Josefina Klinger

Este jueves se entregó el Premio Cafam a la Mujer en su edición número 27. El premio reconoce la labor social que las mujeres colombianas llevan a cabo en sus regiones. Este año fueron elegidas embajadoras de 22 departamentos.

Josefina Klinger fue la ganadora de este año, quien recibió el premio de manos de la primera dama, María Clemencia Rodríguez de Santos. El jurado para la edición de este año estuvo conformado por María López Castaño, creadora de la Fundación Semana y directora de Sostenibilidad de Publicaciones Semana; la abogada María Luisa Mesa Zuleta; María Teresa Peresson de Riaño, una de las pioneras del Premio Cafam a la Mujer; el exsenador y periodista Juan Lozano, y el padre jesuita Joaquín Sánchez García.

La guardiana de Utría


"A nosotros nos determina el espíritu y el valor agregado es la negrura"

El 24 de mayo de 1964 nació en Nuquí Josefina Klinger, hija de Alonso Klinger de Iscuandé, Nariño y Narcisa Zúñiga del Baudó. Su infancia transcurrió entre varios lugares: Nuquí, Panguí, Bahía Solano y Quibdó. En todos esos lugares un sentimiento persistió: el del abandono que, como ella dice, “me acompañó por muchos años”.

A los siete la llevaron a Quibdó a vivir con su madrastra y los hijos de su padre. Estudió en la escuela María Montessori, pero por falta de recursos su madrastra decidió sacarla del colegio. Sin embargo, gracias a su buen rendimiento académico y su talento para el canto las directivas del colegio la apoyaron y la inscribieron en un evento de canto con otros colegios que ganó y le permitió tener el dinero para útiles y uniformes. 

“Fue una época muy complicada, esto me hizo pensar que todo era muy difícil para mí y que mi destino se labraría ganando todo con mucho esfuerzo.”, dice Klinger. Poco esperaba ella que ese esfuerzo diera como fruto una idea que busca convertir el ecoturismo en una plataforma de desarrollo sostenible para esta región, una de las más olvidadas del país. 

En 2006, cuarenta y dos años después de su nacimiento, Josefina Klinger fundó la Corporación 'Mano Cambiada'. Su nombre es un tributo a una práctica ancestral en la que los hombres y las mujeres del pacífico intercambiaban servicios o ‘cambiaban de mano’. Y eso, justamente, es lo que hace esta corporación: desde el ecoturismo pescadores, artesanos, transportadores, posaderos, restauranteros, guías y visitantes "cambian mano" con un único fin: ofrecer una experiencia cinco estrellas que genere un desarrollo sostenible para la región.


Aparte de Mano Cambiada Klinger ideó la marca 'Nuquí Pacífico es otro mundo', y desde ahí articuló tres organizaciones sociales: la Corporación comunitaria 'Los Termales', el grupo de ecoguías de Coquí y el Consejo Comunitario de Jovi. 'Mano Cambiada' opera los servicios que todos ofrecen y desde Bogotá promociona ante Colombio y el mundo este destino único, hecho, como ella dice “para espíritus listos, capaces de vivir esta experiencia”.

Tal vez el gran logro de Josefina es persistir. Redirigió sus esfuerzos a que las autoridades entendieran que el turismo puede ser una fuente de ingresos y una forma de combatir la pobreza. “Para territorios como el nuestro, con muchas necesidades básicas insatisfechas, el turismo sí es una opción de desarrollo”, afirma. 

Fue gracias a esta visión que Parques Nacionales Naturales de Colombia le entregó a 'Mano Cambiada' la administración de los servicios turísticos de la Ensenada de Utría, responsabilidad que la Corporación maneja hasta el día de hoy. Pero esto no es todo. Con el objetivo de motivar a los niños y jóvenes de Utría y del Pacífico colombiano a que se enamoren de la región Klinger creó el Festival de la migración, una fiesta donde los más pequeños son testigos del nacimiento de los ballenatos y del vuelo de las aves peregrinas.

