibido financiación desde el principio y eso nunca se ha investigado. Eso de que los islamistas se solventaron solo con secuestros extorsivos, es mentira, un chiste de mal gusto. Han recibido dinero directamente de Arabia Saudita y de Catar.

Hay que dejar de enviar armas a los rebeldes moderados sirios, porque no hay rebeldes moderados sirios. Esas armas terminan en manos de los peores terroristas.

Esta guerra continúa por interés en petróleo, armas y estrategia geopolítica. Si una fuerza internacional cercara al Estado Islámico esta guerra acabaría en dos meses, el problema es que Estados Unidos e Irán no quieren trabajar juntos. Las guerras de Siria e Irak son para evitar que Irán se fortalezca, por eso derrotar al Estado Islámico sería un error estratégico.

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