De izquierda a derecha: Ernesto Guhl; Manuel Rodríguez; María Adelaida Farah; Jairo Cifuentes, secretario general de la Universidad Javeriana; Margarita Marino, exdirectora del Inderena; Jorge Humberto Peláez, rector de la Universidad Javeriana y Julio Carrizosa.

El año pasado el mundo recibió con agrado el Laudato Si, la segunda encíclica del papa Francisco. En ella, el sumo pontífice resalta el valor del planeta Tierra, refiriéndose a él como la casa común y su texto, lleno de reflexiones, sorprendió por el gran énfasis que hizo en torno a la defensa de la naturaleza, la vida animal y las reformas energéticas. Francisco realizó una fuerte crítica al consumismo y alertó sobre la necesidad de combatir la degradación ambiental y el cambio climático. Además, pronunció frases tan polémicas como: “La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” y “necesitamos una revolución valiente”.

En su carta, de casi 200 páginas, el papa deja muchos temas sobre la mesa que merecen ser analizados. Por eso, la Universidad Javeriana realizó en Bogotá un simposio para divulgar y facilitar la comprensión del documento enmarcándolo en la problemática mundial actual, con énfasis en la coyuntura colombiana y en la forma en que las ideas expresadas aportan a la construcción de la paz y de un nuevo país.

¿Cómo educar para el reconocimiento de la complejidad y en una ética sobre el cuidado de la casa común?, ¿cómo trasformar el pensamiento de los tomadores de decisiones hacia la comprensión del desarrollo sostenible integral? Estas son algunas de las preguntas que abordaron algunos académicos y ambientalistas reconocidos del país y que Semana Sostenible presenta a continuación.

Manuel Rodríguez/ Exministro de Ambiente y profesor de la Universidad de los Andes.

“Laudato Si del papa Francisco es un gran regalo para la humanidad: con el fin de  evitar una coalición catastrófica de la economía global y el medioambiente, la humanidad necesita urgentemente cambiar la trayectoria y funcionamiento de la economía global”.

Esta calificación de la encíclica  por parte  del economista Jeffrey Sachs ha sido poco común entre los gurús de la economía y los líderes políticos y de los negocios del mundo. No es extraño pues  que en décadas ningún líder mundial había efectuado una crítica tan tajante y cruda sobre el actual desarrollo económico y social del mundo y sobre sus dirigentes.

Laudato Si rechaza la economía de mercado contemporánea desde las perspectivas ética y científica. Por un lado, es una economía que se basa en el incremento del consumo de la sociedad como un todo y de cada uno de los individuos.  Según el papa Francisco, la actual idolatría del consumo (comprar y tirar en el espiral de la obsolescencia programada), conduce a una degradación de la dignidad humana puesto que  restringe sustancialmente la posibilidad de que se detonen los potenciales esenciales de hombres y mujeres como individuos y como colectivo social: su desarrollo cultural, estético y espiritual, el goce por la naturaleza, y la solidaridad con sus congéneres, sin la cual no es factible erradicar la pobreza y la exclusión.

Por otro lado, el crecimiento económico indefinido, atado al consumismo, es una de las causas  fundamentales de la actual transgresión de los límites impuestos por la naturaleza al desarrollo. En la encíclica se señala que no es dable confiar en la economía de mercado de hoy y en los posibles desarrollos de la tecnología como medios para superar la profunda crisis socioambiental.

Francisco concluye: “La política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana”.

Julio Carrizosa Umaña / Miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

La ética necesaria para construir el “nuevo estilo de vida “ nace en la encíclica desde sus primeras palabras y las formas que debería adoptar la educación para consolidar esta ética se detallan en el último capítulo, titulado ‘Educación y Espiritualidad Ecológica’.

Las palabras fundamentales de esta ética son el amor social, la sobriedad, la humildad, el crecimiento sano, la solidaridad, la convivencia, el sacrificio, la bondad, la belleza, la responsabilidad, la compasión,  el cuidado. Palabras que pueden conducir  a la unión  del clamor de la tierra con el  clamor de los pobres en uno solo, en  un gran llamado a la modificación de la vida hacia un “amor fraterno que solo puede ser gratuito” y a una “redefinición del progreso”.

