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Ya casi todo ha sido cosechado. Solo hay una que otra verdura que aún queda por recoger, como una calabaza demasiado grande. “Nadie se ha atrevido a llevársela”, dice la señora Pfeiffer, quien ha salido a caminar con su perro pequeño.”Espero poder robar unas uvas”, dice mientras guiña el ojo y empuja su andador.

"¡No listas para la cosecha!" informa el letrero a las personas.

A lo largo de la antigua muralla de la ciudad de Andernach hay árboles de frutos exóticos, tanto de membrillo como de caqui, al igual que las clásicas habas, fresas y compañía. Unos metros adelante hay un letrero que indica “no listas para la cosecha” entre una col y unos rábanos. “No hemos tenido ningún problema de vandalismo desde que reemplazamos todo por cultivos”, dice Karl Werf del la Oficina de Asistencia Juvenil de la ciudad de Andernach y coorganizador del proyecto “Ciudad Comestible”. La única dificultad ha sido que algunas personas recogen la cosecha antes de haya madurado lo suficiente. (Vea: El hombre que transforma los rayos del sol en arte)

Pizca bienvenida

El verde de las uvas bajo el sol invita a cualquiera a comérselas en unas pocas semanas. “Con nuestra iniciativa Ciudad Comestible' hemos dado en el blanco. La gente quiere ser parte del movimiento y están más que dispuestos a escarbar en la tierra”. Ya sea un terreno baldío, una glorieta o un pedacito de tierra, todo es usado para los cultivos.


Frutas y verduras a la orden

Tanto acelgas como col no solo adornan las áreas verdes de la ciudad a orillas del rio Rin, sino que mejoran también el nivel ecológico de la ciudad. Los ciudadanos cosechan lo que la ciudad siembra. “Ya me he llevado lechuga y rábanos a casa”, dice una mujer que disfruta su almuerzo sentada en una banca soleada entre los huertos. También hay una madre paseando con su bebé a lo largo de la acera y un hombre con su perro. Todos ellos creen que la idea de aprovechar las áreas verdes es excelente. (Vea: Árboles de 50 metros que generan electricidad)

Una ayuda al turismo

El interés por Andernach es enorme. Karl Werf pasea a equipos de reporteros y delegaciones internacionales por las calles para incrementar el interés por la jardinería urbana. Ya fuera del centro de la ciudad hay un área adicional donde se cultivan frutas y verduras para el comercio. Está área sirve como jardín de enseñanza y modelo para la “permacultura” que es la arquitectura sostenible en sistemas agrícolas.

Un letrero indíca que hay una habitación disponible. El turísmo ha incrementado.

El concepto atrae a los turistas. “Vinimos especialmente a ver la idea de la ‘ciudad comestible' en Andernach”, dice una pareja. “Estamos muy interesados en las plantas comestibles, nuestro jardín está lleno de ellas. En nuestro jardín no tenemos rosas, sino cardos y col”. Mientras siguen su paseo por las huertas de la ciudad. (Vea: ¿Cuál será el material de los próximos Lego?)

Dar y recibir

Ciertamente los huertos necesitan mucha atención y cuidados, pero todo forma parte del proyecto. En medio de los huertos hay hombres que se encargan de que todo marche bien con la tierra. El proyecto tiene aun otro aspecto social: solicitantes de asilo y desempleados trabajan la tierra mientras esperan regresar a la vida laboral. Es otra parte sostenible e integral de esta iniciativa, explica Karl Werf.

Los huertos tienen algo para todos los gustos

“Me gusta mucho trabajar aquí, una vez más tengo una rutina regular a diario”, dijo un empleado que desea permanecer anónimo ya que aun le es incómodo hablar de su desempleo. Pero para él lo importante es sentirse útil y poder servir a la comunidad que lo ayudó durante sus problemas financieros. (Vea: El increíble cruce de una familia de patos en una autopista de EE. UU.)

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