De izquierda a derecha: Otty Patiño, Vera Grabe, Fernando Hernández, Álvaro Villarraga y Enrique Flores.

Las cifras de la realidad del país son aterradoras. De acuerdo a la Unidad de Víctimas, a inicios de 2014 se elevaban a más de seis millones las personas afectadas por los actores de la guerra; gobierno, guerrillas, paramilitares y todas sus transformaciones.

Cinco millones de estas personas han sido desplazadas; más de cien mil amenazadas y alrededor de cuatro mil han sido víctimas de violencia sexual.

Por supuesto, cabe aclarar que estos son registros tomados desde 1984. En el caso de los delitos sexuales, algunas Ongs estiman que las víctimas suman más de cuarenta mil, muchas de ellas niños y niñas. 

Ante este panorama y con la posibilidad de firmar un acuerdo de paz con las Farc, se hace absolutamente necesario hablar sobre la vida después del conflicto y todos sus escenarios.

Vera Grabe fue una de las fundadoras del M-19. Esta guerrilla, a mediados de los años ochenta, se tomó el Palacio de Justicia en uno de los hechos de violencia de mayor impacto en el país. La desmovilización de esta insurgencia es quizá el caso más exitoso de reinserción en Colombia.

Hoy, Grabe, antropóloga de ascendencia alemana, senadora de 1990 a 1994  y candidata a Doctora en Estudios de Paz de la Universidad de Granada es una prueba fehaciente de la necesidad de abrir espacios políticos de participación a todas las posiciones.

Ella y cuatro compañeros que también hicieron parte de la guerra en carne propia, comparten sus testimonios para demostrar que la historia se repara con mucho tiempo y no en los cortos y rígidos plazos que plantean algunas voces de la opinión pública y la ciudadanía.

“La paz no tiene un libreto hecho…a mí me asusta un poco esa mirada de fracaso que se cierne sobre los procesos de conciliación” dice Grabe, una firme creyente de que la guerra es una “trampa deslegitimada”.

Tanto ella como su compañero Otty Patiño, también co-fundador de esta guerrilla, plantean un tema importante en la construcción de paz, siendo este el de la participación política de los ciudadanos.

“En las pasadas elecciones solo votó un 30% de la población” dice Patiño con preocupación mientras explica que estos procesos no se pueden plantear solo como “ejercicios académicos”.

“La falta de participación ciudadana se ve reflejada en los acuerdos, hay una inconciencia total del poder” continúa Patiño. Para él uno de los grandes problemas para lograr la paz radica en la riqueza que se produce en la marginalidad, proveniente del narcotráfico y del abandono regional.

Para los también desmovilizados Álvaro Villarraga del Ejército Popular de Liberación (Epl)  y Enrique Flores del Partido Revolucionario de los Trabajadores (Prt), los acuerdos deben llevar a una transformación del poder político, sobre todo en el caso de las estructuras locales en su opinión  socavadas por la precariedad de las instituciones.

En este último punto, los panelistas compartieron la opinión de que el abandono regional fue y continúa siendo uno de los principales factores del inicio de la insurgencia, además de un refuerzo de la concentración de poder político.

Villarraga agrega que las garantías políticas que no tuvieron tan plenamente los partidos anteriormente mencionados, son un punto trascendental en un futuro acuerdo con las Farc.

Esta conversación tuvo lugar en el  marco de la socialización del proyecto de investigación “Evitando recaídas en el conflicto a través de acuerdos políticos incluyentes y construcción de Estado, luego de conflictos armados internos” del Cinep/Programa por la Paz. 

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