Pensando en la situación actual de Colombia se nota la multitud de contradicciones entre la ética que propone la encíclica y la que se expande diariamente en nuestro país, guiada principalmente por el egoísmo colectivo y el consumismo compulsivo que denuncia Francisco. Ojalá podamos construir una nueva  educación que  consolide  la “propia dignidad” tan necesaria en estos días.

La conversión ecológica que propone el papa lleva  al creyente a “desarrollar su creatividad y su entusiasmo, para resolver los dramas del mundo”. Esa es la invitación que estábamos esperando los que desde hace muchos años sufrimos las tragedias colombianas. Ojalá su difusión ayude en las circunstancias actuales.

Ernesto Guhl Nannetti / Exviceministro de Medioambiente. Asesor y profesor del Idea de la Universidad Nacional

La crisis ecológica es parte de una más amplia, que afecta todas las facetas de la actividad humana y  exige un tratamiento integral. Así lo establece la encíclica Laudato Si al señalar que “hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración”.

La degradación socioambiental es consecuencia de un modelo basado en la ambición y el consumismo que debe cambiarse para lograr un planeta sostenible. Lo que se ha  buscado no es  la sostenibilidad del desarrollo, sino el crecimiento del capital a nivel global, con base en nuevas tecnologías y formas de poder, creando una sociedad cada vez más desigual y materialista. Una sociedad donde el éxito y la felicidad se confunden con el consumo y la satisfacción individual sin límites, mientras se ignoran las facetas éticas, sociales y ecológicas que implican el desarrollo sostenible. América Latina se ha plegado a este modelo con la agricultura extensiva y las grandes explotaciones mineras y de hidrocarburos, que demandan la maquinaria insaciable del capitalismo global desregulado.

Transformar la relación con la naturaleza y con nuestros prójimos exige desinstalar valores y  mentalidades, así como deconstruir formas de vivir atractivas pero insostenibles. Laudato Si sugiere una ruta clara para lograrlo, con su propuesta de ecología integral y las pautas para ponerla en práctica. 

Aprovechando experiencias latinoamericanas, como la Pachamama y el Buen Vivir, recomendó retomar y actualizar formas de desarrollo más cercanas al biocentrismo, ligadas a la naturaleza, al territorio y la vida cotidiana. Nos invitó a dejar  de ser simples consumidores y convertirnos en habitantes de la maravillosa y delicada casa común, en la que viajamos por el espacio con todos los seres con que compartimos la Tierra. 

María Adelaida Farah Quijano / Decana de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana

¿Cómo educar para el reconocimiento de la complejidad y en una ética sobre el cuidado de la casa común? ¿Cómo trasformar el pensamiento de los tomadores de decisiones hacia la comprensión del desarrollo sostenible integral? ¿Cuáles serían los elementos fundamentales que permitirían crear una propuesta de nueva sociedad? ¿Puede hacerse coherente la política económica y el desarrollo social y ambiental en Colombia?

La visión sistémica que el papa Francisco expone sobre el medioambiente y la ecología integral, nos permite encontrar respuestas a estas preguntas al decirnos que “todo está íntimamente relacionado”, que “todo está conectado” y que cuando se habla del medioambiente “se indica particularmente una relación que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita”. La encíclica nos ofrece una inspiración y sabiduría renovadas para el quehacer diario.

En el caso de la Universidad Javeriana, la política ecológica y ambiental, promulgada a finales de 2015, tiene una perspectiva de ecología humana e integral y busca incidir en el fortalecimiento de una cultura del cuidado de nuestra casa común. El simposio ha nutrido los procesos de reflexión y puesta en acción de estrategias y actividades universitarias que contribuyan a una cultura ecológica y ambiental, ética y sostenible, que se traduzca en acciones coherentes dentro y fuera de la universidad, de tal manera que llegue a convertirse en un sello distintivo de la institución, de sus estudiantes y egresados. En este mismo sentido, se necesita formar líderes que marquen caminos con perspectiva de ecología integral, y que a su vez formen y sensibilicen personas que sean los líderes que demanda el papa en la encíclica.

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