Más adelante, Kilinger vio que su trabajo en Nuquí era importante, pero que debía ampliarlo. Por eso decidió llevar su trabajo a Quibdó y allí comenzó a replicar su modelo de ecoturismo comunitario en una ciudad que, como ella lo dice, “está pasando por un momento complejo”. Ella cree firmemente que Quibdó puede convertirse en el destino turístico de enlace dentro del departamento. Fue así como llegó a montar la oficina de 'Mano Cambiada' en Quibdó y emprendió una nueva fase de su vida entre Nuquí y Quibdó

Una vida para construir

Klinger es categórica al afirmar que nada de esto lo podría hacer sola. Su hijo mayor, Luis Alonso Palacios, lidera, junto con un grupo de jóvenes la operación de servicio en el Parque de Utría, su segundo hijo, Sergio Alberto Palacios, atiende Satena en Nuquí y el tercero, José Andrés Palacios, vive con ella en Quibdó. A este núcleo familiar se suman las miles de personas que conforman 'Mano Cambiada'. 

La vida de esta mujer fuerte, sin embargo, no ha sido fácil. A los 17 años quedó embarazada, se escapó de su casa y se fue a Medellín a vivir con una madre de la que ya no recordaba ni el rostro. A los 18 nació su primer hijo del cual tuvo que encargarse sola. Ese mismo año retomó sus estudios que había abandonado en décimo de bachillerato, pero al regresar el padre de su hijo se fue con él a Puerto Berrío donde terminó su bachillerato y quedó embarazada de su segundo hijo. 

Dos años después dejó al padre de sus hijos y se regresó a Quibdó. Allí se desempeñó por tres meses como aseadora en un banco. Luego, una amiga le propuso irse a Nuquí, pero ella se negó rotundamente por considerar el último lugar donde debían crecer sus hijos. Sin embargo, tuvo la idea de buscar un turista que le diera trabajo con empleada doméstica. Con eso en mente se fue a Nuquí en mayo de 1988. Allí terminó trabajando como despachadora de una farmacia lo que le dio estabilidad, pero no le quitó el sueño de irse a vivir a una ciudad. 

Ese mismo año le proponen un negocio: dirigir una farmacia. Ella acepta, pero cada día se preocupa más por su comunidad: “me preocupaban especialmente los docentes que pasaban el día borrachos sin dar clase a los niños. Las calles descuidadas y sucias. La falta de liderazgo y la opresión a las mujeres. Entonces sin darme cuenta me apasiono y me involucro de tal manera que descubro que me mueve más lo social, que cuidar y trabajar en un negocio donde me capitalizaría de forma individual, solo beneficiaría a mi familia en medio de tantas necesidades”. 

Gracias a este descubrimiento Klinger se vuelve vocera de los pleitos hacia los profesores y sale elegida como concejal de Nuquí para el periodo 92-94. En ese momento nace su tercer hijo y ella deja a su segunda pareja a los dos años.

Con sus sueños hechos pedazos, desiste de la política y se va para Medellín donde a finales de 1994 la Fundación BIC, hoy Bancolombia, la contacta para participar del proyecto 'Jurubirá comunidad modelo' que dotó de toda la infraestructura física a la comunidad convirtiéndola en la única población en el Chocó con todos los servicios básicos necesarios para más de 600 habitantes. 

Después de esto Josefina da otro paso hacia la política y al ver la poca voluntad comunitaria decide trabajar para construirla. Estudia administración de empresas turísticas y se retira en el primer semestre porque le diagnostican tuberculosis cerebral. Este momento la marca y decide volver a Nuquí donde comienza a trabajar con los jóvenes y los niños hasta que en 2005 se ve obligada a irse a Bogotá debido a una crisis económica. Un año después, de la contribución de 12 socios nace 'Mano Cambiada'. 

Hoy, aparte de entregarle todo a este proyecto, Klinger está montando una granja sostenible en Quibdó para “seguir en contacto con la selva, mientras vuelvo a Utría y que está proyectada para atender turistas”. Dice que la gente cercana a ella se preocupa por su vejez porque sienten que no tiene ningún respaldo económico y que le ha dedicado su vida a la región. Pero ella no desiste y sabe que escogió lo más importante: “yo me preocupé más por ser feliz haciendo lo que me gusta y disfrutando cada segundo”.

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