Maria López.

Esta semana se publicó el Libro de Oro de la Mujer en Colombia en su versión 2014, en él se distingue a las 23 galardonadas en la versión número 26 del Premio Cafám a la Mujer. 

La directora de Semana Sostenible, María López Castaño, fue uno de los jurados del premio y además fue la encargada de escribir el prólogo en el que se exalta la labor de estas mujeres y que es un preámbulo a los perfiles que reseña el libro de oro.

A continuación reproducimos el texto:

Las Inquebrantables

La mujer colombiana es inquebrantable. Pertenecemos a un país en el que nuestras mujeres se han convertido en la espina dorsal de nuestra sociedad. Y no es para menos, somos más del 50 por ciento de la población colombiana. El 32 por ciento de nuestras mujeres son jefas de hogar y de este porcentaje, el 76 por ciento son solteras, separadas o viudas.

Resulta sorprendente esta cifra, pero es la realidad del país en el que vivimos en donde las mujeres colombianas han vivido la guerra en carne propia, y son ellas quienes se han convertido en el territorio más cruel del conflicto armado. 

Si miramos la realidad de la mujer en Colombia las cifras más contundentes son: 46  por ciento del total de casos de desaparición forzada son de mujeres así como 47  por ciento de los casos de homicidio y 51 por ciento del total de desplazados. Además, 3.968 mujeres son agredidas cada mes. A esto se suma la inequidad no solo en temas laborales, sino políticos: para el periodo 2010-2014 el porcentaje de mujeres en el senado aumentó 4 por ciento respecto a las elecciones pasadas.  En la Cámara de Representantes aumentó un 2 por ciento. Esto es un comienzo, claro, pero insuficiente.

Lo que quiero mostrar con todo esto es que es difícil ser mujer en nuestro país. Sin embargo, es tal vez esta adversidad a la que nos enfrentamos la que hace de la mujer colombiana una mujer valiente, protectora, emprendedora, resiliente y berraca.

Porque así como somos vulnerables también somos el centro de nuestros hogares y de la movilidad social y laboral del país. Somos las mujeres colombianas quienes desde nuestro amor y sabiduría como madres, hermanas, hijas y trabajadoras, pero también desde nuestra posición como transgresoras y militantes hemos participado desde hace tiempo en la creación de procesos y organizaciones que luchan y piensan en pro de una mejor vida, de un mejor país.

Hay un dicho que afirma que las mujeres construyen la paz. Prueba de esto son las 192 candidatas que fueron postuladas al 26º Premio Cafam a la Mujer y que son adelantadas todas a su tiempo y a su realidad y que cumplen a cabalidad con el eslogan que se usó para buscarlas: “Mujeres constructoras de equidad social”.

Estas mujeres, a quienes tuve el placer y el honor de conocer de primera mano, hacen parte de las más de 4.200 que han sido postuladas en la historia de este premio que busca exaltar a las mujeres de todas las regiones del país que de forma silenciosa, pero con coraje y compromiso, desarrollan programas y obras en beneficio de sectores vulnerables de la población. 

La ganadora de este año, Ana Lucía López, fue escogida  por el jurado entre 23 finalistas de manera unánime porque a sus 47 años sigue demostrando que ser mujer y madre soltera no es un impedimento para ser todo lo que se sueña ser e incluso para permitirle a otros soñar con ser algo mejor. Con su barco-hospital, el San Raffaele,  esta economista del Valle del Cauca ha logrado llevarle servicios de salud  de primera calidad a uno de los lugares que, en sus propias palabras, es de los que más se habla en foros, congresos y conferencias, pero a donde en la práctica nadie llega: el pacífico colombiano. 

Con esta meta como guía ha atendido a más de 2.500 personas de las comunidades que habitan en las orillas de los ríos cada mes. Su primer paciente fue una mujer en trabajo de parto que después de 30 minutos dio a luz a su hija, Rafaela, en el barco. Este nombre, esta niña, dijo Ana Lucía al recibir el premio, se convirtió en la insignia de su existencia: “Cuando Rafaela nació entendí que la función de esta embarcación, antes que nada, era dar y salvar vidas”. Sin embargo, este ingenioso gesto de innovación social lleva encallado en el puerto de Buenaventura un poco más de dos años y pronto, con este reconocimiento y el esfuerzo de una mujer incansable, volverá a zarpar. 

Esta misma función, la de ser gestoras de lugares donde se reafirma la vida, la cumplen Ana Helena Vega de Camargo y Teresa Jacanamejoy, ganadoras del segundo y tercer puesto del premio. Ana Helena o Naná, como le dicen quienes la conocen, trabaja en Cúcuta y lidera, desde 1966 el Instituto del Niño Retardado Mental donde ha desarrollado programas inéditos para la reinserción de niños que padecen de retraso. Teresa, por su parte, nació en la comunidad indígena Kamentsa y  ha trabajó toda su vida como líder social hasta que en 2004 logró crear un modelo de negocios que le permite a ella y a 285 personas más vivir del cultivo de plantas aromáticas y medicinales. Así, se mantienen gracias a una práctica que conserva sus tradiciones, su cultura y su dignidad. Y finalmente, Maria Cristina Jaramillo de Arrázola, a quien le fue entregada la mención de honor, quien hace 29 años creó la Fundación Hogar Integral que se dedica a una labor social destacable en los cinturones de miseria de nuestra capital.

Conocer a las 23 mujeres Cafam fue una experiencia realmente inspiradora para todos los jurados. Es muestra fehaciente de la calidad y compromiso de la mujer colombiana y de que cada una de ellas está transformando su entorno y dejando una huella positiva en su comunidad. Son ellas quienes ponen los cimientos para el país que estamos construyendo entre todos. 

Este libro cuenta la historia de estas mujeres. Las que fueron postuladas al premio y que, como Ana lucía, Ana Helena, Teresa y Ana Cristina, han inventado sin tener modelos y han aprendido a usar su educación, sus vivencias, sus tradiciones, sus alegrías  e incluso sus miedos como  arma, como lienzo, como espacios que se vuelven antítesis de la guerra, de la pobreza, de la inequidad. Sus historias muestran de cerca la vida de nuestro país y por eso es tan importante que cada año este premio se de a la tarea de encontrarlas y contarlas.  Ellas son, además, pruebas vivientes de que tenía razón Soledad Acosta de Samper, tal vez la escritora colombiana más antigua y visionaria que ha tenido el país, al decir que “En la mano de la mujer se encuentra toda la esperanza de la regeneración de nuestra sociedad”.

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