Definitivamente los driles son únicos. Con machos que llegan a pesar hasta 50 kilos, son unos de los monos más grandes, sólo superados en su tamaño por su pariente cercano, el mandril.

Se creyó que estaban extinguidos en la década de los ochenta, pero siguen siendo unos de los primates en mayor peligro de extinción y raros de África. No obstante, de algún modo, el número de ejemplares se ha recuperado y ahora se pueden encontrar numerosos y complejos grupos en la espesa selva tropical del suroeste de Camerún y el sureste de Nigeria y en la isla de Bioko en Guinea Ecuatorial.

Liza Gadsby ha dedicado una gran parte de su carrera y de su vida a conocer y amar los driles. Desde hace 30 años, ella y su marido Peter Jenkins gestionan la fundación Pandrillus.

Su proyecto principal es el “rancho de driles”, un centro de cría en cautividad y de rehabilitación que está dividido en dos sitios. Las oficinas centrales del grupo están en la ciudad de Calabar en Nigeria, que también alberga una enfermería para chimpancés en peligro de extinción.

Antes de llegar aquí, los driles huérfanos o rescatados se mantienen en cuarentena en el santuario de fauna en la montaña de Alfi. La fundación también ayuda a gestionar el Centro de Naturaleza Limbe, en la frontera con Camerún, hogar de otros primates amenazados.

¿Qué es un dril?

En principio, Gadsby y Jenkins llegaron a Nigeria en 1988 para ver gorilas. No obstante, después aprendieron más sobre los driles y pronto éstos se convirtieron en una labor de amor para ambos. Este amor se ha prolongado casi tres décadas.

Cuando habló con DW, Gadsby se encontraba preparando un viaje con Jenkins al bosque para visitar la montaña Alfi, un refugio de naturaleza que cubre una extensión de 98 kilómetros cuadrados de bosque denso. El área lejana aún es el hogar de driles y chimpancés salvajes.

“Nadie sabía nada sobre ellos, habían sido ignorados por la ciencia”, dice Gadsby. Por este motivo, en 1989, se pusieron a investigar en todas las áreas donde los driles podrían vivir y algunas de las áreas fuera de ellas, para ver su alcance. Así, encontraron cerca de 12 bosques diferentes, tres de ellos en Nigeria y el resto en Camerún. Sin embargo, el área total es tan solo de 35.000 kilómetros cuadrados, una superficie más pequeña que Suiza.

“Probablemente tienen el rango más pequeño de cualquier especie de primates en África”, dijo Gadsby.

La reducción del hábitat

Christos Astaras, un zoólogo de la Universidad de Oxford, estudió las poblaciones de driles en Camerún durante más de 10 años, particularmente los del famoso Parque Nacional de Korup. Dice que aunque últimamente lo que mata a un primate es un disparo, el desarrollo deja muchas más áreas forestales abiertas a la invasión y destruye el hábitat.

Según los datos de las Naciones Unidas, Nigeria, por ejemplo, perdió cerca del 80 por ciento de sus bosques naturales entre 1990 y 2005. Si se siguen destruyendo bosques, los ecologistas como Gadsby no ven ninguna oportunidad para los driles.

El trabajo de toda la vida

Después de trabajar en Nigeria durante 30 años, Gadsby dice que se necesita un equilibrio entre el desarrollo y la conservación de las especies.

“Tenemos que proteger todas esas áreas que han sido identificadas como importantes hábitats para la fauna y para la seguridad medioambiental”, dice.

Esto es particularmente importante porque los driles no les van bien en los zoos, debido a la endogamia entre la población en cautiverio a nivel internacional, estimada en 60 ejemplares.

A pesar de todos los retos, la historia de amor de Gadsby y su marido con estos monos escasos no muestra ninguna señal de deterioro. “¿Por qué los driles son geniales? Solo tienes mirar a uno para encontrar la respuesta a esta pregunta”, dice.

“Son fabulosamente hermosos y carismáticos”, piensa Gadsby. Ellos no solo están en peligro de extinción, si no que además son únicos taxonómicamente y en eso hay solo otro miembro de su género, añadió.

“Esto hace siempre a un animal más interesante y de mayor valor, desde un punto de vista de la biodiversidad”.

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